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| Ni con todos los avances nos alcanzaría para protegernos siempre. Foto: BAER vía Meta AI |
1. Las clásicas policiacas. Los nombres en las novelas, los cómics, las películas y cuantas formas narrativas tenemos, se multiplican con los años; desde Dick Traci hasta Patrick Jane, pasando por los clásicos Holmes, Poirot y Dupin, sus autores llenaron páginas y páginas de misterios por resolver; también los hay que siguen sus pasos como la supuesta hermana de Sherlok, Enola, una amenaza elegante, Fantomas o una bibliotecaria muy observadora, Aurora Teagarden y, aunque sus métodos se semejan mucho, son la prueba de que el misterio es un gran atractivo en todas las épocas, principalmente en las que se han pintado de manera oscura y lóbrega, sin embargo, a plena luz también pueden esconderse cosas, lo que hace de un acertijo la mejor manera de poner a prueba nuestra capacidad de observación.
2. La tecnología vigilante. Desde las obras de Orwell (1984) y Huxley (Un mundo feliz) hemos generado cierto resquemor hacia el uso de la tecnología debido a la idea de que ésta pueda convertirse en un instrumento de una posible tiranía global, algo que ha comenzado a vislumbrarse a decir de algunos por los paralelismos entre la vigilancia del «Gran hermano» y la selección corporativa que observamos en nuestros días y que se narraron en las obras mencionadas. Por desgracia, antes que ser un tema que nos haga sentirnos protegidos, vemos a esta situación como una invasión a la privacidad y una limitante a la libertad de decisión, asuntos ambos que superan nuestra forma de vida acuñada desde la idea medio extraña de democracia, pero a la que aún estamos acostumbrados.
3. En el espacio. El cosmos ha servido en literatura para darnos cuenta de que no podemos imponer los criterios terrestres en otros planetas, ya sea (desde la ficción) porque su población responde a visiones muy distintas o (desde la ciencia) porque su naturaleza no presenta las condiciones que van a rendirse a nuestros caprichos; si de algo debemos estar seguros es que el maltrato al que hemos sometido a la tierra, va a cobrarnos factura si no empezamos a cuidarla y dado que, con nuestra tecnología, aún no somos capaces de ir a terraformar otros cuerpos celestes, estamos obligados a tomar medidas para no deformar éste. Por otro lado, aún no sabemos cómo crear gravedad en nuestros aparatos interestelares, ni cuánto podría afectarnos la falta de ésta por más de un lustro, pero en eso estamos.
4. La era digital. La protección de los datos personales se ha convertido en tema recurrente en todos los niveles, los fraudes cibernéticos por suplantación están a la orden del día; hay ofrecimientos de equipos, programas y aplicaciones que prometen repeler los ataques de virus, pero que la periodicidad de sus apariciones como nuevas versiones, nos hacen dudar de su efectividad y de la identidad de sus creadores. Como si necesitáramos más incertidumbre, ahora el sentirnos inseguros se traslada a las pantallas en las que la defensa tiene que realizarse sin conocer el rostro de un oponente con ínfulas de francotirador; sólo comparable con la de los grafiteros, la deslealtad de un pirata cibernético se escuda en un anonimato que nos revela la calaña de cobarde que debemos soportar. Salud.
Beto

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