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| Los universos se vuelven uno. Foto: BAER |
1. Elitismo y no. La novela caballeresca, además de la aventura, dejó establecidas las formas en las que el español debía escribirse y hablarse, que halló su cumbre en la obra de Miguel de Cervantes; por supuesto, no nos expresamos de esa forma actualmente puesto que la costumbre, la ignorancia y el suavizar algunos vocablos, han traído como consecuencia que cada región del mundo hispano haya evolucionado por su lado, lo que implica que nos entendamos en lo general, sin embargo, hay particularidades que nos hacen detenernos al no quedarnos clara alguna expresión. «Sea por lo que fuere -dijo Don Quijote-; que más fío de tu amor y de tu cortesía; y así, has de saber que esta noche me ha sucedido una de las más extrañas aventuras que yo sabré encarecer...».
2. Agua quemada. Aunque venga de la pluma de un citadino cosmopolita, su intento de retratar el campo mexicano post revolucionario mediante acciones simples y cotidianas del general Vicente Vergara o las ocurrencias de doña Manuelita o esas «excentricidades» de Federico Silva en las noches de una ciudad que sólo dormita cuando está a punto de amanecer o el día con día de una colonia en una zona marginada que ha tenido que mejorar por sus medios, ponen los cuatro apartados una luz sobre lo que otros hacen para pasar el tiempo en lugares distintos geográficamente, pero muy similares pues el fondo es el mismo, un abandono por un pobre entendimiento o la mala interpretación de las propias realidades; del campo a la ciudad, sólo cambian los entramados sociales, pero la esencia es la misma.
3. Como agua para chocolate. Alguna vez pensé que había una fascinación inexplicable de muchos escritores mexicanos por retratar al campo de principios del siglo XX nacional, hasta que me di cuenta de que eso era una tendencia en los cincuenta, pero que bien visto, de alguna manera todos teníamos antecedentes rurales. Quizá no igual, pero habremos tenido un pariente como Tita, destinada a cuidar a su madre cuando ésta envejeciera por el simple hecho de ser la menor de las hijas; no sé si esa costumbre haya estado muy extendida o si aún existe o si sólo fue ficción emanada de la mente de Laura Esquivel, lo que me pone a pensar es ¿cómo alguien puede ocurrírsele fijar un destino a otro ser, sin importarle las consecuencias de una decisión así, por mucho que se le deba la vida?
4. El nombre de la rosa. Acostumbrarnos a lago requiere de un proceso, repetitivo y constante para poder realizar mecánicamente y para que parezca natural; para empezar, la vida en un monasterio debió ser declarada antinatural, dado que la vida en comunidad se da combinada, hombres y mujeres, segundo, un voto de silencio podría ser un placer para aquellos que no ven razón al hablar constantemente, pero un verdadero tormento para quien no pueda callar. Por último, matar, aunque sea por una idea, es condenable en cualquier instancia y todo lo anterior sucede en un espacio medieval que seguramente sentó las bases para que creamos que así ha sido toda la vida, ¡ah! No me refiero a la novela, sino a la creación de monasterios y conventos en los que la vida parece tener muchos secretos. Salud.
Beto

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