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| “Algo que recordó el Gato, puso en alerta a todos los presentes”. Foto: BAER |
Pero en cada caso, ése era el segundo aviso, ya que estaban los que antecedían a los “accidentes” que, por diferentes medios le avisaban del peligro y en ninguno de los casos había podido evitar. La resignación no estaba en su vocabulario, pero tampoco era de los que andaban por el mundo lanzando amenazas; confiaba en que llegaría el tiempo de vengar cada atentado y con ello, reconciliar la memoria de toda su familia; la búsqueda del responsable había sido infructuosa y el secuestro del joven heredero de Emilio Corcuera, abría puertas que él no había contemplado; aún tenía más interrogantes que certezas pero ese último trabajo no parecía haber sido obra del azar, por el contrario, tenía tintes de ser un plan bien elaborado donde estaba en juego más que el deshacerse de Estévan.
Por un lado, Estévan había sido designado el albacea de su tío Eulalio aun sin haber nacido, uno de esos caprichos que tienen los millonarios; En una cláusula de su testamento, decía que dejaba todos sus bienes al primer hijo varón de su hermano mayor, éste por supuesto era Emilio, pero para evitarse problemas transfirió tal responsabilidad a su posible hijo futuro cuando cumpliera ciertos requisitos o don Emilio muriera pero al parecer, la muerte no estaba en sus planes y deseaba prolongar la administración de esos bienes por un tiempo más prolongado. saber eso fue quizá lo que mantenía apático a Estévan que había dedicado su tiempo a distraerse y conformarse con la pequeño empresa a su cargo, lo que hasta ese momento no sabía es que podía acceder a la riqueza de su tío.
Bajo esas circunstancias, decidieron analizar cada una de las pérdidas que habían sufrido los Grande, sin omitir adopciones ni relaciones cercanas; tenían tiempo pues la casa que estaban ocupando les ofrecía cierta privacidad, lo que se traducía en poca vigilancia, así que podían actuar sin sobresaltos. sabían que no sería por mucho pero quizá sí lo suficiente para entender su situación actual; los más jóvenes, además de aplicarse en la parte cibernética-informativa, también saldrían a comprar la despensa, confiando en su agilidad y la suposición de que poco los identificarían, tenían además, la asesoría en cuestión de disfraces que les proporcionaba el Gato. Los demás de encargarían de ordenar y clasificar la información que irían compilando, con una ayuda adicional. Continuará.
Beto

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