martes, 25 de agosto de 2026

La amabilidad personificada

Un antihéroe debe equilibrar sus acciones
con sus intenciones. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Naturaleza pródiga. El andar por este mundo suele proveernos de material explotable para un texto interesante, hay paisajes rurales, paisajes urbanos, caminos empedrados, boscosos o puertos que encienden nuestra imaginación para poner en ellos a los personajes más fantásticos que puedan ocurrírsenos pero, ¿qué hacer cuando la misma vida nos ofrece personajes que lo tienen todo? Sí, es cierto que todo lo que hay en el mundo es literariamente modificable, sin embargo, cuando nos encontramos que está prácticamente completo, duele un poco el pensar que hay el riesgo de que, al modificarlo, tergiversemos su esencia o la imagen que tenemos de él; un personaje merece respeto, como si de una persona real se tratara, si ésta vive, con mayor razón.

2. La bendita tentación. Si alguna vez han estado frente a un objeto geométricamente perfecto, como un círculo o una esfera, seguramente los invadió la tentación de tocarlo o manipularlo, si es que no pasamos los límites del respeto; en el mundo de la literatura, esos límites se ensanchan hasta permitirnos pensar en cambiar la esencia de algo o alguien que parece bueno, es decir, es casi irresistible que nos encontremos con un personaje que sea todo bondad e imaginar que lo cambiamos por el puro gusto de darle un giro a la historia. Claro que se debe tener cuidado de no caricaturizarlo y darle un contexto coherente para que el interés no se pierda; es imprescindible tener una idea clara del final del texto, para ir hacia allá sin contratiempos.

3. Sí los hay. Trabajando para ING Seguros tuve la suerte de conocer a un señor que en todas las formas posibles era muy amable, además de justo en su trato a las personas que trabajábamos allí, así como a los clientes y visitantes; en el argot ejecutivo se decía que era «toda una dama» por su don de gente y su trato tan diligente. En algunas ocasiones (pocas para mi gusto) tuve la oportunidad de hablar con él, mientras esperábamos que iniciara el horario de trabajo; yo acomodaba en mi portafolio las pólizas que debía llevar a quienes las habían contratado el día anterior y él disponía todo su «arsenal» para dar la bienvenida y atender a los clientes, su búnker-atril siempre se mantenía impecable, así como su traje, el cual portaba con el orgullo de un lord inglés.

4. Ahí está la oportunidad. Lo que más lamento es no recordar su nombre, síntoma inequívoco de que debo empezar a realizar ejercicios de mnemotecnia; por el lado bueno, el no recordar su nombre me abre un panorama amplio para inventarme uno y no comprometer a la persona real en el proyecto que iniciaré en estos días. Imagínense a un hombre con una imagen intachable con un oscuro pasado que ha traído al presente por dudosas intenciones, lo que no deja claro si sus acciones se vincularán a la maldad o a la justicia. Es posible que el personaje resultante tenga el mismo atractivo que el de un infante maligno en las películas de terror; un personaje así de contradictorio debe tener un montón de características que nos permitan odiarlo y quererlo a la vez. Salud.

Beto

martes, 18 de agosto de 2026

La persistencia de la memoria

La foto no es sólo una imagen, es el recuerdo
de que estuvimos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Decidir qué guardar. Si fuera posible enumerar cada aspecto de nuestra vida donde uno sería el más importante y la secuencia nos indicaría los que la van perdiendo, ¿qué pondríamos en los primeros diez lugares? ¿Dividiríamos los temas en comedias y tragedias? ¿En laborales y lúdicas? Posiblemente decidiríamos darle prioridad a lo que nos impresionó más; Llevamos cincuenta y tres años recordando una tragedia que nos marcó definitivamente, mucho más que el evento semejante del setenta y seis, posiblemente por la cantidad de personas afectadas y las circunstancias de cada uno pues del primero se rumoraba que, por proteger unos sembradíos (posiblemente de drogas), se desviaron las aguas de las tres presas existentes en ese año; del segundo, no hubo tanta información al respecto.

2. Los formatos útiles. Todo lo creado hasta la fecha sirve, salvo aquello que ha dejado de producirse, pero cintas como los cassettes, el VHS o los dispositivos actuales como discos duros y memorias USB, se mantienen como buenas opciones para guardar datos de todo tipo sin haber problema en el corto plazo por que vayan a desaparecer, ahí está el caso de los discos de vinil para los que han vuelto a venderse tornamesas, incluso con motivos antiguos; el caso es que vamos a usar los formatos que nos resulten pertinentes, es decir, sería absurdo conservar cartuchos V8 cuando sabemos que ya no se producen las aparatos para ellos, sin embargo, conservar cassettes o CDs es entendible porque seguramente algunos tendremos esos reproductores en casa.

3. Temas adecuados. Cuando elegimos qué contenidos guardar, también tomamos en cuenta la durabilidad del recipiente que lo contendrá o si es al revés, los datos que meteremos a un formato cuya duración será amplia, deberán ser muy importantes; en estos días, las memorias USB tomaron relevancia dado que vinieron a suplir a discos compactos y cintas magnéticas con una mayor dosis de capacidad y portabilidad y dado que ahora casi todo puede ser convertido a datos, sólo debemos elegir qué capacidad queremos comprar. Los antiguos reproductores están haciéndose a un lado debido al uso de esas memorias, sólo hay que saber si los controles de sus reproductores son sencillos de manipular, pero como en todo, eso es cuestión de acostumbrarse.

4. Seguimos siendo. Los humanos cambiamos de fisonomía y comportamiento, quizá por ello nuestra necesidad de tener memoria sobre lo que hicimos y a dónde fuimos, para saber que mantenemos algo a lo que podamos llamar esencia; con una foto reconocemos nuestros rasgos faciales, con una grabadora de audio registramos nuestras modulaciones, con el video constatamos que mantenemos nuestros movimientos... a otro ritmo, pero lo mantenemos. Registramos para comprobar que estuvimos, que tocamos, que escuchamos, que probamos, que fuimos y seremos, puesto que a pesar de lo que dejamos, mantenemos mucha parte de nuestras cosas y las personas que ayudaron a conformar lo que somos y a mantenerlo así, hasta que hayamos partido sin importar quién se lo quedó. Salud.

Beto

martes, 11 de agosto de 2026

Buena forma de ser yo

Versátil y consistente, casi como yo.
Foto: BAER vía Meta AI
Irapuato, Gto.-

1. Razón simple. Como muchos en esta vida, vuelco mi narcisismo en la cocina, pero antes de meter la pata hasta el fondo, les diré que no soy buen cocinero, por lo cual sólo lo hago en contadas ocasiones para alguien más; aclarado el punto, continúo. No tengo una idea clara de la razón que mueve a los demás a utilizar el arte culinario para verse reflejados en él, pero para mí tendría que ser la manera más inocua que encontré, para no lastimar ni molestar a los demás. No, tampoco creo que lo haga por ser buena persona, sólo creo que de esta manera tengo menos conflictos al no obligarme a explicar demasiado el porqué lo hago; el caso es que me gusta cocinar a pesar de mis limitaciones y lo poco que domino, me sale aceptablemente rico.

2. Recetas a ultranza. Como mencionaba anteriormente, mi talento culinario es limitado, lo que no me impide interesarme en el funcionamiento no mecánico de aparatos y herramientas, es decir, de cómo ser utilizadas para lograr efectos como el turrón, la cristalización con azúcar o el sofrito de vegetales o pastas. Para que esto suceda me apoyo en un buen número de recetas no muy complicadas que satisfacen tanto mi curiosidad como mis antojos (que son relativamente pocos), que además me acercan a una tradición de la cual las mujeres (y algunos hombres) de mi familia son representantes dignas junto con algunas amigas y conocidas. La razón por la que no menciono es que, al no sentirme tan seguro de utilizar mi imaginación para improvisar, debo seguir un guion a la fuerza.

3. Un mundo muy amplio. Un simple plato de fideos guarda toda la tradición que el mestizaje transformó en la «cocina mexicana» y que crea en cada uno de nosotros una serie de imágenes representativas de nuestra propia identidad, porque las formas de presentación tienen el sello de cada mano que las hizo, en él un solo ingrediente (el jitomate) cambia la fisonomía y el sabor de esas tiras de harina es cómo se va a mezclar, si en trocitos o molido, si crudo o hervido y cuanta fórmula descubra nuestra imaginación; lo mismo podríamos decir de pastas más elaboradas como los tallarines o el spaguetti. Lo cierto es que lo que yo pueda decir sobre la cocina es infinitamente poco, el caso es que me parece muy interesante descubrir cosas, aunque parezcan obvias.

4. La vieja confiable. Hace muy poco descubrí que al huevo le gusta la mala vida; yo trataba de consentirlo cocinándolo a fuego lento y resulta que hay que tratarlo con toda la flama abierta para que quede como debe ser, su versatilidad es algo que me gustaría tener, algo así como el poder de adaptarme a las circunstancias como esa gran célula tiene. En lo que a mí respecta, no he encontrado una forma de prepararlo que me desagrade, por el contrario, cada vez le encuentro maneras que me sorprenden, desde los tradicionales huevos estrellados o revueltos, hasta una buena tortilla española, pasando por las exóticas migas con queso, por supuesto, hablo de lo que en mi limitada cocina puedo hacer o de lo que mi entendimiento dé. Salud.

Beto

martes, 4 de agosto de 2026

La tradición siempre se impone

Todos transitamos el mismo camino.
Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Necesitamos cambiar. Cambiamos sin que nos demos cuenta, pero solemos forzarnos a hacerlo porque a alguien se le ocurrió que sería bueno ir más rápido cada vez; desde el famoso «renovarse o morir» que yo escuché en el teatro de la década de los setenta, la idea de mantenernos iguales ha causado cierto escozor en una buena parte de la sociedad que ha transformado epítetos como  viejo, pasado, inmóvil, ¡tradicional!, como algo terrorífico que hay que erradicar lo más pronto posible, a riesgo de que al no hacerlo, nos anquilosaremos sin remedio. Sin embargo, algunos nos preguntamos, si algo funciona bien, ¿por qué cambiarlo? Ahora bien, ya debimos darnos cuenta de que los dichosos cambios no son tales, sino sólo adaptaciones de lo que otros hicieron en años pasados, debido a la premura.

2. El atractivo pasado. Irremediablemente todos volteamos la vista atrás, por diferentes motivos y en distintos momentos, el caso es que nos atraen las cosas hechas en tiempos en que nuestra razón aún no deambulaba libremente por esos caminos del señor. Algunas herramientas que han soportado el paso del tiempo, sólo han cambiado su apariencia externa, pero su estructura básica se mantiene intacta así como la de máquinas simples como los ventiladores, los sacapuntas o las pinzas para la ropa y siguen cumpliendo su cometido sin error, salvo que tengan algún defecto de fábrica. Por desgracia, la tendencia actual es invertir en materiales con una fragilidad mayor que no nos permite comprar refacciones para arreglar las cosas como en el pasado.

3. Los caminos cruzados. Los conceptos se encuentran en un punto donde debemos decidir si somos partidarios del cambio continuo o del mantenimiento de los materiales que tenemos a la mano, a veces esa confrontación se da en los procesos en los que, por costumbre o cultura, nos resistimos a abandonar por una razón muy simple: lo que confrontamos en nuestra cabeza es el sentimiento contra la utilidad, uno que busca hacer entrañable todo objeto que cae en nuestras manos, como lo sería un portarretratos que nos costó mucho comprar y al que le colocamos una foto de una persona a la que queremos mucho, una herramienta que nos dio un abuelo o la receta de la abuela. La utilidad es práctica, pues lo que ya no sirve, debe tirarse porque estorba.

4. Lo nuevo se vuelve viejo. En el final del camino, los objetos que nos hicieron parecer «modernos», envejecerán más rápido o junto con nosotros, eso depende de lo que pretendamos de nuestro quehacer en este mundo; si envejecen antes y nuestra valoración es que lo viejo se vuelve inservible, buscaremos otros objetos que vuelvan a hacernos sentir renovados, si las cosas envejecen con nosotros, siempre tendrán un propósito y será difícil deshacernos de ellas; puede ser costumbre o una tendencia a reciclar las cosas, pero suele ser muy satisfactorio el encontrarle una segunda oportunidad a los objetos que nos fueron útiles en algún momento, aunque es un rasgo que tomamos como el pretexto fundamental, nosotros los acumuladores compulsivos, para sentirnos completos. Salud.

Beto

Como hacer zapatos

Vender libros es como con los zapatos. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. E l diseño. Tener una idea y pensar que es viable el plasma...