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| Un antihéroe debe equilibrar sus acciones con sus intenciones. Foto: BAER vía Meta AI |
1. Naturaleza pródiga. El andar por este mundo suele proveernos de material explotable para un texto interesante, hay paisajes rurales, paisajes urbanos, caminos empedrados, boscosos o puertos que encienden nuestra imaginación para poner en ellos a los personajes más fantásticos que puedan ocurrírsenos pero, ¿qué hacer cuando la misma vida nos ofrece personajes que lo tienen todo? Sí, es cierto que todo lo que hay en el mundo es literariamente modificable, sin embargo, cuando nos encontramos que está prácticamente completo, duele un poco el pensar que hay el riesgo de que, al modificarlo, tergiversemos su esencia o la imagen que tenemos de él; un personaje merece respeto, como si de una persona real se tratara, si ésta vive, con mayor razón.
2. La bendita tentación. Si alguna vez han estado frente a un objeto geométricamente perfecto, como un círculo o una esfera, seguramente los invadió la tentación de tocarlo o manipularlo, si es que no pasamos los límites del respeto; en el mundo de la literatura, esos límites se ensanchan hasta permitirnos pensar en cambiar la esencia de algo o alguien que parece bueno, es decir, es casi irresistible que nos encontremos con un personaje que sea todo bondad e imaginar que lo cambiamos por el puro gusto de darle un giro a la historia. Claro que se debe tener cuidado de no caricaturizarlo y darle un contexto coherente para que el interés no se pierda; es imprescindible tener una idea clara del final del texto, para ir hacia allá sin contratiempos.
3. Sí los hay. Trabajando para ING Seguros tuve la suerte de conocer a un señor que en todas las formas posibles era muy amable, además de justo en su trato a las personas que trabajábamos allí, así como a los clientes y visitantes; en el argot ejecutivo se decía que era «toda una dama» por su don de gente y su trato tan diligente. En algunas ocasiones (pocas para mi gusto) tuve la oportunidad de hablar con él, mientras esperábamos que iniciara el horario de trabajo; yo acomodaba en mi portafolio las pólizas que debía llevar a quienes las habían contratado el día anterior y él disponía todo su «arsenal» para dar la bienvenida y atender a los clientes, su búnker-atril siempre se mantenía impecable, así como su traje, el cual portaba con el orgullo de un lord inglés.
4. Ahí está la oportunidad. Lo que más lamento es no recordar su nombre, síntoma inequívoco de que debo empezar a realizar ejercicios de mnemotecnia; por el lado bueno, el no recordar su nombre me abre un panorama amplio para inventarme uno y no comprometer a la persona real en el proyecto que iniciaré en estos días. Imagínense a un hombre con una imagen intachable con un oscuro pasado que ha traído al presente por dudosas intenciones, lo que no deja claro si sus acciones se vincularán a la maldad o a la justicia. Es posible que el personaje resultante tenga el mismo atractivo que el de un infante maligno en las películas de terror; un personaje así de contradictorio debe tener un montón de características que nos permitan odiarlo y quererlo a la vez. Salud.
Beto

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