martes, 10 de febrero de 2026

Los escribanos

Avanzará la tecnología, pero el escribano
será igual. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Elitismo y no. Posiblemente el escribano actual tenga su origen en los escribas, esos curiosos personajes encargados de transcribir y conservar las sagradas escrituras; si recordamos que los menesteres religiosos y políticos estuvieron ligados desde la antigüedad hasta el siglo XIX, entenderemos la liga entre los profesionales de la pluma, pues ambos dan fe y legalidad a lo que tienen anotado, uno en libros sagrados y el otro en libros legales. Pudiera pensarse que serían y son personas de privilegio, lo que posiblemente sea en el sentido del manejo de cierta información, sin embargo, con la aparición de la imprenta, el escriba desapareció o cambió su forma de trabajo y el escribano debió mecanizar el suyo quitándose de ese halo de dignidad real, pasando a ser un artesano de la escritura de contenido legal.

2. Servicios públicos directos. Era fascinante ver en la plaza de Santo Domingo, a toda hora del día, a los llamados «evangelistas», emulados por el mimo de México, Mario Moreno en la película de 1976 «El ministro y yo», donde lo más curioso es que cambia el nombre y dirección de un destinatario, lo pasa de Jacinta Cabañas, calle del Cañón # 150 a Jacinta Jacales, calle del Rifle # 150, porque su máquina era gringa y no tenía «ñ», pero si ponía las comas y las tildes a mano, ¿por qué no las virgulillas? Con ello comienza a satirizar a los servidores públicos sobre lo que dicen qué pueden y qué no pueden hacer, así el evangelista se proponía como un facilitador de trámites antes de la aparición de los nefastos «coyotes», que com idea eran buenos, pero en la práctica no eran deseables.

3. Adaptados a la tecnología. A veces, sin que nos lo propongamos, dejamos pasar a la nostalgia a que aderece nuestros recuerdos y la muy canija acepta y parece sentar sus reales por un buen tiempo, distrayéndonos del presente; no hacen falta sesiones espiritistas, basta con un detalle para detonar escenas completas de una película que jamás volverá a rodarse; salía yo, una extrañamente fría mañana de las oficinas de rentas en la ciudad de León, Guanajuato, cuando al tocar la banqueta casi tropiezo con un cable que casi recorría quince metros del concreto a mis pies, lo extraño no era la longitud de dicho cable, sino en dónde iba a parar. En plena calle, haciendo alarde de la tecnología existente, un moderno evangelista alimentaba su ordenador y una impresora portátiles.

4. De incógnito. Lo más sorprendente del asunto, no sé si por la novedad o por el manejo que tenía de los formatos en la pantalla, es que había una fila igual de larga en espera de ser atendida. Me detuve unos segundos a observar la escena por curiosidad y porque esperar a que el semáforo de la esquina de Juárez y 5 de febrero se pusiera en verde; no alcancé a descubrir qué programa estaría usando ni de dónde estaba tomando la electricidad, pero imagino que ambas cosas se las prestarían o habría pagado alguna especie de renta, pues la línea naranja salía de algún lado de las oficinas y él no era empleado en ninguna de ellas y los formatos le salían cadi perfectos en su impresión. Como la impresión que me llevé al ya no verlo allí después de un tiempo. Salud.

Beto

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