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| “Él y sus hermanos supieron siempre colocarse a la sombra del poder”. Foto: BAER |
Todos los conocidos de esa época concordaban en que el abuelo de Estévan había sido el artífice de la traición, facilitando la información a los soldados bajo las órdenes de Huerta sobre la ubicación del presidente esa fatídica noche, acción que vino a beneficiarlo con la primera de muchas concesiones que él y sus hermanos disfrutaron en el futuro colocándose siempre en las cercanías del poder, eso sí, con la habilidad de saber siempre cuál era el “bueno”; así, desde Pedro Lascuráin y Francisco Carvajal, la posición de los Corcuera se vio beneficiada con permisos para explotar minas o sembrar en terrenos que nadie reclamaba, al menos eso decían ellos, pero su golpe maestro lo dieron en 1915, estando Roque González en la silla.
Dada la premura de su interinato, parecía que el presidente González no se daba cuenta de que estaba entregando algo que en el futuro sería primordial para la industria petrolera que tenía que ver con el refinamiento del crudo, esto era la comercialización y distribución de químicos en exclusiva, la cual se haría patente a partir de 1938; los planes de expropiación, a decir de algunos, venían gestándose desde el gobierno de Álvaro Obregón, pero no se habían materializado debido a lo convulsionado que se encontraba el país entonces, sin embargo, los Corcuera tuvieron la paciencia de esperar el momento oportuno para cobrar la factura, gracias a que en el camino iban enterándose de asuntos turbios de cada uno de los candidatos y futuros presidentes de la República.
Pero el petróleo no fue lo único en lo que incursionaron, la explotación de la plata en Zacatecas y Guanajuato vio cómo la mano del menor de los hermanos hacía de las suyas gracias a que su ambición no estaba peleada con la discreción, es decir, fue lo suficientemente inteligente como para no aparecer ante ninguna autoridad como responsable de las excavaciones y manejar con mano dura a cada uno de sus prestanombres; el de en medio, más dado a la farándula, se hizo de permisos para distribuir licores en centros nocturnos de su propiedad, ideados para el solaz de políticos y empresarios, algo que don Abraham Corcuera, padre de don Emilio, nunca vio con buenos ojos, aunque más de una vez salió favorecido de esos servicios. Continuará.
Beto

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