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| “Saúl resolvía unos problemas de física mientras sus padres discutían”. Foto: BAER |
La noticia les llegó la misma tarde del incidente, Saúl resolvía unos problemas de física que le había enviado Luis, ya que esa mañana no se presentó a clases por un asunto al que acompañó al Gato por haber ganado un volado entre los dos; sus padres discutían la razón por la que su padre había dado el permiso para que la muchacha fuera al viaje cuando su mujer se lo había negado. El timbre del teléfono ceso al ser levantado el auricular por el señor (), la sangre se le fue a los pies y ni los reclamos de su mujer le hicieron reaccionar hasta que, una vez concluidos los servicios funerarios, sin decir una palabra a ninguno de los dos, se marchó y nunca más supieron de él.
Esa semiorfandad en la que de pronto se vio pudo haberle hecho blanco de las bromas del grupillo de facinerosos de la prepa, si no hubiera sido por la intervención de Efraín y Luis, que en todo tiempo lo cuidaron conscientes de que sus obligaciones como “hermanos” era protegerlo. Siempre lo agradeció, aunque a veces no se enteraba de que lo habían salvado, como aquella ocasión en que el el quipo de básketbol de la escuela disputaba un encuentro en contra de la Preparatoria del Centro, una institución particular que buscaba, mediante el deporte también, posicionarse en la ciudad; el “Fideo” y sus compañeros habían planeado bajarle el short s Saúl mientras éste tomaba fotos del partido para el periódico escolar, acto que no se cumplió gracias al Gato y a Luis.
Además de esa protección, estaba la de toda la familia Grande, que lo acogió como uno más con los mismos privilegios y él, por su cuenta, asumió los obligaciones en correspondencia a tal distinción; con ellos aprendió a ser cuidadoso y protector, costumbre que extendió hacia su madre hasta los últimos días de ésta y que por esos días, encontraba en la hermosa austriaca, un medio más para ampliarlo. La noche se presentaba propicia para miles de remembranzas y planes a futuro---, se veía presentando a la rubia a su círculo de amistades, a su madre, invitándolos a ser partícipes de la alegría a la que pensaba abandonarse con ella, siempre con ella, visitando los lugares más remotos de México, sólo faltaba un detalle, convencerla. Continuará.
Beto

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