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| Un escritor depende de lo que vive al día. Foto: BAER vía Meta AI |
1. De la Bondojo. Sería un muy especial fenómeno que mantuviera su interés en plasmar lo que le dictara su imaginación, pues eso no podría suceder sino hasta después de haber sido repartidor de Bimbo, fayuquero de Tepito, dependiente de una farmacia del barrio y boxeador, porque los de la Bondojo le entran a todo. Ya con todas esas experiencias adquiridas, empezaría a indagar sobre cómo mejorar las condiciones de los lugares y las personas de esos trabajos, quizás imaginándose máquinas que transportaran en un santiamén, los productos de contrabando, desde la frontera norte hasta las calles de la capital, autómatas que los acomodaran en gigantescas estanterías vigiladas por robots con visión de trescientos sesenta grados y armados con rayos paralizadores.
2. Quizá yucateco. La distancia había convertido a la península en un territorio separado del resto del país tanto por cuestiones físicas como la falta de caminos y sistemas de comunicación que la conectaran con el centro, como de identidad, pues eran conscientes de que sólo compartían con dicho centro, una de las dos raíces altamente difundidas como génesis de nuestra nación. De hecho, el español yucateco tiene una marcada autonomía respecto del resto de la república, pues ellos pueden identificar los regionalismos del centro o del norte, pero para nosotros es más difícil los de ellos, debido a la inclusión de vocablos mayas menos comunes en las zonas nahuatlacas, así que Verne tendría la oportunidad de jugar con el idioma para crear misterio.
3. ¿Qué tal del Bajío? Somos el ojo del huracán cultural que es este México al que suponemos querer tal como es, aun sin conocerlo del todo; con toda esta vorágine de costumbres, una imaginación como la de Verne podría haber jugado con leyendas, con parajes exóticos, con formas de pensamiento que confluyen sin mezclarse del todo, no le costaría ningún trabajo teniendo tanto material a la mano vinculado a formatos que la lógica occidental no registra del todo puesto que, esos marcos referenciales en Europa, hace mucho que dejaron de funcionar como parte de la vida cotidiana y, aunque sigue haciéndose literatura sobre la magia (como Harry Potter), se tiene más como la ficción que representa un legado; en México como quizá en toda Hispanoamérica, la magia es un modus vivendi.
4. No sería ciencia ficción. Julio Verne, siendo mexicano, no hubiera creado ciencia ficción, quizá su pluma nos llevaría por los caminos del costumbrismo en los que cheneques, alushes, nahuales y otros serían los protagonistas dentro de una realidad dominada por «la Llorona» y otros especímenes raros. Está la posibilidad de que no fuera mundialmente famoso pues su imaginación sería semejante a cualquier mexicano o que, si hubiera tenido buenos contactos para trascender, tendría los vuelos de Juan Rulfo, Juan José Arreola o Carlos Fuentes, la ambigüedad del éxito en este país, sólo es equiparable a los contenidos fantásticos de la literatura local. Un orgullo sin duda, alguien a quien presumiríamos en las reuniones con amigos y nada más. Salud.
Beto

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