martes, 9 de agosto de 2022

La familia Grande 84a. entrega

“¿Qué tal si he buscado en la dirección contraria?”
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Algunas otras cosas no encajaron durante el tiempo que duraron los trámites, por ejemplo, la insistencia de un detective judicial de realizar la autopsia y la rotunda negativa del médico a realizarla, una lucha de egos se dijo en su momento; el repentino interés de Saúl de revisar las pertenencias de su madre, principalmente de las libretas que usaba para apuntar sus pendientes, porque no usaba agendas pues decía que no quería que otros controlaran su tiempo y un número telefónico anotado en el pequeño block a un lado del aparato. El impulso guardarlo emergió en Saúl desde el fondo de sus entrañas y, para no perderlo u olvidarlo, mandó hacer una sencilla esclava en la que le grabaron con él la parte interior. Claro que muchas veces trató de comunicarse, pero sólo tenía como respuesta el timbre de llamada.

“¿A dónde te fuiste? Llevas allí sentado más de una hora sobándole a la esclava”, preguntó Ruth un tanto intrigada. “Nada en realidad. Al menos nada que la paciencia no supere”, contestó Saúl que parecía haber envejecido varios años en pocos minutos. “Volviste a Austria ¿no? ¿Hasta cuándo vas a dejar de culparte? No podías haber estado en dos lugares a la vez”. El tono maternal que estaba usando la mujer logró acentuar la nostalgia que Saúl sentía en ese momento, los ojos se le rasaron con lágrimas que tomaron un sabor extraño, de ésas que salen una vez cada mucho tiempo. “¿Es por tu madre o por otra cosa?” “Son muchas, tantas que ya no sé a qué poner atención”. “No, esa mirada no es por lo que se fue, sino por lo que pudo haber sido. La conozco perfectamente.

Nunca debí contarte lo que viví en Austria, sabes demasiado de mí”. “Sólo lo suficiente para cuidarte las espaldas, viejo cascarrabias”. Rieron con la complicidad que de el trato prolongado y cercano. “Aún la extrañas”. “¿ A quién te refieres?” “¿De verdad quieres jugar conmigo? Bien sabes que a la ‘güera’”. “Por supuesto, después de tantos años pareciera que la esperanza no ha muerto”. “Yo que tú no dejaría de buscar”. “Eso es lo que he hecho, aún conservo los datos del restaurante y de la casa donde vivía, pero es como si la tierra se la hubiera tragado. No entiendo cómo alguien puede desaparecer de esa manera; la única vez que pude volver, ya nadie sabía de ella y ni siquiera quedaba alguno de sus compañeros de trabajo”. “¿Y es cierto que nunca supiste su nombre?” “Sí, fue la mayor estupidez de mi vida”.

“Estúpido o no, a mí me parece muy romántico, más la parte en la que pareciera que se ha ocultado para que la encuentres”. “Un juego demasiado cruel ¿no crees?” “Bueno, a menos que no lo hubiera planeado y la forzaran a alejarse de ti”. “Suena a telenovela, ¿quién tendría in..?” Detuvo en seco la interrogante, de pronto varias cosas parecían encajar. “¿Qué tal si he buscado en la dirección contraria? ¿Y si todo lo negativo que nos ha pasado tuviera algo que ver?” “¿Lo crees?” “Así las cosas tendrían lógica; las muertes, los secuestros, la supuesta suerte. Alguien ha tenido que ver con todo esto”. La convicción en sus palabras puso en alerta a Ruth que no alcanzaba a entender a qué se refería exactamente, además ¿quién tendría el interés o el poder de hacerles daño de esa manera? Continuará.

Beto

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