martes, 4 de agosto de 2026

La tradición siempre se impone

Todos transitamos el mismo camino.
Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Necesitamos cambiar. Cambiamos sin que nos demos cuenta, pero solemos forzarnos a hacerlo porque a alguien se le ocurrió que sería bueno ir más rápido cada vez; desde el famoso «renovarse o morir» que yo escuché en el teatro de la década de los setenta, la idea de mantenernos iguales ha causado cierto escozor en una buena parte de la sociedad que ha transformado epítetos como  viejo, pasado, inmóvil, ¡tradicional!, como algo terrorífico que hay que erradicar lo más pronto posible, a riesgo de que al no hacerlo, nos anquilosaremos sin remedio. Sin embargo, algunos nos preguntamos, si algo funciona bien, ¿por qué cambiarlo? Ahora bien, ya debimos darnos cuenta de que los dichosos cambios no son tales, sino sólo adaptaciones de lo que otros hicieron en años pasados, debido a la premura.

2. El atractivo pasado. Irremediablemente todos volteamos la vista atrás, por diferentes motivos y en distintos momentos, el caso es que nos atraen las cosas hechas en tiempos en que nuestra razón aún no deambulaba libremente por esos caminos del señor. Algunas herramientas que han soportado el paso del tiempo, sólo han cambiado su apariencia externa, pero su estructura básica se mantiene intacta así como la de máquinas simples como los ventiladores, los sacapuntas o las pinzas para la ropa y siguen cumpliendo su cometido sin error, salvo que tengan algún defecto de fábrica. Por desgracia, la tendencia actual es invertir en materiales con una fragilidad mayor que no nos permite comprar refacciones para arreglar las cosas como en el pasado.

3. Los caminos cruzados. Los conceptos se encuentran en un punto donde debemos decidir si somos partidarios del cambio continuo o del mantenimiento de los materiales que tenemos a la mano, a veces esa confrontación se da en los procesos en los que, por costumbre o cultura, nos resistimos a abandonar por una razón muy simple: lo que confrontamos en nuestra cabeza es el sentimiento contra la utilidad, uno que busca hacer entrañable todo objeto que cae en nuestras manos, como lo sería un portarretratos que nos costó mucho comprar y al que le colocamos una foto de una persona a la que queremos mucho, una herramienta que nos dio un abuelo o la receta de la abuela. La utilidad es práctica, pues lo que ya no sirve, debe tirarse porque estorba.

4. Lo nuevo se vuelve viejo. En el final del camino, los objetos que nos hicieron parecer «modernos», envejecerán más rápido o junto con nosotros, eso depende de lo que pretendamos de nuestro quehacer en este mundo; si envejecen antes y nuestra valoración es que lo viejo se vuelve inservible, buscaremos otros objetos que vuelvan a hacernos sentir renovados, si las cosas envejecen con nosotros, siempre tendrán un propósito y será difícil deshacernos de ellas; puede ser costumbre o una tendencia a reciclar las cosas, pero suele ser muy satisfactorio el encontrarle una segunda oportunidad a los objetos que nos fueron útiles en algún momento, aunque es un rasgo que tomamos como el pretexto fundamental, nosotros los acumuladores compulsivos, para sentirnos completos. Salud.

Beto

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