martes, 27 de diciembre de 2022

La familia Grande 104a. entrega

“El arsenal que habían acumulado, se encontraba
en puntos estratégicos”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Unos golpes en la puerta interrumpieron su plática, pero quedaron de informar de sus planes al grupo una vez que estuvieran a salvo. Ruth asomó la cabeza y aunque se mostró intrigada por lo que allí sucedía, se limitó a decirles que Jacinto había vuelto con noticias sobre lo que pasaba en la ciudad. No se veía del todo alterado, sin embargo, tampoco demostraba su característica tranquilidad. “En la red escuchamos que tres grupos de la corporación se alistaban para realizar una redada por los rumbos de Peralvillo, suponen que estás escondido allí”. "Eso significa que sigue funcionando el envío de mensajes falsos a la policía. ¿Quién coordina?” “Es una pregunta capciosa, ¿verdad? Quién más sino Sergio. Ambos hermanos sonrieron, pero cada uno se quedó con sus pensamientos sabiendo que no hacía falta externarlos.

“pues bien, debemos prepararnos para el ataque. Sólo me falta ultimar un detalle con Estévan para llevar a cabo un plan”, dijo el Gato repasando mentalmente las palabras que usaría al respecto. “No creo que debamos perder tiempo, mejor dinos qué plan tienes. Lo que sea que tengas que decirme puede esperar”, dijo Estévan convencido de sus palabras. “Me parece bien, entonces vamos a trazar las rutas de acción y a repartir las tareas. debo advertirles que lo que estamos a punto de emprender, supera a todo lo que hayamos hecho con anterioridad”, contestó el Gato con algo de solemnidad. Juntaron las sillas alrededor de la mesa de sala, procurando dejar un espacio para Luis, que no tardaría en aparecer; todos apuraron las tabletas electrónicas y abrieron las aplicaciones que les serían de utilidad.

De inmediato aparecieron mapas, tiendas de electrónica, proveedores de afeites para teatro, instrumentos para alpinismo y renta de vehículos mientras de la pared principal, bajaba una pantalla que se dividió en el número de secciones igual al número de tabletas conectadas a la red. Contrastaron información que, como siempre, coordinó Saúl; Ruth se encargó de los vestuarios y el Gato daba los detalles sobre el tiempo que invertirían en cada etapa del plan; todos confiaban en que cada uno cumpliría su parte, incluido el hijo del magnate que, a la vista, parecía el más entusiasmado en participar en una de las legendarias operaciones de tan singular grupo, a pesar de que tal acción iría en contra de los intereses de su propia familia, lo que podría costarle un desconocimiento por parte de Emilio Corcuera.

Los días en que la policía se mantuvo despistada, pudieron preparar los insumos con toda tranquilidad; lo que debían adquirir estaba almacenado en los distintos puntos de la ciudad en los que tendrían acción, cada uno estratégicamente ubicado para que no representara un obstáculo por si tenían que salir de prisa o si la policía estuviera cerca, porque lo estaría, eso era seguro. El Gato contaba siempre con la tenacidad de Sergio, en cada uno  de sus encuentros, aquel había dejado patente que el parentesco no era impedimento para impartir justicia y que lo mismo le daba atraparlo por delitos corporativos o por asesinato. Eso último no lo entendía, se había asegurado de dejarle claro que él no había matado a nadie, que por el contrario, se había dedicado a desenmascarar delincuentes. Continuará.

Beto

martes, 20 de diciembre de 2022

La familia Grande 103a. entrega

“Luis, tú y yo ya estamos al borde
de la jubilación”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “Claro que sí, las muchachas se reparten la responsabilidad de compilar esa información. ¿Cómo dices que se llama tu madre?” El volumen de la voz de Efraín se había vuelto casi imperceptible, como queriendo que el sonido no viajara más allá de las paredes que los envolvían. Efraín se levantó de su asiento, dio unos pasos en dirección de la puerta. “Necesito sacar algunos datos, ¿te parece si continuamos con esto después?” “Pensé que te urgía que aclaráramos todo ahora mismo”. “Créeme, a mí ya me ha quedado claro. Por favor, dile a Saúl que venga”. Estévan salió intrigado, pensando que quizá le había dicho algo indebido o que le molestara; decidió a que él mismo le informara lo que deseaba hacer y no caer en especulaciones que a nada le llevarían, le hizo una señal a Saúl y éste respondió de inmediato.”

“¿De qué deseas que hablemos?” Saúl interrumpió los pensamientos de Efraín, que tenía la mirada puesta en un punto indefinido del cuarto. “Siéntate, lo que voy a decirte hará que te vayas de espaldas”. La expresión de Saúl cambió aunque se mantuvo tranquilo al observar que la de su amigo no era de alarma. “¿Recuerdas la vez en que tuve que ausentarme por tres meses seguidos?” “Hace ya un buen tiempo pero sí, lo recuerdo”. “¿Recuerdas también que a mi regreso me dijiste que había cambiado?”. “Claro, tenías una expresión como la que ahora tienes. En ese momento no pude descifrarla, como se me imposibilita hoy. Entonces no quisiste decirme qué te pasaba”. “Ni a nadie se lo dije, debí guardar el secreto para no poner en riesgo a una mujer muy especial, pero ahora las cosas han cambiado”.

“¿El nombre de Isabel Rivadiego, te suena?” “Realmente no, ¿quién es? ¡Espera! En el tiempo que mencionas conociste a una Isabel, ¿no?” “Así es, pasé con ella los días más felices que pueda recordar, hasta que una mañana fui a buscarla a las cabañas donde se hospedaba con su familia y ya no la encontré. Iba a pedirle que se casara conmigo, aunque sabía que sus padres estarían en contra pues yo no representaba un real porvenir para su única hija”. “¿Qué hay con ella, por qué recordarla ahora?” “Al parecer Isabel Rivadiego no es otra que María Corcuera, la madre de Estévan”. “Eso sí que es una sorpresa, pero no veo la relevancia”. “Isabel me había dicho la noche anterior a su partida que tenía algo importante que decirme, ¿atas los cabos?” “No puedes pensar en serio que ese muchacho...”.

“Eso explicaría el porqué su padre quiere desaparecerlo, más allá del interés por la herencia”. “Es cierto, la simple ambición no explica el problema y, si la lista tiene algo de coherencia, todo encaja, incluso la vehemencia con la que nos ha perseguido todo este tiempo”. A Saúl le quedó claro entonces el porqué la simpatía repentina de su amigo con ese joven qe al principio no era más que otro trabajo. En un tono burlón la preguntó: “¿Acaso crees en el llamado de la sangre?” “Ja, ja, ja, no lo sé, pero he de confesarte que llevo días teniendo un pensamiento recurrente que tiene que ver con la sucesión en el mando de este grupo. Luis, tú y yo ya estamos al borde de la jubilación y nos caerían bien unas vacaciones ¿no crees?” “Eso es seguro”, afirmó Saúl categórico. Continuará.

Beto

martes, 13 de diciembre de 2022

La familia Grande 102a. entrega

“Sé lo que piensas y no tienes
que preocuparte por mí”. Foto: BAER

Irapuato, Gto. “He estado recordando algunos episodios en los que nuestra seguridad, me refiero a Luis, Saúl y mía propia y todo me remite al movimiento estudiantil”, la reflexión no sorprendió a Saúl y Ruth se limitó a seguir escuchando “Con base en ello, el único nombre que tiene sentido es el de Emilio Corcuera. Hasta hace algunos meses no habría reparado en él pero lo acentuado de las persecuciones y el trabajo que nos encargó conectan de manera casi perfecta”. Sus amigos esperaron unos segundos en total silencio, esperando quizás instrucciones o un plan de ataque que les librara de la presión; si estaba seguro de que el actual patriarca de los Corcuera era el responsable, sólo tenía que buscarse la manera de hacerle pagar por todo, claro, estaba el detalle de Estévan quien quizá se convertiría en un obstáculo.

“Sé lo que piensas y no tienes que preocuparte por mí”, la voz del joven heredero de los Corcuera sonó a su espalda como una promesa de lealtad inesperada para la mayoría de los presentes, pero no para el Gato. “Ya no podemos postergar nuestra plática”, dijo Efraín mirándolo fijamente a los ojos. Desde ese momento surgió entre los dos hombres una complicidad que estaría a prueba posteriormente, pero que afianzaría lazos que ninguno había contemplado; con una señal, el Gato le indicó al joven que lo siguiera hasta lo que parecía ser su despacho, un cuarto amueblado de manera minimalística, pero con todo lo necesario para funcionar. Pidió a los demás que no fueran molestados a menos que se presentara la policía y en seguida, cerró la puerta tras de sí; pidió a Estévan que se sentara donde gustara y él se fue hacia su escritorio.

Una vez instalados, las palabras fueron fluyendo de manera cordial, como si se tratara de un par de amigos que se reencontraban después de un largo tiempo; a medida que pasaban los minutos, a ambos empezaban a esclarecerse aspectos del “trabajo” que ignoraban desde la perspectiva del otro. “Entonces, dices que encontraste algo turbio en las negociaciones que hacía tu padre en Europa”. ¿Pensaban hacer algo al respecto?” “Nada que no fuera totalmente legal; pensar en tomar esa decisión me dolió mucho, pero no puedo permitir que ponga en riesgo las empresas que tanto trabajo le costó fincar a mi abuelo, con todo y que se afirme que no lo hizo de la manera más legal”. “Algo de eso tengo entendido, pero aún me parece curioso que hayas tomado la decisión sin antes conciliar con él. Algún motivo debió tener”.

“Eso sin duda, pero no creo que tenga las mejores intenciones”. El desencanto volvió a ensombrecer el rostro de Estévan, a la vez que daba todo lo que para él significaba información importante. “Recuerdo que desde niño, a mi padre sólo le interesaban dos cosas, el trabajo y consentir a mis primos, los hijos de mi tío Vicente. No sabría decirte la razón, quizá sólo sean alucinaciones mías, aunque tampoco recuerdo que haya sido especialmente atento y cariñoso con mi madre. Yo pensaba que tanta resignación era propia de una buena esposa educada en el seno de una familia católica, como eran los Rivadiego”. “¿Cómo, qué apellido dijiste?” “Rivadiego, ¿por qué la extrañeza? ¿Acaso antes no se enteraban de los casamientos por conveniencia? El Gato se quedó de una pieza, con la mirada extraviada. Continuará.

Beto

martes, 6 de diciembre de 2022

La familia Grande 101a. entrega

“Esos pensamientos lograron sacarle una sonrisa”
 Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Desde ese momento, la salud de Carlota comenzó a deteriorarse, una ligera punzada en el pecho el día del entierro de Sofía fue agravándose conforme pasaban los días. don Efraín no tenía una idea clara de lo que tenía que hacer para que su mujer se sintiera mejor y aún tenía que consolar a Laura para que ésta recuperara la confianza. En su cabeza había mil conjeturas, más o menos entendía la muerte de Teresa por lo riesgoso de su trabajo, pero Sofía no había hecho mal alguno, la suya parecía una muerte absurda, sin sentido; por su lado, el Gato se hacía las mismas preguntas que su padre y en el fondo sentía que lo culpaba por sus acciones en el sesenta y ocho, pista que comenzaba a considerar pero que aún no encontraba liga que fuera coherente.

Se prometió averiguar todo lo relacionado con la muerte de sus hermanas, aunque eso le llevara toda la vida, pero sabía que no lo lograría sin ayuda por lo que convenció a sus amigos que juntos formaran la agencia que a la postre les haría ganar lo suficiente a la vanguardia del espionaje industrial y, por ende, con la posibilidad de atrapar al o a los culpables. Y ahora todos los involucrados estaban escondiéndose de la policía, la vida a la que los había arrastrado lejana estaba de ser apacible; nunca ninguno de ellos se quejó pero sabían que nada de las emociones que les proveía su trabajo iba a compensar el que no tuvieran la oportunidad de formar una familia normal, bueno quizá Lina que parecía muy interesada en que a Estévan Corcuera nada malo le pasara.

Esos pensamientos lograron sacarle una sonrisa dado que en su cabeza comenzaba a tomar forma un pensamiento que no parecía del todo descabellado, aunque primero, estaba el hecho de que aún no tenía las pistas claras ni las pruebas necesarias para señalar a un responsable de su situación, pero entendió que mucho obtendría teniendo una plática muy seria con el joven empresario. Por supuesto, las sospechas sobre su hermano Sergio quedaban sólo en la parte operacional, no, él no se mandaba solo, alguien más estaba detrás y era ya urgente averiguar quién era. “Déjame ver otra vez la lista”, dijo con tono firme, como si sólo fuera a reafirmar una sospecha. “¿Ya se levantó Estévan?”. “Al parecer sí, lo sé porque su estrecha vigilante no estaba en su cama cuando fui al cuarto”.

La respuesta de Ruth volvió a hacer que una leve sonrisa apareciera en el rostro de Efraín, por supuesto que entendió la razón aunque estaba muy lejos de sospechar hasta dónde llegaban las intenciones de su socio, pero en ese momento su atención estaba en resolver algo que ya tenía a todos muy molestos. “Olvidémonos de Sergio, él sólo es un soldado que sabe quiénes somos pero que, como es muy respetuoso de las formas, no se atreverá a quebrantar la ley nada más por echarnos el guante. De los otros tres nombres, uno está también en la mira del gobierno desde hace dos décadas y el otro, aunque es muy listo para manejar sus asuntos desde el extranjero, no podría interesarse en nosotros pues nunca lo hemos tocado en realidad, ni creo que tenga una mente tan retorcida”. Continuará.

Beto

martes, 29 de noviembre de 2022

La familia Grande 100a. entrega

“Doña Carlota fue la primera en extender
sus brazos a Laura”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Un pequeño quejido puso en alerta al matrimonio Ramírez, Laura parecía despertar del letargo en el que había estado por dos semanas, la señora la detuvo por los hombros en su intento por levantarse. “Espera, no te muevas. Aún estás delicada, debes recuperar las fuerzas y ya después harás lo que creas conveniente”. “Mi, mi hermana. ¿Dónde está?” “Lo siento, no sé a qué te refieres; cuando mi esposo y yo decidimos regresar por ti, sólo estabas tú, nadie más”. “Deben encontrarla, la secuestraron junto conmigo...”. “Calma, te prometo que averiguaremos qué le pasó, aunque insisto que contigo, nadie estaba”. La angustia se agolpaba en los ojos de Laura que no daba crédito a lo que les había pasado a Sofía y a ella y lamentaba el hecho de no haberla protegido.

“Si no hemos dado parte a la policía de que tenemos a esta muchacha, ¿cómo vamos a explicar que, según ella, estaba acompañada por otra? Preguntó a su mujer el señor Ramírez. “Yo creo que debemos dejar que se recupere y después interrogarla para saber qué le pasó, si tiene familiares y cómo podemos contactarlos”, respondió la mujer tratando de mantenerse ecuánime. Laura volvió a caer en un sueño profundo, signo de que su cuerpo estaba tratando de recuperarse; pasaron algunos días sin que hubiera vuelto a pronunciar palabra en los lapsos en que se mantenía despierta, sólo atinaba a agradecer con una inclinación de cabeza las atenciones de que era objeto por parte del matrimonio, que prefirió respetar su silencio.

El periódico local publicó la nota en la que relataba el encuentro casual que habían tenido dos exploradores en la zona con el cuerpo de una mujer joven, con señales de tortura, sin credenciales que la identificaran, los Ramírez se vieron a los ojos sabiendo que esa mujer era la que Laura había mencionado. Con todo el tacto del que fueron capaces se lo notificaron y las lágrimas brotaron abundantemente contagiando al matrimonio que se ofreció a acompañar a la muchacha a realizar los trámites que tuviera que hacer para recuperar el cadáver. Hasta ese día, después de casi un mes de su secuestro, Laura no había hecho contacto con su familia, quizás una amnesia temporal, posiblemente la vergüenza de haber sido ella la que sobreviviera, no mencionó a los Ramírez nada de ellos.

Obviamente, los Grande se pusieron como locos al no saber de sus hijas por tanto tiempo, fueron a todas las delegaciones, visitaron los hospitales sin resultado alguno; la noticia de que habían descubierto a una mujer joven muerta en una zanja les hizo pensar lo peor, pero de alguna manera quitaba la incertidumbre que hacía más grande sus dolor; nadie hubiera sospechado que el ir a identificar el cadáver significaría una de las últimas salidas de doña Carlota, quien fue la primera en extender los brazos a Laura en la morgue, rompiendo ambas en llanto, una solicitando un perdón y la otra aliviada por, al menos, recuperar a una de sus hijas. Los trámites fueron relativamente rápidos y los Ramírez permanecieron con ellos todo el tiempo. Continuará.

Beto

martes, 22 de noviembre de 2022

La familia Grande 99a. entrega

“Al llegar la mujer con lo que había preparado,
se dispuso a limpiar a la chica”. Foto: BAER
Irapuato, Gto.- Conforme se acercaba el otro carro, el captor fue ocultando con ramas el cuerpo de Laura hasta hacerla parecer un arbusto más, en seguida tomó la lámpara y se metió debajo de la camioneta fingiendo que arreglaba la dirección; el vehículo se estacionó justo detrás y descendieron dos personas, posiblemente un matrimonio que solícitos le preguntaron si estaba en problemas. “Buenas noches, gracias. No parece serio. Parece que topé con una piedra, pero sólo fue el golpe”. “Si desea que le ayudemos o lo llevemos a algún lado, sólo pídalo”. “No se preocupe, no pienso seguir, creo que de aquí me regreso a la ciudad. De cualquier manera se los agradezco”. Los señores no se movieron, como esperando que ese extraño cambiara de opinión, lo que obligó al hampón a treparse y encender la camioneta.
Avanzó de regreso unos metros, despacio para poder ver que esos dos también se alejaran del lugar, lo que ocurrió unos segundos después; aliviado, el sujeto decidió dejar todo como estaba para no arriesgarse a ser identificado. Nunca contó con que la pareja regresaría minutos después, ya que se habían percatado de que no correrían peligro; una mano había asomado cuando se acercaron, pero prudentemente no hicieron comentario alguno y regresaron para cerciorarse de lo que habían visto. Laura estaba inconsciente pero viva, así que la subieron como pudieron a su vehículo y decidieron que darían parte a las autoridades una vez que estuvieran a salvo en su casa. Durante el trayecto, el hombre iba atisbando por el retrovisor por si eran seguidos.
Al llegar a su casa, la señora de inmediato se puso a calentar agua, alistó unas toallas y buscó una serie de frascos que guardaba en la alacena, su marido mientras tanto, verificó el estado de la muchacha una vez que la recostó en una recámara que parecía haber pertenecido a otra persona. Los adornos y los cuadros colgados en las paredes indicaban que su anterior ocupante era una mujer joven acostumbrada al trabajo intelectual y a una disciplina férrea, el toque femenino lo daban el delicado gusto por los muebles y el olor a jazmín que emanaba de un aromatizador que estaba en un buró; al llegar la mujer con lo que había preparado, se dispuso a limpiar a la chica, por lo que ordenó a su marido que abandonara el cuarto, el pudor de la época no permitía hombres presentes ante una mujer desnuda.
Pasaron varios días en los que el matrimonio cuidó de Laura, temían que la inconciencia en la que se encontraba se tratara de un coma, por lo que el señor Ramírez, agente de seguros retirado y dedicado a una pequeña granja que mantenía junto con su esposa, apuraba a que dieran parte a la policía, a lo que ella se opuso determinantemente, tratando de calmar los temores de su marido de que la muchacha fuera una delincuente a la que le habrían cobrado alguna deuda; “Usted no tiene de qué preocuparse, Ramírez, la muchacha no parece ser mala. Fíjese en su ropa, a pesar de lo maltratada que la tenía, es de alguien que cuida su apariencia”, dijo la mujer con una sonrisa dibujada en los labios, segura de que su juicio no le fallaba, como nunca le había fallado. Continuará.
Beto

martes, 15 de noviembre de 2022

La familia Grande 98a. entrega

“Las luces de otro vehículo iluminaron el lugar”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La faena se repitió una y otra vez, Sofía inútilmente intentaba zafarse pero su resistencia sólo enardeció a quienes la golpeaban sin piedad; tal era su desesperación que sacó fuerzas de la nada y dio un empellón al que tenía más cerca, enfurecido por el arranque de la muchacha pero más por la burla de la que fue objeto por parte de sus compañeros, tomó a Sofía por el cabello y le propinó un puñetazo en la cara que hizo que la mujer se tambaleara u fuera a caer de espaldas al filo de una caja de madera a un metro de distancia golpeándose la nuca. Su muerte fue instantánea, de pronto estallaron todos en insultos y reclamos porque ya no tendrían en qué “entretenerse”. “Ahora tú las preparas para que temprano vayas a tirarlas al relleno”, sonó lo voz del que parecía dar las órdenes.

A regañadientes, el sujeto tomó a Sofía de una mano y la llevó arrastrando a la parte trasera que parecía ser una bodega, allí ya estaba Laura en el piso en posición fetal, inmóvil y rodeada de un líquido posiblemente agua, que les habría servido como conductor de la electricidad que utilizaron para torturarla. Ambos cuerpos tuvieron que esperar a que el hampón los subiera en una camioneta, los tapara con unos sacos de azúcar y enfilara rumbo a la carretera a Cuernavaca; una fila de automóviles hacía pesado el tránsito que se agilizaba un poco cuando de pronto uno de ellos desaparecía en alguno de los moteles que había a un lado del camino; la camioneta avanzó más allá de esos establecimientos para salir por un camino vecinal, el paisaje cambió de pronto.

El anochecer y la distancia hacían que las luces se volvieran más tenues, la tierra cubrió por completo a la camioneta lo que hizo difícil el observar el camino; avanzados unos metros, algo en la dirección tronó como si se hubiera roto, como no había un espacio adecuado para estacionarse, como pudo el conductor paró cerca de un montículo de piedras. Bajó a revisar lo que había hecho ese ruido y cuando rodeó el vehículo para buscar una lámpara debajo del asiento del copiloto, resbaló y por poco cae en lo que parecía un barranco; como pudo se sostuvo de la manija de la portezuela, metió la mano donde suponía que se encontraba la lámpara y una vez encendida se dio cuenta que, efectivamente estuvo a punto de caer por una pendiente y que la dirección no resistiría que avanzara más por ese camino.

Maldiciendo su suerte, pero al mismo tiempo agradeciendo que estuviera cerca de un desnivel ya a oscuras, se dispuso a abandonar los cuerpos en ese lugar, esperando que nadie los encontrara hasta después de un buen tiempo; tomó primero a Laura y la colocó a un lado de la rueda trasera, después a Sofía la bajó unos metros con el fin de rodarla cuesta abajo para que no quedaran juntas. El cuerpo inerte de la muchacha no puso resistencia al terreno y rápido se perdió en la oscuridad, al regresar por Laura, notó que no estaba exactamente como la había dejado, pero lo atribuyó a que lo pulido de los rines nuevos pudo haber hecho que resbalara, así que la cargó y cuando estaba a punto de tirarla al vacío, las luces de otro vehículo iluminaron el lugar, por lo que sólo atinó a colocarla en el suelo. Continuará.

Beto

martes, 8 de noviembre de 2022

La familia Grande 97a. entrega

Irapuato, Gto.- Su primera reacción fue la de negarse con cualquier pretexto, cosa que un experto en relaciones comerciales destrozó de inmediato con argumentos sencillos pero convincentes. “No pueden rehusarse después de la hospitalidad de mis muchachas, a ellas les encantaría compartir la mesa con ustedes”. “¡Ah! Comeríamos con ellas”. “Claro, tenemos la costumbre de hacerlo de esa manera para reforzar lazos y ahorrarnos tiempo. Además, estamos estrenando cocinera”. “¿Qué pasó con la anterior?” preguntó Laura con tono inquisidor. “No piense mal, sólo se jubiló, ya era una persona grande, pero me cuentan que capacitó muy bien ala nueva, así que no perderemos en sazón”, dijo el gerente con aire de suficiencia. Las dos muchachas terminaron por aceptar así que siguieron al gerente hasta el comedor.

Departieron cómodamente, hablaron sobre los planes que tenían cada uno y a qué aspiraban en lo personal, Sofía se mostró muy emocionada cuando el gerente por fin le confió la idea que tenía con respecto de la capacitación a la que pensaba introducir a su personal y en la cual ella estaba contemplada, tal fue la alegría que ni siquiera puso atención en el plato de lentejas que le sirvieron y engulló con fruición, alimento que supuestamente no le gustaba. Laura también se mostró contenta por ella, al grado de que no paraba de hablar una vez que se despidieron de las trabajadoras y del gerente al término de su ejercicio, tal era su entusiasmo que no se dieron cuenta de que un automóvil se les acercaba lentamente, dos tipos se bajaron de él y las tomaron por la cintura metiéndolas en la unidad.

Debieron pasar aproximadamente dos horas entre insultos y amenazas en las que cuatro voces se alternaban para golpearlas en el estómago y en las piernas, ellas no podían hacer otra cosa más que doblarse del dolor y tratar a ciegas de cubrirse la cara. Debido a que las vendaron de los ojos, no pudieron ver las caras de sus captores; después de ese tiempo, el carro se detuvo, pitó y una puerta metálica se abrió, el ruido de un riel terminó por aterrar a las mujeres que ni siquiera habían podido suplicar por sus vidas. “¿Dónde estamos?”, preguntó Sofía aún sin entender lo que pasaba. “Te hemos dicho que te calles; ésta es su última parada”. Laura empezó a temblar cuando dos pares de manos la tomaron por los brazos y la llevaron casi en vilo hasta azotarla en una pared.

Allí comenzó un interrogatorio despiadado con gritos, golpes en la cabeza, toques eléctricos y chorros de agua, pero ella simplemente no podía contestar porque no sabía de qué estaban hablando; desde el carro, Sofía escuchaba sus gritos y a su vez, levantaba la voz para que la dejaran en paz, de pronto todo ruido cesó, el lugar se cubrió con un silencio mortuorio hasta que una voz ordenó: “ésta ya no va a hablar, llévensela a la parte  de atrás, ya mañana vemos en dónde la tiramos”. La sangre se le bajó a los pies a Sofía que pensó lo peor y con la rabia contenida desde el primer minuto de su rapto, comenzó a maldecir a sus captores, lamentando en el fondo haber convencido a Laura de que la acompañara. “Tráete a ésa, aquí le voy a quitar lo sabrosa”. Continuará.

Beto

martes, 1 de noviembre de 2022

La familia Grande 96a. entrega

“Las dos mujeres no se dieron cuenta
del paso del tiempo”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Con todo y que esa infraestructura funcionaba como reloj, no pudieron evitar la desaparición de Sofía y Laura por varios angustiosos días; la casa de los Grande era un manicomio puesto que la menor de sus hijos no podía tener un destino tan incierto, A sus veintiún años era una alumna destacada de la facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, activista por los derechos de la mujer que aún tenía muy presentes los acontecimientos del ‘68, movimiento al que su madre se opuso a que participara de ninguna manera porque “una mocosa de quince años nada tenía que hacer en esos chismes”, además, solía conformarse con las historias que les contaba el Gato. En el séptimo semestre de la carrera se propuso investigar sobre las condiciones laborales de las mujeres obreras y su proyección en tiempos electorales.

Con el arrojo característico de una Grande, buscó qué fábricas podrían ser su objeto de estudio y dio con varias que contrataban obreras en el ramo del hilado; una en particular, con varios años en el negocio, se ubicaba en la zona de Iztapalapa, en la calle Albert en el número 236, sólo tenía el inconveniente de que trabajaba un turno y cerraba a las cuatro de la tarde, así que tuvo que faltar a algunas de sus clases un día en que Laura también pudo safarse de sus obligaciones; llegaron al lugar en la ruta que llevaba poco de transitar por esos rumbos a la hora que le había fijado el gerente de la empresa. Las recibió con una sonrisa amable pero que se notaba que era ensayada para recibir a sus clientes y sin empacho en mostrarles las instalaciones incluido el taller.

A éste le había impresionado el historial académico de Sofía, tenía la costumbre de solicitarlo a todos los estudiantes que pidieran visitar sus instalaciones pues con ellos podía darse una idea del tipo de personas con las que trataría y ¿por qué no? tener oportunidades de hacerse de nuevo y mejor personal. Lo que más le llamó la atención fue que ella hubiera anotado su participación en la radio de la universidad, tanto en la producción como en la conducción de un programa sobre l a defensa del trabajo, claro que no le interesaba contratar a alguien que le fuera a alborotar a sus trabajadores, pero sí solicitarle alguna plática para su personal administrativo que les ayudara a tener un trato acorde a la ley y con el personal operativo, algo que le plantearía en la primera oportunidad que se le presentara.

La visita fue muy cordial, las costureras e hiladoras tenían en buen concepto a la empresa; tanto Sofía como Laura estaban conscientes de que estarían allí por un buen rato ya que debían aplicar la encuesta incluso después de la hora de comida. Era admirable ver esas manos manipulando la máquinas que giraban los conos receptores a una velocidad vertiginosa, los colores cambiaban como en una coreografía para un musical de Broadway; hilos y más hilos corrían de un carrete a otro y luego a cajas con la exactitud propia de un genio matemático. Hipnotizadas por tal derroche de habilidad y concentración, las dos mujeres no se dieron cuenta del paso del tiempo ni de la cantidad de hojas que habían llenado, hasta que recibieron la invitación a comer del gerente. Continuará.

Beto

martes, 25 de octubre de 2022

La familia Grande 95a. entrega

“Al poco tiempo pasaron a una flotilla de cuatro”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Jacinto seguía asistiendo a los partidos de fútbol aunque ya no jugara, aprendió en un curso por correspondencia a aplicar masajes deportivos, así que ofrecía sus servicios no sólo al equipo donde solía jugar, sino a todos los de la liga y el “Pichirilo” vino a facilitarle las cosas puesto que con él, no tendría objeción en cargar los linimentos ni las pomadas para tal efecto. En uno de esos juegos el hijo del jefe de Tránsito sufrió una falta que se vio muy aparatosa, una patada en la pierna de apoyo en el momento en que iba a disparar a puerta, el tobillo se le hinchó de inmediato y ya no pudo ponerse en pie. De inmediato pidieron que lo atendiera “el masajista”, que no era otro que Jacinto, quien con la experiencia adquirida en el terreno, se dio cuenta de que eso requería atención médica.

El hospital lucía repleto, varios médicos y enfermeras corrían de un lado a otro tratando a varios accidentados de un choque automovilístico en la carretera México-Puebla a la altura de Río Frío; al parecer a un camión de carga se le chorrearon los frenos y fue a darle alcance a otro de pasajeros, ambas unidades volcaron dejando un total de treinta y dos heridos y dos muertos, así que debieron esperar aproximadamente dos horas para que los atendieran. Se les acercó una trabajadora social y después de llenar unas formas, les pidió que esperaran otro poco a que se desocupara un médico, lo que aprovechó Jacinto para hacer plática y sondear un poco con quién estaba tratando. Una vez que lo supo, agradeció que el “Pichirilo” no le fallara en el transcurso del campo al hospital.

El parte del accidente no especificaba cómo se había dado la falla mecánica, sólo se limitaba a ofrecer una descripción general de los hechos; durante su plática, Jacinto pudo enterarse de cómo el muchacho se había interesado por jugar fútbol, de qué artimañas se había valido para que su papá patrocinara al equipo y de cómo influían para que siempre les apartaran las mejores canchas para jugar. Por su parte, el futuro empresario del transporte de alquiler le contó su tragedia y qué le motivó a dedicarse al masaje deportivo, así como su interés en hacerse de varios carros para fincar su compañía de taxis. Las formas y el aire de honradez de Jacinto despertaron la simpatía del hijo del funcionarios que le prometió ver la manera de hacer que sus planes se cumplieran, si estaba dispuesto a tener un socio.

Las negociaciones no tuvieron mayor dificultad y se cerraron con un simple apretón de manos porque si algo caracterizaba a los Grande y a los niños criados por ellos, era el sostenimiento de su palabra. No tardaron en ver los frutos de su trabajo, al poco tiempo, de un carro de sitio, pasaron a una flotilla de cuatro y en dos años ya tenían copada una parte del sector sur de la ciudad, algo que a la agencia fundada por Efraín, Luis y Saúl les benefició en gran medida por la facilidad que les representaba el mover ágilmente el equipo y personal y, sobre todo, la discreción con la que llevaba a cabo cada misión al mismo tiempo que mantenía al tanto de cualquier menester a su socio y a su hermano. Continuará.

Beto

martes, 18 de octubre de 2022

La familia Grande 94a. entrega

“En el fútbol había conocido al hijo
del jefe de Tránsito”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los primeros en morir fueron los de su sangre en un orden cronológico estricto como para hacerle ver que su vida sólo serviría para lamentar sus decesos, en accidentes extraños y fuera de contexto, con un cuidado y precisión quirúrgicos, lo que le había impedido averiguar quién estaba detrás de todo. La muerte de Teresa había quedado totalmente en manos de las autoridades, por lo que la información al respecto fluía de manera lenta hasta que se empantanó de tal forma, que llegó el día en que se archivó y nada pudieron hacer; fue a partir del choque en que perecieron Juan y Mariano que Efraín comenzó a involucrarse en las averiguaciones, tratando de ubicar los hechos que le llevaran a esclarecer el porqué estaban sucediendo esos eventos.

“Repasemos qué estaban haciendo tus hermanos el día del accidente”, dijo Ruth con el mismo interés que si los hubiera conocido. “Habían asistido a un partido de fútbol; estaban muy interesados porque irían unos visores de la primera división a buscar jugadores”, dijo Efraín pero fue interrumpido por Jacinto. “Lo recuerdo, yo no pude jugar ese día por una infección intestinal, aunque sí asistí”. “Y según este reporte, te regresaste en la misma camioneta que ellos”, afirmó Ruth con autoridad. “Es cierto, nada más que yo venía en la cabina y ellos en la parte de atrás que, como estaba destapada, al momento del impacto, fue la causa de que salieran volando junto con otros miembros del equipo”. “Nunca se explicó cómo fue que dos de las llantas explotaran antes de que se estrellaran con esa barda.

“Fue inevitable, quien manejaba no tuvo oportunidad de controlar el vehículo; al menos pudo evadir a los coches que circulaban cerca”, logró decir el Gato con un nudo en la garganta. “Y por suerte, tú no pereciste también”, continuó sinceramente conmovido. “Pero me dejaron este recuerdito para toda la vida”, contestó Jacinto señalándose la pierna. Desde aquel día había cojeado ligeramente de la pierna derecha, producto de una fractura en la rótula y ruptura de ligamentos que no lo dejaron inválido, pero sí lo alejaron para siempre de las canchas, así que su sueño de ser jugador profesional, al igual que el de sus hermanos, se vio trunco y como había abandonado la escuela, no tuvo más remedio que buscarse empleos de medio pelo para empezar.

Hasta que vino el Gato a proponerle que se hiciera cargo de sus traslados por tierra en la ciudad de México; comenzaron con un pequeño Renault 8 que apodaron “El Pichirilo” por las condiciones en que lo adquirieron y, a pesar de que solía dejar de funcionar en ocasiones, le tomaron mucho aprecio por ser el primero que compraron con su dinero; para ese tiempo era poco común que un servicio de taxi se ofreciera en una unidad de tal índole, plan que Jacinto tenía como muy seguro gracias a que en el fútbol había conocido al hijo del jefe de Tránsito capitalino y le había brindado su amistad por un favor otorgado, así que quedaba conseguir otro carro para ponerlo a trabajar con todas las de la ley, oportunidad que se les presentaría precisamente por esa relación. Continuará.

Beto

martes, 11 de octubre de 2022

La familia Grande 93a. entrega

“Algo que recordó el Gato, puso en alerta
a todos los presentes”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Como despertando de un mal sueño, las imágenes en la cabeza de Efraín se disiparon al escuchar la voz de Ruth. “¿A dónde te fuiste? ¿Al menos escuchaste lo que te contamos?” “Sí, claro. Sólo estaba recordando algunas cosas”. Volvieron a la lista y con cada nombre, el conteo de porcentajes en la posibilidad de que cada uno de ellos fuera su perseguidor. Algo que recordó el Gato puso en alerta a todos los allí presentes que era que en cada una de las víctimas mortales de su familia, él había encontrado una nota que decía. “Por cada minuto que nos hiciste sufrir, tú padecerás el doble”. Escritas a máquina, sólo variaba la fecha que coincidía con las del deceso, como si llevaran un macabro conteo del tiempo que él debía estar inmerso en el dolor.

Pero en cada caso, ése era el segundo aviso, ya que estaban los que antecedían a los “accidentes” que, por diferentes medios le avisaban del peligro y en ninguno de los casos había podido evitar. La resignación no estaba en su vocabulario, pero tampoco era de los que andaban por el mundo lanzando amenazas; confiaba en que llegaría el tiempo de vengar cada atentado y con ello, reconciliar la memoria de toda su familia; la búsqueda del responsable había sido infructuosa y el secuestro del joven heredero de Emilio Corcuera, abría puertas que él no había contemplado; aún tenía más interrogantes que certezas pero ese último trabajo no parecía haber sido obra del azar, por el contrario, tenía tintes de ser un plan bien elaborado donde estaba en juego más que el deshacerse de Estévan.

Por un lado, Estévan había sido designado el albacea de su tío Eulalio aun sin haber nacido, uno de esos caprichos que tienen los millonarios; En una cláusula de su testamento, decía que dejaba todos sus bienes al primer hijo varón de su hermano mayor, éste por supuesto era Emilio, pero para evitarse problemas transfirió tal responsabilidad a su posible hijo futuro cuando cumpliera ciertos requisitos o don Emilio muriera pero al parecer, la muerte no estaba en sus planes y deseaba prolongar la administración de esos bienes por un tiempo más prolongado. saber eso fue quizá lo que mantenía apático a Estévan que había dedicado su tiempo a distraerse y conformarse con la pequeño empresa a su cargo, lo que hasta ese momento no sabía es que podía acceder a la riqueza de su tío.

Bajo esas circunstancias, decidieron analizar cada una de las pérdidas que habían sufrido los Grande, sin omitir adopciones ni relaciones cercanas; tenían tiempo pues la casa que estaban ocupando les ofrecía cierta privacidad, lo que se traducía en poca vigilancia, así que podían actuar sin sobresaltos. sabían que no sería por mucho pero quizá sí lo suficiente para entender su situación actual; los más jóvenes, además de aplicarse en la parte cibernética-informativa, también saldrían a comprar la despensa, confiando en su agilidad y la suposición de que poco los identificarían, tenían además, la asesoría en cuestión de disfraces que les proporcionaba el Gato. Los demás de encargarían de ordenar y clasificar la información que irían compilando, con una ayuda adicional. Continuará.

Beto

martes, 4 de octubre de 2022

La familia Grande 92a. entrega

“El eventual captor cayó de espaldas sobre
el pavimento”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “Por este pasillo a la derecha y nada de trucos que sé bien de qué eres capaz”, rió socarronamente como alguien que ha cometido una fechoría sin ser descubierto. “El gusto que le dará a mi hermano cuando se entere que fui yo y no los inútiles que contrató, quien terminó su encargo. La verdad no sé qué tengan en su contra joven, pero si esto sirve para que mi familia siga viviendo tranquila, no tendré empacho en llevarlo a cabo”. Un montón de dudas saltaron en la cabeza de Efraín, era evidente que el sujeto no era militar ni mucho menos policía, pero qué interés podría tener como para retenerlos y la causa por supuesto que no podía ser el movimiento estudiantil, los archivos de los dirigentes y participantes en general se estaban manejando como desde el principio, con total discreción, al menos eso parecía.

“No pongan esas caras, noes algo personal. Sólo quiero reconciliarme con mi hermano y que deje de verme como un inútil, aunque sea yo quien mete las ganancias más jugosas a la familia”. Más que una explicación, las palabras del viejo parecían una confesión. atónitos ambos, Efraín y Saúl intercambiaron miradas, ampliaron su ángulo de visión con el fin de encontrar una manera de zafarse del problema. En otro lado del estacionamiento, un destelló evidenció la presencia de un francotirador agazapado en un camión de redilas y por el lado contrario, Sergio se acercaba rápidamente con otros dos elementos de camiseta blanca; los de traje parecieron reconocer al anciano que seguía apuntando su arma junto a al garganta de Saúl que estaba esperando una señal de Efraín.

El Gato señaló con la mirada el flanco izquierdo de Saúl y éste casi al instante dio un pisotón al viejo en el pie del mismo lado, al mismo tiempo que una detonación hizo que el eventual captor cayera de espaldas sobre el pavimento; ambos jóvenes permanecieron en cuclillas por unos segundos y después se fueron colando entre los autos hasta percibir que se habían alejado lo suficiente para perderse entre la multitud que buscaba sus vehículos. Un par de trajeados levantaron al herido metiéndolo en la camioneta cercana, instantes previos a que llegara Sergio con sus dos compañeros; éste no daba crédito del cómo pudieron escapar Saúl y Efraín, de inmediato ordenó a sus acompañantes que buscaran entre los autos estacionados.

La noticia en casa de don Abraham Corcuera cayo como un balde de agua helada, Emilio enmudeció quedándose de una pieza, su tío Eulalio, como fuera que haya sido siempre veló por los intereses familiares y le dolía que su muerte hubiera sido de esa manera; a partir de ese momento, después de escuchar el parta de los hombres contratados por su padre, no hubo más culpable de esa tragedia que el tipo apodado el Gato, así que, cuando recibió la encomienda de eliminarlo, hizo de ella su más cara misión y tendría que verlo arrastrarse y suplicar por su vida. Sus días estarían contados y pondría a trabajar en ello todos los recursos a su alcance. Continuará.

Beto

martes, 27 de septiembre de 2022

La familia Grande 91a. entrega

“Un señor de edad avanzada los interceptó”
 Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Su excitación era enorme y no era para menos, se habían pasado diez días en un encierro absoluto sin siquiera poder asomar la cabeza por una ventana; la casa de los Grande, por esos días, era un hervidero de gente que, preocupados por lo acontecido, se acercaban a preguntar por el estado de salud de todos los que la habitaban. El espectáculo ante sus ojos logró apaciguar un poco el malestar y olvidaron en ese tiempo las causas de su reclusión; las palabras de Díaz Ordaz por los altavoces polarizaron los ruidos emitidos por las gargantas de los asistentes, sólo ellos evitaron gritar para no llamar la atención, aunque en realidad, nadie reparaba en su presencia, sólo eran dos muchachos más que asistían al evento, a excepción de un par de ojos que los observaba muy detenidamente.

Sergio se había enterado de las indicaciones antes de que las expidieran al escuadrón, su cercanía con el capitán le permitía escuchar lo que los superiores hablaban entre sí, por lo que de inmediato se ofreció para estar en el arresto del “personaje de moda” en la comandancia. Nadie en la corporación sabía que el Gato era su hermano y quería atraparlo antes que ninguno para evitar que lo maltrataran en la captura; sabía que se exponía a un arresto si interpretaban su acción como interferencia, pero a pesar de que sus convicciones eran lo más sagrado, no podía permitir que su hermano sufriera de más en el operativo. También se había percatado de los “trajeados” que no parecían obedecer órdenes de las autoridades, pero que se movían como paramilitares.

La conclusión del evento inaugural trajo de inmediato algunas pruebas a las que no podían quedarse, no por falta de ganas, sino que no deseaban agregar otro detalle a la preocupación que en ese momento ya tendrían sus padres; salieron con un grupo nutrido de personas que, al parecer, tampoco tenían que permanecer en el estadio, mientras otras tantas esperaban turno para entrar. Los de traje fueron los primeros en reaccionar, conforme avanzaban, dibujaron una especie de herradura que cercaba a los dos muchachos que se habían reunido en la escalinata de salida; iban intercambiando impresiones cuando un señor de edad avanzada los interceptó en mitad de la explanada, les preguntó la hora y cuando ambos estaban viendo cada uno sus relojes, el anciano sacó una pistola de bajo calibre y amagó a Saúl recargándosela en el estómago.

“Avancen, no quiero dar un espectáculo en medio de tanta gente”. Su voz cascada no restaba peligro a su amenaza. “Tú por delante si no quieres que tu amiguito estrene un agujero en la panza”, advirtió al Gato que parecía medir la situación. “Vamos al estacionamiento, allí tengo mi camioneta”. Seguían rodeados por un sinfín de personas, una familia tomada de la mano les obstruyó el paso, un vendedor de juguetes tradicionales pasó muy junto de Saúl, varios jóvenes con camisetas blancas parecían escoltarlos mientras repetían los movimientos que habían realizado momentos antes en el estadio y se burlaban del que tuvo una leve equivocación en su ejercicio. Aceleraron un poco el paso para quitarse de encima tanta interferencia y llegar pronto a su destino. Continuará.

Beto

martes, 20 de septiembre de 2022

La familia Grande 90a. entrega

“Todos los espacios lucían llenos”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Adentro, los bailables y las tablas gimnásticas llenaban de orgullo a más de cincuenta mil espectadores; pasado el espectáculo, el desfile de las delegaciones preparó la entrada de la antorcha olímpica que portó para encender el pebetero la primera mujer en el mundo en hacerlo, la esgrimista Enriqueta Basilio. Explotó la algarabía, se escucharon vivas y porras que se confundían con otros gritos que, a decir de algunos, eran para quitarse el mal sabor de boca por las palabras del presidente de la República. Esos juegos significaban otras primeras veces como la participación de El Salvador, Honduras, Kuwait y Paraguay, la organización por parte de un país en vías de desarrollo, por una nación hispanohablante y realizada en América Latina.

Se había corrido el rumor de que el Gato intentaría un atentado en contra de Díaz Ordaz, no se sabía la procedencia de tal afirmación pero, tanto militares como elementos del Departamento del Distrito Federal estaban atentos a cualquier eventualidad. A pesar de las advertencias, Efraín, Luis y Saúl se dispusieron desde temprano a asistir a la inauguración, uno de sus compañeros de la universidad que había logrado entrar al grupo de voluntarios, iba a dejarlos pasar por una de las puertas de servicio, cuota de recuperación de por medio. “¿Ah, sí? ¿Y de qué te vas a recuperar?” “Pues del susto si llegan a descubrirme; no tienen una idea, cualquier libertad que nos tomemos, va a ser considerada casi, casi, traición a la patria”.

Desde ese momento aprendieron a ser escurridizos puesto que, desde su furtiva salida de las casas paternas hasta su incursión en el estadio, tuvieron que aparentar, vestirse y medir tiempos para entender las secuencias; de alguna manera sabían que la búsqueda de los participantes del dos de octubre no había cesado, pero ignoraban por completo que Efraín fuera un blanco definido para un ente ajeno al ejército. Bajaron del transporte y pasaron sin dificultad los cinturones de seguridad implementados por el Estado Mayor Presidencial, el consejo de don Efraín de cortarse el pelo sirvió para no ser detenidos como ocurrió con otro grupo de muchachos cuyo pecado fue vestirse de manera “estrafalaria”, así que los subieron a unas camionetas estacionadas allí.

Luis fue arrastrado por sus compañeros puesto que no deseaba apartarse de Nora, aún convaleciente y con un ligero trastorno en la memoria que la había mantenido esos días, postrada en la cama y sin querer de nada ni de nadie, de hecho, más tardaron en entrar que él en salir rumbo a donde ella estaba. Así que quedaron solos Efraín y Saúl y una ves que se despojaron de las filipinas que les sirvieron de disfraz del staff, fueron a sentarse en alguna de las escaleras que daban al centro del campo, con el inconveniente de que tuvieron que estar separados porque hasta esos espacios lucían llenos, lo que daba al traste la versión de su amigo de que la vigilancia era muy estricta y además debían lidiar con el paso de los vendedores de golosinas. Continuará.

Beto

martes, 13 de septiembre de 2022

La familia Grande 89a. entrega

“No serían mas de veinte”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Abraham Corcuera ni siquiera pestañeó, aseguró que tenía los medios para que ese “muchachito” no siguiera interfiriendo con sus tonterías y que informaría de sus resultados lo más pronto posible. Desde ese instante, la suerte de los Grande estuvo echada, por mucho que Efraín escapara de las trampas de las que era objeto, no podía proteger a todos sus seres queridos de algún “accidente”, lo que fue sucediendo de una forma metódica, con la calma que ostenta un cazador para hacerse de su presa. Lo que Abraham no contempló, fue que en el intento por deshacerse del Gato, su hermano Vicente perecería por su falta de previsión; la culpa atormentó al patriarca de los Corcuera pero, como suele pasar en esos casos, buscó culpar a alguien más.

El objetivo ya estaba dado, no había que buscar porque la causa de su naciente odio deambulaba por la ciudad de México ignorando el dolor que le producía, odio que heredaría a su hijo Emilio, un hombre más intenso e impositivo que él mismo, que a sus cuarenta y cuatro años, en 1968 ya aspiraba a controlar el imperio familiar y esa persecución le abriría las puertas para lograrlo. Para el inicio de los Juegos Olímpicos, el movimiento ya había sido apagado, el régimen de Díaz Ordaz no podía darse el lujo de mostrar al mundo que su mano no era firme ni que no podía brindar seguridad a los visitantes del orbe; las calles volvían a su movimiento habitual pero con la sensación de que algo se había roto dentro del país, otrora un territorio en el que nada pasaba.

Ya que en la tarde del dos de octubre no fue posible cumplir con el cometido porque “quién sabe cómo le hizo el mozalbete” para escurrirse entre las vallas que había puesto el ejército, el nuevo plazo no debía pasar de la inauguración de los Juegos. Para el once, El Universal anotó que la Plaza de las Tres Culturas quedó lavada y remozada además del retiro de las fuerzas armadas de la Primera Zona Militar, al mismo tiempo que la XXI impedía una manifestación en Puebla y las notas sobre otras manifestaciones en Monterrey, Tepic y Sinaloa ocupaban ya pequeños segmentos en los rotativos. La mañana del doce obró el milagro de tener un sol brillante, el aire parecía volver a su región más transparente y toda la pléyade de dioses prehispánicos y santos españoles se asomaban para observar.

El estadio de Ciudad Universitaria rebosaba de cabo a rabo, una conmemoración del día de la raza no pudo tener un marco más espectacular, el palco presidencial era resguardado por elementos del Estado Mayor lo mismo que las inmediaciones; un grupo de jóvenes vestidos de civil se movían como una máquina bien aceitada, no podía ser de otra forma, tan sólo diez días antes habían puesto en práctica sus tácticas de ataque. Otro grupo no identificado realizaba trayectos similares a los del ejército y el batallón Olimpia, bien vestidos y más pausados en sus movimientos, ocultaban sus miradas detrás de gafas oscuras, no serían más de veinte pero tenían bien copada la plancha de acceso mezclándose con una multitud que deseaba acceder al inmueble. Continuará.

Beto

martes, 6 de septiembre de 2022

La familia Grande 88a. entrega

“Había que acallar algunas voces.” Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Un detalle les permitió progresar rápidamente que era el mantenerse en un perfil bajo, a decir del locuaz de Eulalio, el placer estaba en manejar los hilos y no ser las marionetas. El suyo era un caso realmente intrigante para los que solían solicitar sus servicios, ya que no cualquiera metido en esos menesteres de manejar egos tanto dentro como fuera de los escenarios, se resistía a consumir “su producto” y a él nunca se le supo amorío alguno, al menos no con sus actrices ni cantantes. Decía que esa “carne” estaba reservada para otros “lobos”. Cuando Vicente contaba su historia, se limitaba a decir que su hermano había tenido demasiada suerte, pues una noche de 1913 en la que no lograban encontrarlo, estuvo en peligro de convertirse en el número “cuarenta y tres”.

Obviamente la referencia no correspondía en tiempo a la alusión de aquel episodio de 1901 que en su momento, decían, fue la vergüenza máxima del régimen de Porfirio Díaz. Lo licencioso no se le quitaría nunca, a decir de Abraham, suponía que se había juntado con gente que lo mal influenciaba y Vicente solía contestar que, en realidad Eulalio era la mala influencia para los demás, lo cierto es que el mayor no tenía idea de quién era su hermano y el menor se encargaría de que “El 43" fuera su nombre de batalla, cosa que Eulalio tomó con humor. Sus actividades “artísticas” incluyeron algún tiempo, un espectáculo de trasvestismo en donde él fue la estrella; duró poco porque entendió que ese escaparate pondría en riesgo a toda su familia, pero el gusto se dio.

En diferentes épocas, los Corcuera vieron encumbrarse a personajes como Fidel Velázquez, Javier Rojo Gómez, Leonardo Rodríguez Alcaine o Joaquín Gamboa Pascoe, líderes obreros con los que tuvieron algo que ver para que sus negocios fueran prósperos; o Emilio Azcárraga Vidaurreta que vio por su seguridad en una de tantas crisis por las que pasó la economía entre los cincuenta y los sesenta, favor que amplió el área de influencia de Eulalio, una vez tomadas las riendas del negocio televisivo por parte de Emilo Azcárraga Milmo. Sin embargo, las negociaciones más fuertes tuvo que realizarlas Abraham con un personaje que había hecho del petróleo su negocio particular, al menos en dos periodos cruciales para el país, llamado Joaquín Hernández Galicia.

En lo más álgido, el dirigente sindical puso sobre la mesa un nuevo orden, al que debían ceñirse todas las empresas que daban servicio a PEMEX; las formas de producción y distribución de esos días, distaban mucho de la automatización con la que se deseaba contar, por lo que era menester actualizar la tecnología en víspera del cambio de régimen. Díaz Ordaz quería dejar un país que el próximo presidente presumiera en el extranjero, algo que de alguna manera hizo, aunque a un costo muy alto. El cambio beneficiaría a la empresa de Abraham, pero para poder entregarle la concesión, debía primero acallar algunas voces que por esos años andaban alborotando a la juventud, a una de esas voces ya la tenían identificada, lo apodaban El Gato. Continuará.

Beto

martes, 30 de agosto de 2022

La familia Grande 87a. entrega

“Desde pequeños, Abraham tuvo que responsabilizarse
por sus hermanos” Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Y es que Abraham Corcuera creía tener la obligación de cuidar la reputación de sus hermanos, aunque su fama -incluido él- superara sus esfuerzos de mantener una imagen de honestidad y buenas conciencias; la causa de que sus hermanos Eulalio el segundo y Vicente el menor no tomaran tan en serio sus amonestaciones, era porque en alguna de sus escapadas nocturnas había desposado a la primera tiple de una reconocida revista musical que Eulalio producía, para comidilla de la alta sociedad capitalina de ese tiempo. Abraham tuvo que invertir mucho tiempo y dinero para hacer de la fama de su mujer algo respetado por todos, llegó a inventarle un pasado casi cortesano en alguna sociedad europea en la que, por mala suerte, su familia había perdido todo.

Los libros de historia se encargarían del resto, un tiempo por tergiversar los hechos y posteriormente, por su desaparición de esas páginas. La vida en esas condiciones transcurría en periodos de paz seguidos de etapas convulsionadas que le tocó a Emilio el primogénito de Abraham y orgullo del clan entero, poner remedio definitivo, lo que implicó la desaparición de un prominente periodista que estaba metiéndose demasiado en asuntos que no le concernían y la muerte de la compañera que trabajaba con él en ese momento, en la escena sólo encontraron el cuerpo de la mujer. Obviamente, todo fue silenciado y negaron toda participación, al más puro estilo de los gobiernos de ese tiempo, corría la década de los setenta.

Otro detalle que hacía célebres a los famosos hermanos era su longevidad, en ellos parecían cumplirse las proverbiales palabras “hierba mala nunca muere”, las cuales repetían continuamente para sí mismos con mucho orgullo, aseguraban que así debía ser ya que no habían sido una familia numerosa, característica que repetirían en sus propios matrimonios pero por distintas razones a las de sus padres que tuvieron que salir huyendo de España y no podían cargar con más de tres, por otro lado, su muerte prematura selló en definitiva el número de hermanos que serían eso sí, muy unidos y con un sentido de protección algo torcido. Abraham tuvo que dedicarse un tiempo a estafar turistas en París o a jugar apuestas en Bruselas con el fin de alimentar a sus hermanos.

Su llegada a México como polizones en un barco carguero en 1910, vino a abrirles posibilidades que no hubieran imaginado tener en Europa; los días convulsionados por la Revolución les obligaron a buscar adaptarse lo más pronto posible, para ello la simpatía y don de gentes de Eulalio, les consiguió gozar de los favores de varios de los “científicos” que quedaban en activo una vez terminada la dictadura porfiriana, personajes oscuros algunos de ellos que necesitaban hacerse de recursos e información para mantenerse en el gabinete de Madero, para ello estaba hecho Abraham, que sabía medir los ritmos de la ambición y los intereses que ésta crea. El equipo Corcuera funcionaba a la perfección, Eulalio concertaba citas, Abraham era el operativo y Vicente el financiero. Continuará.

Beto

martes, 23 de agosto de 2022

La familia Grande 86a. entrega

“Él y sus hermanos supieron siempre colocarse
a la sombra del poder”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La riqueza de los Corcuera se había fincado desde la Revolución, a decir de algunos miembros de la “corte” porfiriana, se trataba de una familia de advenedizos que se unieron a las filas del maderismo para ver de qué podían apoderarse, no se les reconoció nunca alguna acción bélica de trascendencia, tan sólo se sabía que habían sido muy hábiles para colocarse cerca de los personajes que iban ostentando el poder; el episodio más oscuro en el que se les ubicaba era el supuesto apoyo que brindaron a Victoriano Huerta para ejecutar a Madero y a Pino Suárez, sin que necesariamente hubieran estado presentes, algo que evidentemente ellos siempre negaron con la misma cantaleta: “¿usted cree que nuestro sentido patrio lo hubiera permitido?”.

Todos los conocidos de esa época concordaban en que el abuelo de Estévan había sido el artífice de la traición, facilitando la información a los soldados bajo las órdenes de Huerta sobre la ubicación del presidente esa fatídica noche, acción que vino a beneficiarlo con la primera de muchas concesiones que él y sus hermanos disfrutaron en el futuro colocándose siempre en las cercanías del poder, eso sí, con la habilidad de saber siempre cuál era el “bueno”; así, desde Pedro Lascuráin y Francisco Carvajal, la posición de los Corcuera se vio beneficiada con permisos para explotar minas o sembrar en terrenos que nadie reclamaba, al menos eso decían ellos, pero su golpe maestro lo dieron en 1915, estando Roque González en la silla.

Dada la premura de su interinato, parecía que el presidente González no se daba cuenta de que estaba entregando algo que en el futuro sería primordial para la industria petrolera que tenía que ver con el refinamiento del crudo, esto era la comercialización y distribución de químicos en exclusiva, la cual se haría patente a partir de 1938; los planes de expropiación, a decir de algunos, venían gestándose desde el gobierno de Álvaro Obregón, pero no se habían materializado debido a lo convulsionado que se encontraba el país entonces, sin embargo, los Corcuera tuvieron la paciencia de esperar el momento oportuno para cobrar la factura, gracias a que en el camino iban enterándose de asuntos turbios de cada uno de los candidatos y futuros presidentes de la República.

Pero el petróleo no fue lo único en lo que incursionaron, la explotación de la plata en Zacatecas y Guanajuato vio cómo la mano del menor de los hermanos hacía de las suyas gracias a que su ambición no estaba peleada con la discreción, es decir, fue lo suficientemente inteligente como para no aparecer ante ninguna autoridad como responsable de las excavaciones y manejar con mano dura a cada uno de sus prestanombres; el de en medio, más dado a la farándula, se hizo de permisos para distribuir licores en centros nocturnos de su propiedad, ideados para el solaz de políticos y empresarios, algo que don Abraham Corcuera, padre de don Emilio, nunca vio con buenos ojos, aunque más de una vez salió favorecido de esos servicios. Continuará.

Beto

martes, 16 de agosto de 2022

La familia Grande 85a. entrega

“¿De verdad creen que alguno de éstos
es responsable?” Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El nuevo día sorprendió a los dos fabricándose conjeturas sobre los enemigos que habían hecho a lo largo los años, así los encontró el Gato, se acercó sin que lo notaran y le asombró lo que habían descubierto, después del saludo matutino y el consabido café, les cuestionó sobre el hallazgo. “Hemos estado buscando mal; si alguien no quiere ser encontrado nunca aparecerá. Lo que debemos hacer es sondear a quienes están alrededor”, afirmó Ruth con autoridad. “Es algo complicado a estas alturas, ha pasado mucho tiempo”, dijo Efraín aún sin entender. “Pero no hay lucha que la que no sa hace”, respondió Saúl extendiéndole un papel que contenía una lista de nombres en la que destacaban algunos conocidos de ellos, víctimas de varios de sus trabajos.

“¿de verdad creen que alguno de éstos es el responsable de que tengamos a la policía pisándonos los talones?” increpó el Gato con un tono entre la sorpresa y la retórica. “¡Y no sólo de eso! Creo que ha estado cerca de nosotros desde siempre”, afirmó Saúl mientras Ruth asentaba con la cabeza. Efraín caminó hacia la ventana que daba a un jardín, asomó para perder la mirada en el horizonte apenas iluminado por los primeros rayos del sol; ¿sería posible que cada paso que dieron había sido vigilado, pero ¿quién habría tenido el interés y para qué? Era cierto que sus trabajos se interpusieron a prácticas deshonestas y a espionajes corporativos y que sus métodos estaban fuera de la ley, pero no consideraba que tuvieran tal importancia como para que fueran objeto de vigilancia continua.

Un nombre resaltó de entre todos, Sergio aparecía circulado como lo había sido en otras ocasiones en los que discutían su participación en muchas de las redadas en las que habían estado a punto de caer; obviamente era alguien inteligente pero por lo mismo, habían tenido el cuidado extremo de no dejar que se filtrara ninguna información en la familia, relativa a sus operaciones, pero el hecho era que su hermano adoptivo era un elemento de la policía, uno muy bueno a decir de sus superiores y quienes lo conocían. La única mancha en su expediente, era el no haber atrapado a la banda que había perpetrado tantos asaltos a prominentes empresarios capitalinos que clamaban justicia, a pesar de que los casos no tenían el suficiente sustento.

Claro, tampoco podían exigir demasiado porque lo que el gato y su grupo había entorpecido, generalmente eran actividades que salían de la legalidad y que eran por propio encargo, como lo que actualmente estaba en curso y que de pronto parecía sospechoso. Cada instante que mantenían al joven heredero de los Corcuera, éste se veía ajeno a lo que su padre les había confiado, pero ¿qué tan probable era que el gran empresario quisiera deshacerse de su hijo? La versión que el joven daba sonaba descabellada en algunas de sus partes, como sacadas de una novela de intrigas; justo la lista se cerraba con el nombre del prominente empresario, Saúl y Ruth dejaron ver sus dudas al respecto de que el trabajo que les encomendó fuera tan inocente como un simple castigo. Continuará.

Beto

martes, 9 de agosto de 2022

La familia Grande 84a. entrega

“¿Qué tal si he buscado en la dirección contraria?”
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Algunas otras cosas no encajaron durante el tiempo que duraron los trámites, por ejemplo, la insistencia de un detective judicial de realizar la autopsia y la rotunda negativa del médico a realizarla, una lucha de egos se dijo en su momento; el repentino interés de Saúl de revisar las pertenencias de su madre, principalmente de las libretas que usaba para apuntar sus pendientes, porque no usaba agendas pues decía que no quería que otros controlaran su tiempo y un número telefónico anotado en el pequeño block a un lado del aparato. El impulso guardarlo emergió en Saúl desde el fondo de sus entrañas y, para no perderlo u olvidarlo, mandó hacer una sencilla esclava en la que le grabaron con él la parte interior. Claro que muchas veces trató de comunicarse, pero sólo tenía como respuesta el timbre de llamada.

“¿A dónde te fuiste? Llevas allí sentado más de una hora sobándole a la esclava”, preguntó Ruth un tanto intrigada. “Nada en realidad. Al menos nada que la paciencia no supere”, contestó Saúl que parecía haber envejecido varios años en pocos minutos. “Volviste a Austria ¿no? ¿Hasta cuándo vas a dejar de culparte? No podías haber estado en dos lugares a la vez”. El tono maternal que estaba usando la mujer logró acentuar la nostalgia que Saúl sentía en ese momento, los ojos se le rasaron con lágrimas que tomaron un sabor extraño, de ésas que salen una vez cada mucho tiempo. “¿Es por tu madre o por otra cosa?” “Son muchas, tantas que ya no sé a qué poner atención”. “No, esa mirada no es por lo que se fue, sino por lo que pudo haber sido. La conozco perfectamente.

Nunca debí contarte lo que viví en Austria, sabes demasiado de mí”. “Sólo lo suficiente para cuidarte las espaldas, viejo cascarrabias”. Rieron con la complicidad que de el trato prolongado y cercano. “Aún la extrañas”. “¿ A quién te refieres?” “¿De verdad quieres jugar conmigo? Bien sabes que a la ‘güera’”. “Por supuesto, después de tantos años pareciera que la esperanza no ha muerto”. “Yo que tú no dejaría de buscar”. “Eso es lo que he hecho, aún conservo los datos del restaurante y de la casa donde vivía, pero es como si la tierra se la hubiera tragado. No entiendo cómo alguien puede desaparecer de esa manera; la única vez que pude volver, ya nadie sabía de ella y ni siquiera quedaba alguno de sus compañeros de trabajo”. “¿Y es cierto que nunca supiste su nombre?” “Sí, fue la mayor estupidez de mi vida”.

“Estúpido o no, a mí me parece muy romántico, más la parte en la que pareciera que se ha ocultado para que la encuentres”. “Un juego demasiado cruel ¿no crees?” “Bueno, a menos que no lo hubiera planeado y la forzaran a alejarse de ti”. “Suena a telenovela, ¿quién tendría in..?” Detuvo en seco la interrogante, de pronto varias cosas parecían encajar. “¿Qué tal si he buscado en la dirección contraria? ¿Y si todo lo negativo que nos ha pasado tuviera algo que ver?” “¿Lo crees?” “Así las cosas tendrían lógica; las muertes, los secuestros, la supuesta suerte. Alguien ha tenido que ver con todo esto”. La convicción en sus palabras puso en alerta a Ruth que no alcanzaba a entender a qué se refería exactamente, además ¿quién tendría el interés o el poder de hacerles daño de esa manera? Continuará.

Beto

martes, 2 de agosto de 2022

La familia Grande 83a. entrega

“Tomó la mano de la mujer que lo había hecho
todo por él”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En el aeropuerto ya lo esperaban Efraín y Luis, ambos con un semblante poco promisorio; trataron de calmarlo diciéndole que la familia del Gato la cuidaba mientras el papá de Luis proveía de lo necesario para su mantenimiento. a todo decía que sí, pero sus pensamientos iban y venían de una imagen catastrófica a otra, en su interior deseaba con todas sus fuerzas que su madre se compusiera pero en el fondo sabía que sería muy difícil que eso sucediera. Tan ensimismado estaba, que no se dio cuenta a qué hora llegaron a su casa, esto le sorprendió pues suponía que estarían atendiéndola en algún hospital, a lo que le aclararon que ése no era el deseo que su madre había externado, puesto que deseaba morir, si es que eso sucedía, de la manera más digna posible, sin que tuvieran que entubarla ni conectarla a alguna máquina.

El impacto fue tremendo, aquella mujer otrora vigorosa y llena de planes estaba reducida a un pequeño bulto que apenas ocupaba una porción de la cama matrimonial, regalo de los abuelos paternos de Saúl cuando recién se había casado con su padre; casi saltando sobre un taburete, se acercó y tomó la mano de la mujer que se había abocado a su cuidado sin restricciones y que, aunque nunca rompió relaciones con su familia política, no recibió ayuda de ellos, así que tuvo que vérselas sola en un mundo que pasaba por la transición de tener lástima por las mujeres abandonadas a la de aceptar que hay relaciones que simplemente terminan sin razón aparente. Y allí estaba, tratando de consolar a su hijo en el cual había depositado sus esperanzas de tener el mejor de los futuros posibles.

Los sentimientos encontrados provocaron que las palabras se hicieran nudo en la garganta del muchacho; por un lado su escepticismo le decía que ahí terminaba todo y por otro, la gran religiosidad de la mujer le obligaba a mostrar respeto y esperar de verdad que fuera al lugar que ella le había platicado desde niño que iban las almas que partían de este plano. La tristeza de no volver a verla y la alegría de que partiría conforme con lo que había logrado, le creaban imágenes contradictorias en la cabeza a Saúl. Su madre extendió la mano hacia su frente con la señal de la cruz y con la mirada indicó a Efraín y a Luis que se acercaran también para recibir la bendición; no hubo en la vida de esos tres, una escena más conmovedora que ésa en que la moribunda reiteraba su alegría de verlos como hermanos.

Como un relámpago, el último suspiro recorrió de su rostro a su mano dando un apretón que Saúl atesoró por todos los días de su propia vida, pero aún antes tuvieron tiempo, él para agradecerle todo lo que había hecho y ella, para recomendarles que extremaran precauciones y se cuidaran mucho en ese trabajo extraño que emprendían juntos; pasó el muchacho su palma sobre los ojos de la mujer, en silencio le reiteró su promesa de ser precavido y velar por los demás. Una extraña tranquilidad lo invadió, dibujó su rostro una leve sonrisa, besó loa mano de su madre y dirigiéndose a Efraín, pidió que se hiciera cargo de los detalles funerarios mientras él, en compañía de Luis, escogía la vestimenta con la que enterrarían el cadáver. Pero antes, buscó algo en los cajones del buró, con cierta prisa. Continuará.

Beto

martes, 26 de julio de 2022

La familia Grande 82a. entrega

“Esas observaciones lo hacían más metódico”.
Foto: BAER
Irapuato, Gto.- Si Efraín se hubiera enterado de sus pensamientos en ese instante, seguramente le diría que le pasaba lo mismo que a la lechera de la fábula, que en el camino al mercado ya tenía comprados una serie de animales y una granja donde meterlos y aún no vendía ni un litro de leche, pero estaba seguro que a él no se le caería el bote ni dejaría sus sueños a la mitad. Por el contrario, confiaba en que la sinceridad de la mirada de la güerita le garantizaría al menos, que lo pensaría y ¿por qué no? que aceptara su propuesta aunque fuera para probar. La esperanza lo mantenía optimista y jovial, su rendimiento en clases aumentó de la misma manera que sus calificaciones, lo que le garantizaba la extensión de la beca o la oportunidad de pedir otra.

Saúl mismo se sorprendió de sus propios pensamientos, nunca había considerado una vida matrimonial, bueno, ni siquiera que en algún momento fuera a tener la suerte de atraer a alguna mujer, pero allí estaba, en un país extraño apoyado por dos individuos que prácticamente acababa de conocer y siendo partícipe de la vida de una beldad europea; al paso de las semanas, la relación fue fortaleciéndose y el celo de los compañeros meseros de ella desapareció dando lugar a un trato muy familiar para con el mexicano que con ello, se veía como un reconquistador del “penacho” de Moctezuma, algo que a todos les hizo gracia hasta que, con un gesto serio Saúl les comentó un plan para robarlo y regresarlo a México. El estupor los aplastó por unos segundos y entonces tuvo que aclararles que era una broma.

Lejos estaba de imaginar que el esquema que había ideado, le serviría como base para los futuros asaltos que llevaron a cabo en los años siguientes, por algo insistía en visitar los museos de la ciudad y comer o pasear por sus alrededores. Esas salidas le permitieron trabajar en la tesina que presentaría como trabajo final, por supuesto, disfrazado de un sistema de seguridad para recintos de alta gama manejados por ordenadores electrónicos, una especie de sistema inverso de protección. Sólo a su virtual mujer le comentó sus ideas, las que ella tomó de buen humor puesto que ese mismo esquema mental le proporcionó una forma muy imaginativa de producción artística y le pidió autorización para usar su metodología en su propio trabajo de la carrera, algo que llenó de orgullo al muchacho.

Esas observaciones le hicieron más metódico, más que el propio trabajo en la universidad a la que asistía y todo hubiera sido placentero hasta que recibió un telegrama que le indicaba que debía presentarse en México con carácter de urgente debido a la repentina precaria salud en la que se encontraba su madre. El sobresalto fue mayúsculo y sólo tuvo tiempo de dar aviso a la escuela, despedirse de sus amigos y su novia y tomar el vuelo de regreso a México; fueron las catorce horas más angustiantes que había vivido hasta ese momento y únicamente pensaba en llegar para poner solución inmediata a la situación de su progenitora. Confiaba en ello y en cumplir la promesa de regresar a Austria a la brevedad para casarse con su “güerita”, aunque poco espacio le quedaba en la cabeza para pensar en eso. Continuará.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...