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| “Esas observaciones lo hacían más metódico”. Foto: BAER |
Saúl mismo se sorprendió de sus propios pensamientos, nunca había considerado una vida matrimonial, bueno, ni siquiera que en algún momento fuera a tener la suerte de atraer a alguna mujer, pero allí estaba, en un país extraño apoyado por dos individuos que prácticamente acababa de conocer y siendo partícipe de la vida de una beldad europea; al paso de las semanas, la relación fue fortaleciéndose y el celo de los compañeros meseros de ella desapareció dando lugar a un trato muy familiar para con el mexicano que con ello, se veía como un reconquistador del “penacho” de Moctezuma, algo que a todos les hizo gracia hasta que, con un gesto serio Saúl les comentó un plan para robarlo y regresarlo a México. El estupor los aplastó por unos segundos y entonces tuvo que aclararles que era una broma.
Lejos estaba de imaginar que el esquema que había ideado, le serviría como base para los futuros asaltos que llevaron a cabo en los años siguientes, por algo insistía en visitar los museos de la ciudad y comer o pasear por sus alrededores. Esas salidas le permitieron trabajar en la tesina que presentaría como trabajo final, por supuesto, disfrazado de un sistema de seguridad para recintos de alta gama manejados por ordenadores electrónicos, una especie de sistema inverso de protección. Sólo a su virtual mujer le comentó sus ideas, las que ella tomó de buen humor puesto que ese mismo esquema mental le proporcionó una forma muy imaginativa de producción artística y le pidió autorización para usar su metodología en su propio trabajo de la carrera, algo que llenó de orgullo al muchacho.
Esas observaciones le hicieron más metódico, más que el propio trabajo en la universidad a la que asistía y todo hubiera sido placentero hasta que recibió un telegrama que le indicaba que debía presentarse en México con carácter de urgente debido a la repentina precaria salud en la que se encontraba su madre. El sobresalto fue mayúsculo y sólo tuvo tiempo de dar aviso a la escuela, despedirse de sus amigos y su novia y tomar el vuelo de regreso a México; fueron las catorce horas más angustiantes que había vivido hasta ese momento y únicamente pensaba en llegar para poner solución inmediata a la situación de su progenitora. Confiaba en ello y en cumplir la promesa de regresar a Austria a la brevedad para casarse con su “güerita”, aunque poco espacio le quedaba en la cabeza para pensar en eso. Continuará.
Beto

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