martes, 22 de noviembre de 2022

La familia Grande 99a. entrega

“Al llegar la mujer con lo que había preparado,
se dispuso a limpiar a la chica”. Foto: BAER
Irapuato, Gto.- Conforme se acercaba el otro carro, el captor fue ocultando con ramas el cuerpo de Laura hasta hacerla parecer un arbusto más, en seguida tomó la lámpara y se metió debajo de la camioneta fingiendo que arreglaba la dirección; el vehículo se estacionó justo detrás y descendieron dos personas, posiblemente un matrimonio que solícitos le preguntaron si estaba en problemas. “Buenas noches, gracias. No parece serio. Parece que topé con una piedra, pero sólo fue el golpe”. “Si desea que le ayudemos o lo llevemos a algún lado, sólo pídalo”. “No se preocupe, no pienso seguir, creo que de aquí me regreso a la ciudad. De cualquier manera se los agradezco”. Los señores no se movieron, como esperando que ese extraño cambiara de opinión, lo que obligó al hampón a treparse y encender la camioneta.
Avanzó de regreso unos metros, despacio para poder ver que esos dos también se alejaran del lugar, lo que ocurrió unos segundos después; aliviado, el sujeto decidió dejar todo como estaba para no arriesgarse a ser identificado. Nunca contó con que la pareja regresaría minutos después, ya que se habían percatado de que no correrían peligro; una mano había asomado cuando se acercaron, pero prudentemente no hicieron comentario alguno y regresaron para cerciorarse de lo que habían visto. Laura estaba inconsciente pero viva, así que la subieron como pudieron a su vehículo y decidieron que darían parte a las autoridades una vez que estuvieran a salvo en su casa. Durante el trayecto, el hombre iba atisbando por el retrovisor por si eran seguidos.
Al llegar a su casa, la señora de inmediato se puso a calentar agua, alistó unas toallas y buscó una serie de frascos que guardaba en la alacena, su marido mientras tanto, verificó el estado de la muchacha una vez que la recostó en una recámara que parecía haber pertenecido a otra persona. Los adornos y los cuadros colgados en las paredes indicaban que su anterior ocupante era una mujer joven acostumbrada al trabajo intelectual y a una disciplina férrea, el toque femenino lo daban el delicado gusto por los muebles y el olor a jazmín que emanaba de un aromatizador que estaba en un buró; al llegar la mujer con lo que había preparado, se dispuso a limpiar a la chica, por lo que ordenó a su marido que abandonara el cuarto, el pudor de la época no permitía hombres presentes ante una mujer desnuda.
Pasaron varios días en los que el matrimonio cuidó de Laura, temían que la inconciencia en la que se encontraba se tratara de un coma, por lo que el señor Ramírez, agente de seguros retirado y dedicado a una pequeña granja que mantenía junto con su esposa, apuraba a que dieran parte a la policía, a lo que ella se opuso determinantemente, tratando de calmar los temores de su marido de que la muchacha fuera una delincuente a la que le habrían cobrado alguna deuda; “Usted no tiene de qué preocuparse, Ramírez, la muchacha no parece ser mala. Fíjese en su ropa, a pesar de lo maltratada que la tenía, es de alguien que cuida su apariencia”, dijo la mujer con una sonrisa dibujada en los labios, segura de que su juicio no le fallaba, como nunca le había fallado. Continuará.
Beto

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...