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| “Las luces de otro vehículo iluminaron el lugar”. Foto: BAER |
A regañadientes, el sujeto tomó a Sofía de una mano y la llevó arrastrando a la parte trasera que parecía ser una bodega, allí ya estaba Laura en el piso en posición fetal, inmóvil y rodeada de un líquido posiblemente agua, que les habría servido como conductor de la electricidad que utilizaron para torturarla. Ambos cuerpos tuvieron que esperar a que el hampón los subiera en una camioneta, los tapara con unos sacos de azúcar y enfilara rumbo a la carretera a Cuernavaca; una fila de automóviles hacía pesado el tránsito que se agilizaba un poco cuando de pronto uno de ellos desaparecía en alguno de los moteles que había a un lado del camino; la camioneta avanzó más allá de esos establecimientos para salir por un camino vecinal, el paisaje cambió de pronto.
El anochecer y la distancia hacían que las luces se volvieran más tenues, la tierra cubrió por completo a la camioneta lo que hizo difícil el observar el camino; avanzados unos metros, algo en la dirección tronó como si se hubiera roto, como no había un espacio adecuado para estacionarse, como pudo el conductor paró cerca de un montículo de piedras. Bajó a revisar lo que había hecho ese ruido y cuando rodeó el vehículo para buscar una lámpara debajo del asiento del copiloto, resbaló y por poco cae en lo que parecía un barranco; como pudo se sostuvo de la manija de la portezuela, metió la mano donde suponía que se encontraba la lámpara y una vez encendida se dio cuenta que, efectivamente estuvo a punto de caer por una pendiente y que la dirección no resistiría que avanzara más por ese camino.
Maldiciendo su suerte, pero al mismo tiempo agradeciendo que estuviera cerca de un desnivel ya a oscuras, se dispuso a abandonar los cuerpos en ese lugar, esperando que nadie los encontrara hasta después de un buen tiempo; tomó primero a Laura y la colocó a un lado de la rueda trasera, después a Sofía la bajó unos metros con el fin de rodarla cuesta abajo para que no quedaran juntas. El cuerpo inerte de la muchacha no puso resistencia al terreno y rápido se perdió en la oscuridad, al regresar por Laura, notó que no estaba exactamente como la había dejado, pero lo atribuyó a que lo pulido de los rines nuevos pudo haber hecho que resbalara, así que la cargó y cuando estaba a punto de tirarla al vacío, las luces de otro vehículo iluminaron el lugar, por lo que sólo atinó a colocarla en el suelo. Continuará.
Beto

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