martes, 6 de diciembre de 2022

La familia Grande 101a. entrega

“Esos pensamientos lograron sacarle una sonrisa”
 Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Desde ese momento, la salud de Carlota comenzó a deteriorarse, una ligera punzada en el pecho el día del entierro de Sofía fue agravándose conforme pasaban los días. don Efraín no tenía una idea clara de lo que tenía que hacer para que su mujer se sintiera mejor y aún tenía que consolar a Laura para que ésta recuperara la confianza. En su cabeza había mil conjeturas, más o menos entendía la muerte de Teresa por lo riesgoso de su trabajo, pero Sofía no había hecho mal alguno, la suya parecía una muerte absurda, sin sentido; por su lado, el Gato se hacía las mismas preguntas que su padre y en el fondo sentía que lo culpaba por sus acciones en el sesenta y ocho, pista que comenzaba a considerar pero que aún no encontraba liga que fuera coherente.

Se prometió averiguar todo lo relacionado con la muerte de sus hermanas, aunque eso le llevara toda la vida, pero sabía que no lo lograría sin ayuda por lo que convenció a sus amigos que juntos formaran la agencia que a la postre les haría ganar lo suficiente a la vanguardia del espionaje industrial y, por ende, con la posibilidad de atrapar al o a los culpables. Y ahora todos los involucrados estaban escondiéndose de la policía, la vida a la que los había arrastrado lejana estaba de ser apacible; nunca ninguno de ellos se quejó pero sabían que nada de las emociones que les proveía su trabajo iba a compensar el que no tuvieran la oportunidad de formar una familia normal, bueno quizá Lina que parecía muy interesada en que a Estévan Corcuera nada malo le pasara.

Esos pensamientos lograron sacarle una sonrisa dado que en su cabeza comenzaba a tomar forma un pensamiento que no parecía del todo descabellado, aunque primero, estaba el hecho de que aún no tenía las pistas claras ni las pruebas necesarias para señalar a un responsable de su situación, pero entendió que mucho obtendría teniendo una plática muy seria con el joven empresario. Por supuesto, las sospechas sobre su hermano Sergio quedaban sólo en la parte operacional, no, él no se mandaba solo, alguien más estaba detrás y era ya urgente averiguar quién era. “Déjame ver otra vez la lista”, dijo con tono firme, como si sólo fuera a reafirmar una sospecha. “¿Ya se levantó Estévan?”. “Al parecer sí, lo sé porque su estrecha vigilante no estaba en su cama cuando fui al cuarto”.

La respuesta de Ruth volvió a hacer que una leve sonrisa apareciera en el rostro de Efraín, por supuesto que entendió la razón aunque estaba muy lejos de sospechar hasta dónde llegaban las intenciones de su socio, pero en ese momento su atención estaba en resolver algo que ya tenía a todos muy molestos. “Olvidémonos de Sergio, él sólo es un soldado que sabe quiénes somos pero que, como es muy respetuoso de las formas, no se atreverá a quebrantar la ley nada más por echarnos el guante. De los otros tres nombres, uno está también en la mira del gobierno desde hace dos décadas y el otro, aunque es muy listo para manejar sus asuntos desde el extranjero, no podría interesarse en nosotros pues nunca lo hemos tocado en realidad, ni creo que tenga una mente tan retorcida”. Continuará.

Beto

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