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| “El eventual captor cayó de espaldas sobre el pavimento”. Foto: BAER |
“No pongan esas caras, noes algo personal. Sólo quiero reconciliarme con mi hermano y que deje de verme como un inútil, aunque sea yo quien mete las ganancias más jugosas a la familia”. Más que una explicación, las palabras del viejo parecían una confesión. atónitos ambos, Efraín y Saúl intercambiaron miradas, ampliaron su ángulo de visión con el fin de encontrar una manera de zafarse del problema. En otro lado del estacionamiento, un destelló evidenció la presencia de un francotirador agazapado en un camión de redilas y por el lado contrario, Sergio se acercaba rápidamente con otros dos elementos de camiseta blanca; los de traje parecieron reconocer al anciano que seguía apuntando su arma junto a al garganta de Saúl que estaba esperando una señal de Efraín.
El Gato señaló con la mirada el flanco izquierdo de Saúl y éste casi al instante dio un pisotón al viejo en el pie del mismo lado, al mismo tiempo que una detonación hizo que el eventual captor cayera de espaldas sobre el pavimento; ambos jóvenes permanecieron en cuclillas por unos segundos y después se fueron colando entre los autos hasta percibir que se habían alejado lo suficiente para perderse entre la multitud que buscaba sus vehículos. Un par de trajeados levantaron al herido metiéndolo en la camioneta cercana, instantes previos a que llegara Sergio con sus dos compañeros; éste no daba crédito del cómo pudieron escapar Saúl y Efraín, de inmediato ordenó a sus acompañantes que buscaran entre los autos estacionados.
La noticia en casa de don Abraham Corcuera cayo como un balde de agua helada, Emilio enmudeció quedándose de una pieza, su tío Eulalio, como fuera que haya sido siempre veló por los intereses familiares y le dolía que su muerte hubiera sido de esa manera; a partir de ese momento, después de escuchar el parta de los hombres contratados por su padre, no hubo más culpable de esa tragedia que el tipo apodado el Gato, así que, cuando recibió la encomienda de eliminarlo, hizo de ella su más cara misión y tendría que verlo arrastrarse y suplicar por su vida. Sus días estarían contados y pondría a trabajar en ello todos los recursos a su alcance. Continuará.
Beto

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