martes, 16 de agosto de 2022

La familia Grande 85a. entrega

“¿De verdad creen que alguno de éstos
es responsable?” Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El nuevo día sorprendió a los dos fabricándose conjeturas sobre los enemigos que habían hecho a lo largo los años, así los encontró el Gato, se acercó sin que lo notaran y le asombró lo que habían descubierto, después del saludo matutino y el consabido café, les cuestionó sobre el hallazgo. “Hemos estado buscando mal; si alguien no quiere ser encontrado nunca aparecerá. Lo que debemos hacer es sondear a quienes están alrededor”, afirmó Ruth con autoridad. “Es algo complicado a estas alturas, ha pasado mucho tiempo”, dijo Efraín aún sin entender. “Pero no hay lucha que la que no sa hace”, respondió Saúl extendiéndole un papel que contenía una lista de nombres en la que destacaban algunos conocidos de ellos, víctimas de varios de sus trabajos.

“¿de verdad creen que alguno de éstos es el responsable de que tengamos a la policía pisándonos los talones?” increpó el Gato con un tono entre la sorpresa y la retórica. “¡Y no sólo de eso! Creo que ha estado cerca de nosotros desde siempre”, afirmó Saúl mientras Ruth asentaba con la cabeza. Efraín caminó hacia la ventana que daba a un jardín, asomó para perder la mirada en el horizonte apenas iluminado por los primeros rayos del sol; ¿sería posible que cada paso que dieron había sido vigilado, pero ¿quién habría tenido el interés y para qué? Era cierto que sus trabajos se interpusieron a prácticas deshonestas y a espionajes corporativos y que sus métodos estaban fuera de la ley, pero no consideraba que tuvieran tal importancia como para que fueran objeto de vigilancia continua.

Un nombre resaltó de entre todos, Sergio aparecía circulado como lo había sido en otras ocasiones en los que discutían su participación en muchas de las redadas en las que habían estado a punto de caer; obviamente era alguien inteligente pero por lo mismo, habían tenido el cuidado extremo de no dejar que se filtrara ninguna información en la familia, relativa a sus operaciones, pero el hecho era que su hermano adoptivo era un elemento de la policía, uno muy bueno a decir de sus superiores y quienes lo conocían. La única mancha en su expediente, era el no haber atrapado a la banda que había perpetrado tantos asaltos a prominentes empresarios capitalinos que clamaban justicia, a pesar de que los casos no tenían el suficiente sustento.

Claro, tampoco podían exigir demasiado porque lo que el gato y su grupo había entorpecido, generalmente eran actividades que salían de la legalidad y que eran por propio encargo, como lo que actualmente estaba en curso y que de pronto parecía sospechoso. Cada instante que mantenían al joven heredero de los Corcuera, éste se veía ajeno a lo que su padre les había confiado, pero ¿qué tan probable era que el gran empresario quisiera deshacerse de su hijo? La versión que el joven daba sonaba descabellada en algunas de sus partes, como sacadas de una novela de intrigas; justo la lista se cerraba con el nombre del prominente empresario, Saúl y Ruth dejaron ver sus dudas al respecto de que el trabajo que les encomendó fuera tan inocente como un simple castigo. Continuará.

Beto

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