martes, 18 de octubre de 2022

La familia Grande 94a. entrega

“En el fútbol había conocido al hijo
del jefe de Tránsito”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los primeros en morir fueron los de su sangre en un orden cronológico estricto como para hacerle ver que su vida sólo serviría para lamentar sus decesos, en accidentes extraños y fuera de contexto, con un cuidado y precisión quirúrgicos, lo que le había impedido averiguar quién estaba detrás de todo. La muerte de Teresa había quedado totalmente en manos de las autoridades, por lo que la información al respecto fluía de manera lenta hasta que se empantanó de tal forma, que llegó el día en que se archivó y nada pudieron hacer; fue a partir del choque en que perecieron Juan y Mariano que Efraín comenzó a involucrarse en las averiguaciones, tratando de ubicar los hechos que le llevaran a esclarecer el porqué estaban sucediendo esos eventos.

“Repasemos qué estaban haciendo tus hermanos el día del accidente”, dijo Ruth con el mismo interés que si los hubiera conocido. “Habían asistido a un partido de fútbol; estaban muy interesados porque irían unos visores de la primera división a buscar jugadores”, dijo Efraín pero fue interrumpido por Jacinto. “Lo recuerdo, yo no pude jugar ese día por una infección intestinal, aunque sí asistí”. “Y según este reporte, te regresaste en la misma camioneta que ellos”, afirmó Ruth con autoridad. “Es cierto, nada más que yo venía en la cabina y ellos en la parte de atrás que, como estaba destapada, al momento del impacto, fue la causa de que salieran volando junto con otros miembros del equipo”. “Nunca se explicó cómo fue que dos de las llantas explotaran antes de que se estrellaran con esa barda.

“Fue inevitable, quien manejaba no tuvo oportunidad de controlar el vehículo; al menos pudo evadir a los coches que circulaban cerca”, logró decir el Gato con un nudo en la garganta. “Y por suerte, tú no pereciste también”, continuó sinceramente conmovido. “Pero me dejaron este recuerdito para toda la vida”, contestó Jacinto señalándose la pierna. Desde aquel día había cojeado ligeramente de la pierna derecha, producto de una fractura en la rótula y ruptura de ligamentos que no lo dejaron inválido, pero sí lo alejaron para siempre de las canchas, así que su sueño de ser jugador profesional, al igual que el de sus hermanos, se vio trunco y como había abandonado la escuela, no tuvo más remedio que buscarse empleos de medio pelo para empezar.

Hasta que vino el Gato a proponerle que se hiciera cargo de sus traslados por tierra en la ciudad de México; comenzaron con un pequeño Renault 8 que apodaron “El Pichirilo” por las condiciones en que lo adquirieron y, a pesar de que solía dejar de funcionar en ocasiones, le tomaron mucho aprecio por ser el primero que compraron con su dinero; para ese tiempo era poco común que un servicio de taxi se ofreciera en una unidad de tal índole, plan que Jacinto tenía como muy seguro gracias a que en el fútbol había conocido al hijo del jefe de Tránsito capitalino y le había brindado su amistad por un favor otorgado, así que quedaba conseguir otro carro para ponerlo a trabajar con todas las de la ley, oportunidad que se les presentaría precisamente por esa relación. Continuará.

Beto

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