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| Vender libros es como con los zapatos. Foto: BAER vía Meta AI |
1. El diseño. Tener una idea y pensar que es viable el plasmarla, tiene el encanto de la sorpresa puesto que es un momento en que la lucidez se digna a brindarnos unos minutos para ordenar y dar forma a las imágenes que van apareciendo en nuestra cabeza, a veces como un todo al que sólo hace falta realizarlo y en otras ocasiones, en partes que debemos ensamblar cuidadosamente para que quede exacta. Si es la primera opción, la escritura semeja a la manufactura de un mocasín en la que a la pieza única que conforma el empeine, los laterales y el talón, sólo debe juntársele con su soporte (la suela y el tacón) mediante unas costuras simples, pero si vamos por la segunda, el juego se diversifica al integrar suajes, costuras elaboradas y troqueles que vendrán a dar una variedad casi sin límites.
2. La manufactura. Tanto la escritura como la encuadernación son oficios que tienen los principios de cualquier otro, incluido el zapatero; la concentración es primordial porque en una parte está el riesgo de escribir una incoherencia o recibir un pinchazo en la otra. Por el uso de instrumentos con las manos, la encuadernación sin máquinas puede considerarse un trabajo artesanal en el que lo más valioso e importante, es sacar piezas únicas aunque sean muy parecidas entre sí. Los modelos tienen que seguir un machote que permite cambios de estética solamente, ya que la mecánica para leerlas es la misma desde su creación, siguiendo los parámetros de formación de páginas con tipografías, tipos de papel, calidad de las tapas y aquello que las haga más llamativas.
3. La distribución. En esta parte es donde la escritura y la fabricación de zapato se parecen más; podemos haber fabricado algo novedoso, llamativo, que nos quede a la perfección o que nos inspire a ir más allá de lo que teníamos planeado en un principio, todo para darnos cuenta de que su desaparición o presencia en las estanterías, dependen del gusto cambiante del consumidor, pues casi no existen campañas publicitarias para libros ( ni para zapatos) y la recomendación de boca en boca es muy personal ya que la lectura no es un artículo de cocina; por lo tanto, las librerías no compran tirajes, los ponen a consignación y dependiendo del movimiento de la obra, solicitarán o no la presencia de más unidades en su estantería. Lo peor del caso es que en ellas no hay una persona dedicada a recomendar los libros, eso no está remunerado.
4. Lo difícil, la venta. Desde esa imagen que de niño me quedó de los vendedores de enciclopedias que ibas de casa en casa ofreciendo las obras más recientes de las casas editoriales, hasta mis intentos de vender seguros y casas (que prácticamente tienen la misma mecánica), tuve este proceso mental maravilloso en el que me di cuenta de los beneficios que tiene la interacción entre dos seres humanos, uno por tratar de convencer a su interlocutor de que intercambie su dinero por un producto y el otro, por no dejarse porque está convencido a su vez, de que la contraparte no lo hace por ser buena persona, de ahí mi entendimiento de que los fenómenos comunicacionales me representan un motivo de teorización y las ventas... pues nunca han sido lo mío. Salud.
Beto










