1. Razón simple. Como muchos en esta vida, vuelco mi narcisismo en la cocina, pero antes de meter la pata hasta el fondo, les diré que no soy buen cocinero, por lo cual sólo lo hago en contadas ocasiones para alguien más; aclarado el punto, continúo. No tengo una idea clara de la razón que mueve a los demás a utilizar el arte culinario para verse reflejados en él, pero para mí tendría que ser la manera más inocua que encontré, para no lastimar ni molestar a los demás. No, tampoco creo que lo haga por ser buena persona, sólo creo que de esta manera tengo menos conflictos al no obligarme a explicar demasiado el porqué lo hago; el caso es que me gusta cocinar a pesar de mis limitaciones y lo poco que domino, me sale aceptablemente rico.
2. Recetas a ultranza. Como mencionaba anteriormente, mi talento culinario es limitado, lo que no me impide interesarme en el funcionamiento no mecánico de aparatos y herramientas, es decir, de cómo ser utilizadas para lograr efectos como el turrón, la cristalización con azúcar o el sofrito de vegetales o pastas. Para que esto suceda me apoyo en un buen número de recetas no muy complicadas que satisfacen tanto mi curiosidad como mis antojos (que son relativamente pocos), que además me acercan a una tradición de la cual las mujeres (y algunos hombres) de mi familia son representantes dignas junto con algunas amigas y conocidas. La razón por la que no menciono es que, al no sentirme tan seguro de utilizar mi imaginación para improvisar, debo seguir un guion a la fuerza.
3. Un mundo muy amplio. Un simple plato de fideos guarda toda la tradición que el mestizaje transformó en la «cocina mexicana» y que crea en cada uno de nosotros una serie de imágenes representativas de nuestra propia identidad, porque las formas de presentación tienen el sello de cada mano que las hizo, en él un solo ingrediente (el jitomate) cambia la fisonomía y el sabor de esas tiras de harina es cómo se va a mezclar, si en trocitos o molido, si crudo o hervido y cuanta fórmula descubra nuestra imaginación; lo mismo podríamos decir de pastas más elaboradas como los tallarines o el spaguetti. Lo cierto es que lo que yo pueda decir sobre la cocina es infinitamente poco, el caso es que me parece muy interesante descubrir cosas, aunque parezcan obvias.
4. La vieja confiable. Hace muy poco descubrí que al huevo le gusta la mala vida; yo trataba de consentirlo cocinándolo a fuego lento y resulta que hay que tratarlo con toda la flama abierta para que quede como debe ser, su versatilidad es algo que me gustaría tener, algo así como el poder de adaptarme a las circunstancias como esa gran célula tiene. En lo que a mí respecta, no he encontrado una forma de prepararlo que me desagrade, por el contrario, cada vez le encuentro maneras que me sorprenden, desde los tradicionales huevos estrellados o revueltos, hasta una buena tortilla española, pasando por las exóticas migas con queso, por supuesto, hablo de lo que en mi limitada cocina puedo hacer o de lo que mi entendimiento dé. Salud.
Beto

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