martes, 30 de diciembre de 2025

Consumo inteligente

En toda ocasión, un libro es
un buen regalo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Encontrar la línea. Los géneros en la literatura coquetean con la idea de mantenerse sin cambios por toda la eternidad, sin embargo, en ese empeño no pueden evitarse mezclas entre sí dando como resultado, amalgamas que llegan a convertirse en referentes para satisfacer gustos, aprendizajes y producciones; el caso de Mary Shelley y su moderno Prometeo considerado por unos como de horror y ficción, es calificado por otros como de amor y sufrimiento, será porque tiene de todo; Frankenstein es un personaje, creador en sí mismo, que pareciera no medir las consecuencias de sus actos, simplemente se fija una meta y se hace de los medios para lograrla, pero su creación cobra tal fuerza que llega a arrebatarle el protagonismo, tanto en la historia como en la imaginación de los lectores, moldeando a voluntad los aspectos más sensibles en esa relación.

2. Autores importantes. Más que un listado amplio, lo que debemos tener presente son pasajes que nos sirvan para identificar e ilustrar o que sucede en nuestro entorno, al final, ubicar a los autores es un adorno para reuniones literarias y lo verdaderamente útil es lo aplicable de sus enseñanzas, en nuestra realidad palpable. Fuera del mundo académico, si no recordamos el nombre de un autor nada pasa, sin embargo, si cambiamos una cita o nos olvidamos de ella, prácticamente nos quedamos sin mensaje. Pero lo deseable es que cada autor adquiera importancia y eso lo logra en la medida en que entra en el gusto de los lectores, entre más profundo, más importante será, ya lo que digan los críticos servirá como una referencia. todo es cuestión de gustos.

3. Búsqueda de ofertas. En términos estrictos todo el mercado es una oferta puesto que todo es ofertado, claro que entendemos no sólo el ofrecimiento de un producto para su consumo, sino que además se realiza con un costo menos al de la normalidad del momento; buscar satisfactores con esa característica exige un entrenamiento previo basado en la observación de tiendas y movimientos de consumo, a las primeras para comparar los precios y a los segundos, para saber qué es lo que está apareciendo en el gusto popular, así se tendrá la suficiente información para saber dónde comprar lo que «nos gusta» a un precio más bajo. Por supuesto, eso no garantiza que en realidad su costo haya sido menor al de su fabricación porque para la fecha en que lo adquirimos, el precio habrá subido unas cuantas veces.

4. Las ferias. Dentro de los mundos imaginarios perfectos que describe cada obra literaria difícilmente nos encontraremos una feria en donde se vendan libros; es posible que a los escritores no les llame la atención el crear meta historias en donde ellos mismos estén exhibidos y a la venta, aunque también podría tratarse de una estrategia, de mal gusto quizá, pero estrategia al fin. En una feria del libro se tiene la oportunidad de conocer escritores de todo tipo que presenten su visión particular de la realidad que compartimos; hay precios para todos los bolsillos, pero la tendencia es que se encuentren libros más baratos que en las librerías establecidas, sin embargo, los precios están en la mente, pues la necesidad y el gusto dictarán lo que nos es caro o barato. Salud.

Beto

martes, 23 de diciembre de 2025

Verter la opinión

Una opinión puede llevarnos
a lugares insospechados. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Decantación desmesurada. Para quienes escriben rodeados de millares de lectores, se ha vuelto riesgoso exponer sus ideas y, sin importar el medio, la exposición resulta a veces insoportable; la censura ya no es de uso exclusivo del gobierno, ahora se ha vuelto algo así como un patrimonio por contagio de los seguidores aplaudidores del régimen, que suponen defenderlo en contra de las «fuerzas fácticas» de los emisarios del pasado, neoliberales fifíes que sólo buscan tener el poder sin ejercerlo debidamente, sin darse cuenta de que con ese discurso, han descrito a todos los gobiernos (incluido el actual), nada más que con otros calificativos. Periodistas principalmente, pero también aquel hijo de vecino que se atreva a criticar a las autoridades vigentes, enfrentará a una horda (cada día más diezmada) de entes iracundos que sólo repiten el discurso institucional.

2. Grandilocuencia desmesurada. Un barril hace más ruido cuando está vacío, lo mismo pasa con las cabezas que tienen poco dentro, versa la sabiduría popular; es fácil darnos cuenta cuando alguien tiene poco que decir y encima está inseguro de lo que piensa, por lo cual alza la voz, arrebata la palabra y se rehusa a escuchar a los demás. En una publicación sucede algo semejante, si leemos líneas en la que se denosta un hecho u otra opinión, se pretende que lo escrito ahí sea la única verdad y encima se oculta otro tipo de información respecto de lo tratado, nos encontraremos con un texto que, de inicio, es inseguro y tiene poca estima, por lo cual debe «manotear», «vociferar» y utilizar palabras «extremadamente cultas» que en realidad dan muestra de poca tolerancia a la crítica y al error.

3. Paraíso de metiches. El panorama actual de la información ha tomado tantas vertientes como usuarios de redes sociales hay, por desgracia, aquí se cumple el viejo adagio que dice que la cantidad no asegura la calidad, pero no todo es malo o perverso, hay esfuerzos por mantener un alto nivel de notas, teniendo conciencia de que lo deseable es combatir la desinformación; en los vaivenes entre estar enterado e ignorar lo que sucede, se cuelan aquellos a los que solamente les interesa meterse en la vida de los demás, con el pretexto de que todo lo que se sube a la red es del dominio público y hasta ahí, todo parece adecuado, pero nada dice que debamos opinar a fuerza sobre todo lo publicado, el hacerlo nos convierte en simples chismosos pues, en realidad, nadie pide nuestra opinión.

4. El dogma no es opinión. Bueno, algunos sí, los que están interesados en monetizar mediante sus publicaciones o para quienes se empecinan en ser farautes de pseudo leyes naturales con las cuales se rigen y pretenden que lo hagamos los demás; al parecer verdad, el dogma dicta sin suponer una contraparte pero sí se inventa un enemigo para validarse, porque lo que no está a su favor, está en su contra. Conceptualmente, el dogma es una pared monolítica que pretende no tener fisuras, mucho menos errores que puedan poner en duda su integridad, pero esa pretensión está sustentada solamente por la afirmación de que quien lo sustenta, es la autoridad en esa materia. Por definición, un científico no puede ser dogmático porque la ciencia no busca la verdad y está abierta a la opinión. Salud.

Beto

martes, 16 de diciembre de 2025

No estamos preparados

La lectura libera sólo si abre
nuestra perspectiva. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Lecturas subversivas. El mero acto de leer ya nos convierte en rebeldes dentro de una aldea global que parece desmoronarse al tomar nuevos bríos el regionalismo comercial, el extrañamiento del otro y la individualidad ambigua, hoy, como hace muchos años no pasaba, la apreciación de los textos se basa en las preferencias cerradas de toda índole, las cuales no parecen encontrar coincidencias, sino imponer una visión particular sobre comportamientos sociales, visión dictada al parecer, por un grupo específico con cierto poder en alguna disciplina. Cuando en los ochenta empezábamos a hablar de las tribus urbanas, eran en su mayoría agentes externos a ellas los que escribían sobre su naturaleza, sus intereses o sus aficiones y el porqué había que ponerles atención, todo desde un marco periodístico que permitía cierta neutralidad de criterio.

2. Lecturas partidarias. Ahora, los textos más intensos se producen desde el interior de las agrupaciones, algunos buscando consolidarse y otras, tratando de lograr legitimidad, el caso es tratar de convencer a un número importante de personas a que se unan a causas que pretenden tener razones para que la visión que tenemos de la sociedad cambie. Hay, eso sí, un riesgo latente de adoctrinamiento que se nota en el momento en el que se pasa del convencimiento a la imposición mediante argumentos (algunas veces falaces) que sesgan la información que debería ser educativa en general, pero que se queda en el señalamiento de «bondades» en favor de un solo sector de la comunidad, lo cual no es necesariamente malo, pero sí parcializa el entendimiento de la sociedad.

3. Lecturas conservadoras. Pareciera que con este término calificaré a las lecturas no reaccionarias que están dedicadas a mantener las condiciones de desigualdad, lo cual es cierto an alguna medida; a lo que me referiré es a algunos textos que toman para sí, el mantener vigentes los conocimientos de utilidad, comenzando por una obra que dio la pauta para el registro de datos históricos que es «México a través de los siglos» (1884) llevada a cabo por Vicente Riva Palacio coordinando el trabajo de varios historiadores; «El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha» (1605), parodia de la novela caballeresca pero que sentó las bases para la reglamentación gramatical del idioma español; «Lisístrata» (411 a. C.)en la que Aristófanes retrata, de una manera cómica, la vida cotidiana de los atenienses, obras todas por las que vale la pena decirse conservador.

4. Lecturas liberadoras. Desde hace algún tiempo he pensado que si algo despierta la ira de los sectores retrógradas de este país, definitivamente yo tengo que probarlo, como sucedió con «Aura» de Carlos Fuentes, «Los versos satánicos» de Salman Rushdie o «Nosotros» de Yevgueni Zemiatin. De la segunda y tercera obras entiendo que hay una crítica abierta a la religión (musulmana) y velada al régimen (socialista ruso), pero ¡Aura! Si algo caracterizó a Fuentes fue su poco activismo político, social o económico, aunque sí crítico, por lo que nunca entendí el prohibir su lectura, principalmente tratándose de la que pudiera ser su mejor obra. No creo tener la autoridad moral para decir a los demás qué deban o no leer, pero si hay un ejercicio de absoluta libertad, es precisamente la lectura. Salud.

Beto

martes, 9 de diciembre de 2025

El humanismo local

Todo argumento puede tener lógica,
pero no por eso es confiable. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Su prerrequisito. Educación y escolaridad se han visto envueltas en un manoseo teórico que poco ha aportado al desarrollo humano, ya sea por la indefinición de los papeles que juegan las instituciones o porque no hemos atinado a juntarlas para poder hablar de acción integral; no podemos declararnos humanistas cuando los juicios hacia la sociedad se hacen de manera indolente basada en una educación que ha marcado diferencias como medios para relacionarnos. Tratar bien a alguien y respetarlo son cosas muy distintas y sus diferencias son de grado; para empezar, la temporalidad es diametralmente distinta, pues el buen trato es eventual mientras que el respeto es perpetuo, uno es para hacer sentir cómodo al otro y el segundo es para que se sienta seguro; un buen trato se presenta donde sea, la seguridad no.

2. El refuerzo académico. Por supuesto, hay escuelas que se autodenominan humanistas, principalmente (o son las únicas) las de nivel superior, lo que pensándolo bien, sonaría lógico si pensamos que los años de primaria, secundaria y preparatoria son etapas de acondicionamiento para entender al humanismo como un estilo de vida y no como una simple teoría con buenas intenciones, al parecer, ser humanista requiere de una conciencia especial en donde, para empezar, la valoración de lo netamente humano es única, pues las diferencias son sólo formas distintas de expresar lo mismo que tienen en la academia, una manera de poner orden a las estructuras mentales para identificar primordialmente, aquello que nos semeja en cualquier situación en cualquier parte del mundo.

3. Aplicabilidad social. Pensar en que los humanos somos buenos o malos por naturaleza pareciera el inicio de una discusión bizarra que a nada más conduciría que a huecos teóricos que no se han solucionado del todo, puesto que el humanismo no se ha caracterizado por ser determinante en sus postulados por un detalle primordial, sus observaciones están influidas por el comportamiento social. Y no debe ser de otra manera, pues es el único rasgo que posiblemente se registre numéricamente; conciencia social, mentalidad, identidad, no tienen una escala con la cual pueda darse una clasificación o se contabilice la cantidad de eventos en las que aparecen. Ser humanista en estos tiempos parece más una pose que sirve en las campañas políticas de ciertos demagogos que aprovechan muy bien sus detalles ambiguos.

4. La tragedia de la desconfianza. No por haberlo mencionado varias veces quiere decir que haya encontrado la respuesta, tener confianza en los demás no se da de un día para otro, ni siquiera en uno mismo, es un trabajo gradual que lleva un buen tiempo, pero que puede perderse en un instante. Así parece haber sido por toda nuestra existencia, ya que el miedo a morir se presentó primero (o con mayor fuerza y frecuencia) que la necesidad de socializar. Lo peor del caso, es que hemos tenido razones para desconfiar de todo y de todos significativamente porque nuestra vida no ha dejado de estar en riesgo siendo la razón la misma de siempre: la búsqueda del poder. No importa la naturaleza de éste, la fascinación por sojuzgar al otro ha mantenido a algunos inadaptados, interesados en satisfacer sus perversiones. Salud.

Beto

martes, 2 de diciembre de 2025

La reflexión

Reflexionar no es igual a preocuparse,
el resultado es distinto. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Contraria a la oración. Una buena dinámica reflexiva se compone de los elementos dictados por René Descartes y mucho antes de establecer afirmaciones, lo más importante es establecer interrogantes para guiar nuestros pensamientos, una oración como tal podría ser el resultado de un ejercicio de reflexión, al poner en relieve aquello que no termine de encajar en nuestros pensamientos, ya sea para adecuarlos o para rechazarlos. Cada uno de nosotros entenderemos que no hay lugares específicos para reflexionar, el deseo de hacerlo puede surgir donde sea, sin embargo, sí es factible tener un lugar especial para la oración, en la forma de un nicho o de un templo entero puesto que se trata de un ritual personal. Como última diferencia, al orar hay intrínseco un pedimento, mientras que de una reflexión surge una respuesta.

2. Toque medicinal. No tengo una idea clara de cuál pueda ser la diferencia entre meditar y reflexionar, parecen iguales a simple vista, pero la primera sí tiene fama de ser hasta cierto punto, medo curativa; como supongo que nunca he meditado, me quedo con la reflexión como una manera terapéutica de mantenerme cuerdo, por aquello de las visitas del alemán. El poner a trabajar las neuronas no es sólo para distraernos de preocupaciones y dolores, ni mucho menos para que nuestra cabeza dé vueltas sobre lo mismo sin llegar a algo concreto, por el contrario, reflexionar debe ser un ejercicio que nos relaje y nos permita ver las cosas desde diferentes perspectivas, alguna de ellas podría ser el germen de una teoría o un tratado sobre el cuidado del adulto mayor o los beneficios de combinar el baile con las artes marciales.

3. Productora de conocimiento. Reflexionamos con o por lo que sabemos, recordamos palabras, frases y oraciones con la fruición que da la curiosidad, reinventamos órdenes u orientaciones sin que la insatisfacción merme nuestro ímpetu creativo; rebautizamos a las cosas porque podemos, no se diga cuando hay que otorgar un sobrenombre a alguien que queremos, porque ahí ponemos en juego toda nuestra imaginación, aunque el esfuerzo sólo alcance a señalar lo evidente. Pero tuvimos que poner en una balanza a la oportunidad con la pertinencia, valorar qué tanto afectaría el ánimo de quien recibirá nuestro «obsequio» y cuidar que los demás lo pronuncien con el mismo respeto que nosotros. Si el efecto resulta ser el buscado, podríamos afirmar que se ha dado un paso hacia el conocimiento sobre el talante de esa persona y la confianza que pueda representar.

4. Su justo valor. Debería ser como acompañante cotidiana para realizar cualquier tipo de tarea, desde hacer las compras de la despensa, hasta tomar la decisión de continuar con los estudios de postgrado, dado que todo lo que decidamos, trazará el curso que tome nuestras vidas, por su pertinencia, oportunidad o la cantidad de recursos que tengamos. Obviamente no son igual de importantes unas compras que realizar estudios si los vemos como un evento único, pero si a las primeras las vemos como un plan a tres o cinco años, su dimensión cambia, esto es porque la estructura de pensamiento para tomar decisiones es la misma si planeamos grandes cosas como unas vacaciones o si saltamos un charco en un día lluvioso, pero ¿qué tal si tenemos ochenta años y el charco mide dos metros? Salud.

Beto

martes, 25 de noviembre de 2025

El cuento infantil

Nosotros decidimos qué tipo de lecturas
queremos para dormir. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Concepción cambiante. La niñez ya no es lo que fue, es cierto, pero ¿cuántas veces en la historia de la humanidad se habrá dicho algo así? Se afirma que en la Grecia antigua Sócrates o Patón, se quejaban del uso de los libros por parte de los jóvenes porque eso les iba a atrofiar la memoria, coincidentemente, algo así afirmamos milenios después acerca de los teléfonos móviles. Las narrativas literarias, así como las que usamos para justificar la vida diaria, también mantienen ciertos rasgos que las identifican por géneros en las primeras y por costumbres en las segundas, lo que influido en lo que les contamos a los niños; la prisa que crea la inmediatez cambió la fisonomía de los textos, de cuartillas repletas de letras con pasajes muy amplios a libros de unas cuantas páginas en las que predominan los grabados coloridos.

2. Valoración de dientes para afuera. Las terroríficas historias de los hermanos Grimm dieron paso a adaptaciones de ellas mismas y a otras que cambiaron los secuestros y martirios, por paseos gratificantes en bosques apacibles, esa acción debió responder a una razón de dos posibles, por un lado, debe haber desaparecido el riesgo permanente que representaba vivir en o cerca de los bosques al formarse las grandes ciudades, por lo que ya no era necesaria la advertencia de muerte en esas historias, por el otro, aunque los peligros sólo se transformaron y trasladaron de un paraje semi selvático a la «selva de concreto», debió considerarse que torturar a los niños no era conveniente pues se estaría obrando en contra de su inocencia y de la seguridad misma que ofrece el entorno urbano, aunque esto sea sólo un mito.

3. ¿Qué cosas les contamos? Como la mayor parte de lo que hacemos para niños tiene la tendencia a educar, suponemos que lo que se escriba para ellos debe tener por fuerza una moraleja. Del lado opuesto está la consideración de que a los niños sólo hay que divertirlos, pero eso se manifiesta más que nada en la televisión, un medio que alguna vez pareció rivalizar con los libros sin que hubiera un argumento convincente sobre tal cuestión, por lo pronto, suponemos que el oponente actual es el teléfono móvil, posiblemente porque los adultos nos vemos superados por las generaciones más jóvenes en su uso y en el ritmo de actualizaciones que presenta, por lo tanto, hay que satanizarlos pues ha copado el espacio en el cual les contábamos cosas a los niños. Sin embargo no ha sido así, como en todo, la subsistencia de un medio y sus historias es cuestión de hábitos.

4. La modernidad. Seguramente todavía haya muchos padres que les cuentan historias para dormir a sus hijos, los que no, no se preocupen, seguramente tienen otras dinámicas para crear lazos con ellos; en favor de las lecturas nocturnas, podemos decir que en su base pueden crear un ambiente bueno de descanso, procurador de imágenes oníricas placenteras, siempre y cuando la historia no sea de terror; el uso de la imaginación para recrear las situaciones narradas despierta la inquietud de seguir consumiendo literatura en los años posteriores, la mejor consecuencia sería la de cuestionarse sobre los hechos, si están bien o mal, si pudieron evitarse o no, si la situación hubiera sido distinta... También es posible que vaya desapareciendo porque el ritmo lo impide. Salud.

Beto

martes, 18 de noviembre de 2025

¿Para quien escribo?

El lector no tiene obligación de soportar
si no le gusta lo que lee. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Sin mercadotecnia. La pregunta no me la hice yo, fue un cuestionamiento de alguien que de editoriales sabe algo ya que prestó sus servicios para Salvat en España hace ya algunos ayeres; no lo he venido pensando en cuestión de difusión para la venta, aunque otra persona me haya dicho que si no tengo publicidad, es letra muerta. Por el contrario, sí pienso en función de quien me hace el favor de leerme, pero desde la perspectiva de que lo considero un igual y no alguien al que deba satisfacer sus necesidades de información, sería demasiado pretencioso de mi parte, por lo que escribo sobre lo que me parece interesante y pudiera compartirlo en una charla de café; ahora bien, como cuento con la paciencia de fieles lectores (tú uno de esos diez), claro que siento el compromiso de escribirles con todo y su heterogeneidad.

2. Sin un gran público. El éxito también ocupa un lugar en nuestra mente y cada uno tiene el derecho de sentirse triunfador de la manera que le dé la gana; el tener mucho dinero es un buen motivo, pero también lo son saber entablar buenas relaciones sociales, ser reconocido por tener buena sazón, saber dirigirse a grupos numerosos o tener un pequeño círculo de lectores, para los cuales el compromiso adquirido con ellos, es el mismo que si se tratara de miles; la lectura de pocos parece más íntima y cercana y cuando se conoce al autor hay dos caminos para abordarlo, uno, ser condescendiente y dejar pasar lo que pudiera considerarse un error o dos, ser extremadamente críticos porque suponemos que no cumplió con nuestras expectativas, ambos son sesgos que no nos permiten ver la obra lo más objetivamente posible.

3. Encontré el gusto. Escribir es lo más cercano a hacer trazos de dibujo con coherencia y ya que no tengo paciencia para hacer líneas con perspectiva y sombras, decidí hacer líneas con palabras y con los primeros buenos comentarios sentí la satisfacción de quien encuentra algo valioso; no es la letra en sí lo que me gusta, sino lo que provoca tanto en lo visual como en lo mental, es decir, el fondo y la forma en ese juego ancestral que los demás hacen el favor de notar. Escribir es un gusto que se vuelve vicio cuya resaca se cura justo con el mismo veneno, también es el único que cualquiera tiene a la mano y que bajo su influjo, nos volvemos bastante productivos. Apoyar un bolígrafo o una pluma en una hoja de papel o pulsar un teclado es como entablar un diálogo medio esquizofrénico en tono de debate donde ambas partes ganan.

4. Un tipo de lector. No escribo para todos, eso es claro y no es porque yo sea una vaca sagrada, por el contrario, al no ser más conocido que en un pequeño grupo, también la cantidad reafirma esa aseveración, aun así, no puedo asegurar que mis escasos lectores tengan un perfil definido a ultranza pues, aunque se trata de profesionistas en su mayoría, también los hay con otros niveles de escolaridad, lo cual me place pues me permite creer que cumplo con una de las condiciones básicas del comunicador, la de no discriminar con el propio mensaje. Aunque si tuviera que definir a mi tipo de lector, diría que es alguien abierto, dispuesto a apreciar otras perspectivas y aportar su opinión cuando sea prudente, algo que hace años era sólo un deseo y ahora se ha vuelto una muy motivadora realidad. Salud.

Beto

martes, 11 de noviembre de 2025

Límites de la imaginación

El único límite real es la muerte. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Cómo alimentarla. Su dieta es bastante variada y con presentaciones que a veces nos sorprenden o no podemos creer de inmediato y, contrario a su esencia, su alimento es tangible sin admitir por ningún motivo, sustitutos genéricos; debe ser así porque la imaginación se alimenta de la vida, pero no en abstracto, sino de la que vivimos, bebemos y comemos. Nada suple para ella, aquello que vimos, escuchamos, olemos o tacamos, para paladearlo en los escenarios posteriores que ella se invente. No se interesará en crear sobre algo que no haya pasado por los sentidos, así se trate de dragones o castillos embrujados, para crearlos deberá tener referencias reales que después decidirá si magnifica, minimiza, coloca en un lugar aterrador o lo hace ser adorable como un unicornio en un bosque.

2. ¿Dejarla suelta? Quienes hayan tenido un gato entenderán la comparación; la imaginación es como un felino, libre, retozona, cariñosa y espléndida cuando le viene en gana y salvaje cuando se pretende controlarla. Es capaz de crearte una realidad alterna y se proclamará su propio cadenero que te permitirá entrar a ella cuando bien le convenga, pero hay que estar atentos, porque eso puede suceder en cualquier momento. La imaginación y el gato no se van porque ésa sea su naturaleza, te abandonan porque no los atiendes y así, no eres digno de estar en su presencia, tampoco se trata de estar sobre ellos todo el tiempo, porque eso implicaría volverte loco. En cada uno de sus juegos debe llegar el instante de dejarlos ganar, de no ser así, todo parará y será muy difícil retomarlo pues su confianza es muy frágil.

3. Experimentar. Imaginar es como andar en bicicleta, para empezar a usarla hay que treparse en ella y pedalear manteniendo el equilibrio, si caemos, debemos subirnos otra vez hasta dominarla y cuando seamos más o menos diestros, podríamos pensar en convertirnos en profesionales y vivir de ella; una persona imaginativa entiende cómo dirigir sus pensamientos para que se conviertan en realidades útiles en cualquier sentido. De una mar de escenarios imaginados han surgido historias que logran enternecernos, animarnos, envalentonarnos, solidarizarnos o indignarnos, interesarnos en las posibles variantes que pudieran tener bajo las lógicas del realismo o la fantasía, lo que nos lleva a la creación de versiones propias que vuelven a validar y valorar lo descrito por las palabras en páginas cuyos textos son más una invitación a viajar.

4. El universo. El espacio hasta ahora, se nos sigue presentando como algo infinito, tanto que podemos hacer paralelismos con la imaginación; así como las estrellas son inconmensurables, la ideas en nuestra cabeza también lo son, nada más que a la mayoría de ellas las vemos con los anteojos de lo cotidiano y a las que calificamos como buenas, las seleccionamos a cuentagotas, no creo que haya un censo o un estudio especializado sobre cuántas idea se le ocurren a un ser humano promedio, pero tengamos por seguro que son muchas, sin importar que seamos brillantes o no, claro que la mencionada brillantez es relativa y subjetiva. Universo e imaginación son bastos, permanecen por toda nuestra existencia y ambos tienen la misma característica como una señal divina, desaparecerán al mismo tiempo que nosotros. Salud.

Beto

martes, 4 de noviembre de 2025

La integración

Estar integrado provee de seguridad
para enfrentar el entorno. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Aportes literarios. El acto mismo de leer ya es de integración debido a que un libro o un texto en general, es una ventana para introducirnos en las vidas ajenas por cualquier motivo ya sea entretenimiento, conocimiento o información en general; la literatura misma es una invitación, además, a valorar lo que esas líneas en nuestras manos nos cuentan, a veces guardando las formas, otras con la desfachatez que da el estar seguro del mensaje, de ahí que no sea lo mismo leer a Tolstoi o a Neruda que a Balzac o a Rulfo, cada uno de ellos honrará a la lengua mediante lenguajes encendidos de inteligencia, la mitad de ella aportada por sus lectores; ambas partes, escritor y lector, confirmarán un todo cambiante cada vez que el acto de leer sea presente, sin importar el número de repeticiones.

2. Al comentar. El impacto producido por un libro es más duradero que el que se produce por otros medios, debido a la intimidad provocada por la lectura, en ella son sólo las palabras y nosotros, no existe el actor de por medio como en la radio, el cine o la televisión; en una página escrita somos nosotros quienes ponemos la voz y el aspecto de cada personaje, el trato es directo y cercano al grado de ponernos su piel como abrigo y tomar partido o estar en su contra, sin remordimiento pero con la mayor de las pasiones. Al comentarlo, revivimos lo que nos haya hecho sentir, reproducimos eso que más nos llamara la atención y tratamos de influir en quienes nos escuchan, para que lo lean también y se vuelvan cómplices en, quizá, una aventura semejante pero nunca igual.

3. Al tomar referentes. Para tener o crear motivos, eventualmente debemos contar con animadores, seres extraños que aparecen casi de la nada para darnos alternativas de acción en momentos en que pareciera que se acabó el camino; bien podemos recordar a aquellas personas que, sin tener que ponerse a hacer las cosas junto a nosotros, pronuncian las palabras exactas para que lo que hacemos cobre sentido. Fue el caso de Leopoldo Cárdenas, de muy grato recuerdo, en su etapa como responsable de la cafetería de la Casa de la Cultura de León, tuve a bien visitarlo en varias ocasiones, yo estaba redactando mi tesis de licenciatura por esas fechas y tenía más o menos tres años en ella, le platiqué lo entusiasmado que estaba y cuando me preguntó qué esperaba para terminarla, remató diciendo: termínala ya, de todos modos, «¿quién va a leerla?» La terminé en tres meses.

4. Al citar. El entorno y la imaginación se funden en una práctica que realizamos de manera intuitiva la mayor parte del tiempo que es la interpretación; interpretamos formas de caminar, tonos al hablar, tipos de gesticulación, el uso de ademanes, con el fin de replicarlos y hacer ver a las personas que tenemos en nuestro entorno, que los entendemos y estamos dispuestos a entablar diálogos en cualquier momento. Un encuentro fortuito en la calle con un compañero de la escuela después de varios años de no verse, es la oportunidad de crear un universo alterno a la rutina diaria, porque se puede optar por contar cosas que normalmente no se dirían o dar versiones distintas (no mentiras) de lo que se ha hecho hasta ese día y con ello, mostrar a una persona distinta a la que normalmente se ve. Salud.

Beto

martes, 28 de octubre de 2025

Habla antes que lenguaje

Los lenguajes están hechos para entendernos,
no para lo contrario. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Los tres niveles. El habla fue la primera manifestación de emisión de sonidos articulados que los hombres primitivos pudieron tener; aún sin reglas gramaticales ni un vocabulario extenso, porque las necesidades básicas se satisfacían con un número reducido de acciones; conforme se sofisticaron las tareas, se tuvo la necesidad de crear lenguajes para agrupar en tipos, los conocimientos que se iban generando con la división del trabajo y la aparición de las jerarquías en los grupos sociales. A la vez que nómadas, esas jerarquías pudieron ser eventuales, pero con la aparición de la agricultura, los sistemas de poder se especializaron, por lo tanto, también aparecieron símbolos y conceptos más rebuscados y se requirió de manifestar la pertenencia a un grupo mediante la lengua o idioma.

2. ¿Por qué es habla? Primero que nada, el habla es la facultad que tenemos los seres humanos de emitir sonidos coherentes para transmitir, de forma oral, ideas, pensamiento y conocimiento; en su siguiente nivel, es la forma particular que tienen pequeños grupos de hablantes dedicados a una forma de producción artesanal o que han creado una variante muy particular de la lengua. Un habla es un sistema lingüístico diferenciador como el caló gitano o el español yucateco; la aparición de lo que llaman «lenguaje inclusivo» es en realidad un habla puesto que, como tal, no aporta un aspecto técnico especializado, como podría tenerlo el lenguaje matemático, sino que sólo propone cambios cosméticos en ciertas palabras, pero en su lógica, pierden de vista otros términos.

3. Usan las reglas. El supuesto aporte para la inclusión no es la invitación a su entendimiento como quieren hacernos pensar, por el contrario, dentro del mismo sistema gramatical van jugando con ciertas palabras tratando de volverla «neutras» sin darse cuenta de que en español ya existen tales, por ejemplo, si no queremos usar hombre y mujer, persona ya ofrece en sí misma la neutralidad que presumen buscar, pero caen en el absurdo de tratar de imponer «persone», cuando no es posible hacer neutro a lo neutro. Claro, tampoco lo usan con todos los sustantivos, sólo en aquellos que la moda les ha impuesto y nada más en eventos especiales, porque cuando se les olvida, terminan hablando como cualquier hijo de vecino, comprobando con ello que es muy difícil actuar fuera de las reglas.

4. Mesura en las pretensiones. No soy quién para indicarles lo que deben hacer hacia el interior del movimiento feminista ni a ningún otro, si deben seguir usando esa manera de hablar, están en su derecho, pero antes de tratar de imponerlo a quienes no pertenecemos a la comunidad de las letras y los colores, piensen en que sus principales protestas están dirigidas contra las imposiciones del «patriarcado opresor» y con sus delirios, están cometiendo el mismo error; sean libres pero sean conscientes también de la libertad de los demás porque jaulas ya hay demasiadas. Esto me lleva a otro punto, cuando se habla de libertad, generalmente se piensa en los oprimidos como un sector especial (piensen es todas sus acepciones) pero casi nunca se piensa en liberar a todo el mundo, pues no contamos con la cadena de los dos grilletes. Salud.

Beto

martes, 21 de octubre de 2025

Movimiento cultural

No vale decir «no me enteré». Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Despertar a los creativos. En las semanas anteriores me encontré con la novedad de que los creativos ya están despiertos, que su producción es copiosa y que han logrado colocar sus textos en editoriales importantes tanto en el estado como en el país; la ciudad es un campo de cultivo para la creación literaria, pero adolece de un buen sistema de difusión, lo cual se nota por las apariciones esporádicas en eventos especiales de aquellos, nuevos o viejos, dedicados a la pluma. Las ferias de libros no bastan (aquí han mejorado), es necesario que esos escritores de mantengan presentes todos los días, que todos sepamos que existen y que están produciendo; la librería Emma Godoy hace buena parte de esa difusión que, insisto, aún no alcanza para tener presentes a los creadores locales y sentir en consecuencia, que hay aquí un movimiento cultural.

2. Convencernos de participar. Una cosa es que haya oferta de cultura y otra, que los de a pie vayamos a consumirla; podemos pretextar costos, falta de información, grandes ocupaciones o, incluso, la clase de los eventos ofertados, ninguno estará a la altura de ellos por una sencilla razón, todavía quedan restos de ignorancia clasista que se conforma con explicaciones vanas como «es que aquí nadie lee» o «este pueblo es de apáticos», sin pensar que cuando decimos oraciones así, sólo estamos reflejando lo que somos a nivel individual. Nuestra adolescencia social nos impone criticar y quejarnos sin saber, pero está en nosotros el cambiar la dinámica y hacernos responsables de nuestra información, la cual no debería tener complicaciones, sólo hay que regular nuestro consumo en redes.

3. ¿Qué más hay? Una pregunta semejante a «aquí nunca hay qué hacer» que escuché cotidianamente de mis alumnos de Silao, Irapuato, León y ¡Guanajuato!, allá entre los años ochenta y el inicio del nuevo milenio; ¿por qué el desdén manifiesto? Podría argumentar ignorancia, pero ¿¡en la capital!? Donde casi todo el estado sabe lo que se puede hacer, parece inconcebible que no tuvieran idea; ellos decían estar hartos de lo que tenían que pasar en los festivales, sin embargo, si dependían de ello para vivir todo el año, lo mínimo que podían hacer era, al menos, disfrutarlo. En las otras ciudades, si de verdad prevalece la ignorancia, entonces, lo mínimo que deberían hacer, sería averiguar sobre sus atractivos y en una de ésas, hasta descubren nuevas tradiciones.

4. Lo que debería ser. En un sistema de información guanajuatense ideal, tanto en los periódicos (los que queden), la radio y canal cuatro, deberían tener un espacio para dar a conocer las carteleras culturales de los municipios, con la anticipación necesaria para que los usuarios tuviéramos la oportunidad de calcular las posibilidades de asistir a los de nuestra localidad o a los de otros municipios, tomando en cuenta los tiempos de traslado para cada ubicación, es decir, si radicamos en Uriangato, a lo mejor podría sernos útil un día antes, que habrá una muestra gastronómica, pero para los habitantes de Ocampo les sería totalmente inútil si no se les avisara al menos con una semana de anticipación. Mantener una economía activa no sólo se trata de producir carros o zapatos, la cultura también vende. Salud.

Beto

martes, 14 de octubre de 2025

Uno más para la reconciliación

Es bueno contar con creadores
tan cercanos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Descubriendo otras plumas. El pasado 12 de julio, la licenciada Rodríguez y un servidor, tuvimos la oportunidad de asistir a la presentación del libro «La mujer que amaba los insectos» de la autora Zyanya Mariana en la librería Emma Godoy del CREA; un evento que superó nuestras expectativas dado que en las presentaciones a las que asistimos anteriormente, la figura del escritor se mostraba distante, casi inaccesible aunque hubiera firma de libros, en esta ocasión fue lo contrario, una parte porque el espacio se presta para que todos estemos a la misma altura y otra, porque la cercanía no fue incómoda de ninguna manera; Zyanya tuvo el tino de ser ella, lo sé no porque la conozca, sino porque en ningún momento apareció su charola de escritora, lo cual para alguien casi antisocial como un servidor, resulta muy valioso.

2. La obra. Hasta donde iba en el momento de escribir estas líneas, los personajes resultan entrañables, las ficciones en las que la autora inserta a Magdalena, Hiparquía y Marilyn nos ofrecen tal cercanía que no nos queda de otra que hacernos cómplices, porque la testificación muda no es bien recibida por las abejas en las que ha convertido a sus palabras y no, no es de ellas -las abejas- de las que habla en «La mujer que amaba los insectos», lo hace de unos animalitos que no gozan de muy buena fama que son las chinches. Son muy buen pretexto para ubicarnos en el entendido de que es muy importante atender a las enseñanzas ancestrales para poder vivir en armonía con la naturaleza, fuera de la moda de lo «orgánico»; me faltan páginas, pero creo que me encontraré gratamente con la misma línea narrativa.

3. Los personajes. La imaginación reposará en la realidad pero no estará de ociosa, provocará a aquella para que revele todo eso que, fuera de la embriaguez literaria, no se atrevería a decir; Marilyn abre su corazón para mostrar al mundo de lo que es capaz, para mostrar que la valentía no sólo es la ausencia de miedos (en plural, porque los orígenes son diversos) sino la reiteración de un yo que, a pesar de la ignorancia de los demás, siempre estará aferrada a defender lo que es; Magdalena se fue, no parece haber querido dejar rastro, podríamos asegurar que el pie del cual se prendió le cantó al oído para que los más grandes misterios del mundo le fueran revelados al ritmo del danzón, por lo que es lógico que un escalón abajo de un salón de baile, se encuentre un burdel de pies, historia que se abre más allá de una foja del ministerio público.

4. Esfuerzo a compartir. Descubrir que, a pesar de que mantenemos la idea de que somos un pueblo que no lee, hay plumas empecinadas en que haya letras al alcance de cualquier mano y presupuesto, es digno de admirarse y Zyanya nos devuelve la confianza de que es bueno hacerlo y vale la pena el esfuerzo; seguramente tendremos otras oportunidades de coincidir con ella y con otros autores que nos saquen del marasmo en que parece estamos. Se preguntarán por qué no sigo comentando el libro, bueno, son dos razones la primera, para no cometer la grosería de contarles todo y la segunda, porque al momento de escribir estas líneas, aún no terminaba de leerlo; podría prometerles el conseguir más títulos de ella u otros creadores para contarles porqué me gustan o no, ya veremos cómo ando de ánimo. Salud.

Beto

martes, 7 de octubre de 2025

Talleres de escritores

Si llegara a colarse un error en una publicación,
existe la fe de erratas. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. No todos. Quien piense en participar en un taller de escritura creativa debe despojarse de la idea de que va a adquirir con su cuota, una forma mágica de escribir y contar historias, pues como la palabra lo indica, es un taller y por lo tanto, hay que meter las manos, hacer el trabajo que de cualquier manera es lo divertido en un evento así; también sería prudente aclarar que en un taller se puede encontrar un estilo claro, la mayoría de nosotros no lo buscamos conscientemente, pero sí es deseable no copiar todo un formato ajeno, claro, sin condenar la búsqueda por medio de referencias literarias. Una consideración más, tampoco hay garantía de que el asistir a todas las sesiones de un taller convertirá a todos en escritores, también surgen de ellos, buenos lectores y críticos literarios.

2. Trabajo mental. Dos trabajos hay que superar al momento de considerar una participación en un taller de escritores, el primero tiene que ver con suponer que no somos buenos para ello, ya que eso no es requisito y si resulta que teníamos razón, entonces sirvió para quitarnos la duda; el segundo, suponer que lo que vayamos a escribir debe ser perfecto y nada hay más alejado de la realidad, ni siquiera Heminway hizo que todos sus escritos fueran best sellers; el trabajo mental previo se basa en ubicar que en un taller se aprende cometiendo errores y ésos los realizamos de manera natural con la única consecuencia de que debemos remediarlos, lo mejor de todo es que los errores literarios en un taller no tienen graves consecuencias, ya que la sangre que corre en las páginas, no es necesario que se limpie.

3. Aprendiendo al mostrar. En un taller se espera que cada tallerista se convenza de que no existe tal cosa como «escribir para uno», que muy en el fondo todos escribimos para que nos lean; la humildad está bien, pero no al momento de dar a conocer la obra, en ese instante hay que ser generosos con la cercanía, ser accesibles con los lectores para que haya una asociación de esa actitud con el texto. Y más que las ventas, está el aprendizaje sobre los temas que el gran público (en algunos casos es un número reducido de personas) acepta o rechaza, hacia dónde dirige su curiosidad y con qué ahínco muestra inconformidad. Es sumamente importante que haya otros ojos sobre las líneas escritas por nuestra mano sin que esto signifique que mágicamente vamos a hacer narraciones impecables, pero seguramente con sus comentarios, nos pondrán en ese camino.

4. El pánico. No se dará en un escenario pero es igual de impactante el enfrentar una hoja en blanco debido a que solemos pensar que si no podemos escribir en ella, de nada sirvió todo lo que escuchamos y dijimos haber aprendido; la hoja en blanco abre sus fauces dispuesta a tragarse todas las palabras que se nos ocurran hasta dejarnos secos del cerebro, pero no cuenta con que el idioma es un recurso renovable que produce más ideas conforme se le explota más. No obstante, tras de sí vienen otras hojas níveas, inmaculadas que retan a la pluma a dejar sus marcas, entendibles para muchos o para pocos, es lo de menos, el punto está en terminar el juego donde el ganador siempre es un tercero; la escritura lleva a la lectura y ésta, a su vez, exige un nuevo repaso sobre las palabras conocidas, para traer nuevas ideas. Salud.

Beto

martes, 30 de septiembre de 2025

Hacer historia

Hacer historia requiere de la paciencia
de un monje. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. ¿Cómo financiarla? No debe resultar sencillo ser historiador a menos que quien decida serlo tenga una beca de Conahcyt (la «h» es uno de esos cambios inútiles de la 4T) o haya sido contratado por una empresa que tenga departamento de divulgación cultural como BBVA o TAC, de lo contrario, el historiador como muchos otros profesionistas, debe proponerse a sí mismo como una empresa con la posibilidad de crear productos para la divulgación de su materia, ya sea porque teorice en su práctica o porque le interese una etapa o un personaje en particular; esa empresa podría tener éxito en cualquier lugar y con cualquiera que realice investigaciones serias, debido a que a los mexicanos nos encanta que nos cuenten historias y si éstas están llenas de misterio, intriga y traición, pues qué mejor.

2. Ahorro como no gasto. Lejos del «aprovechar ofertas», ahorrar implica el tratar de mantener la capacidad de compra del dinero y eso no se logra gastando ni poco ni mucho; la respuesta está en la inversión, con el cuidado que merece el esfuerzo de haber juntado el dinero en la cantidad que sea, pues representa lo mismo el perder mil que un millón de pesos si es lo único con lo que se cuenta. Ahora bien, el simplemente guardarlo también representa una pérdida ya que las monedas (todas) se deprecian a diario desde que no se rigen por el oro, aunque todos los países deben tenerlo como respaldo. Por otro lado, el hecho de que en este tiempo las economías estén basadas en la producción, nos pone en un panorama en el que la fluctuación de las monedas fuertes, se llevan de corbata a las economías emergentes.

3. ¿Qué consideramos importante? Historiar también implica un ahorro en las palabras que van a usarse en uno de sus relatos, es decir, de tratar de mantener la atención del lector o escucha en una narrativa que le informe con la mayor verosimilitud posible con las palabras adecuadas ya que, para ser sinceros, lo que se narra es resultado de que ese episodio en particular le es importante a alguien con poder, ya sea desde la óptica gubernamental o la de una fundación particular; a la historia no la escriben nada más los vencedores (porque eso implicaría que todos los que la hacen han estado luchando todo el tiempo contra alguien más) sino también sus herederos, que su único mérito es tratar de mantener lo conquistado por sus antecesores. Esa tendencia ha dejado la sensación, por el centralismo con que se maneja, de que no todos estamos considerados en ella.

4. Alternativas. Si pudiéramos, le preguntaríamos al historiador Alejandro Rosas, qué opciones hay en una ciudad como la nuestra para que las indagaciones en documentos y la creación de nuevos tengan la mayor credibilidad posible. Supongo que su sugerencia iría por establecer el rigor al momento de consultar cada foja o libro que asegure haber registrado un momento de la vida local y que pudiera ser de interés general, susceptible de una narrativa coherente y verosímil. Esto supone un gran trabajo de indagación y el establecimiento de una cronología no lineal como forma de entender las coincidencias hacia el interior del municipio y hacia el exterior del mismo. No tenemos a la mano a Alejandro, pero  hay esfuerzos individuales que han establecido bases para aquellos que deseen aclarar o dar a conocer un detalle de nuestra historia. Salud.

Beto

martes, 23 de septiembre de 2025

Las vacas sagradas

Las opiniones de una gran pluma
siguen vigentes. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Cuando la palabra es ley. Hay frases que en los labios indicados pueden revivir o aplastar a pueblos enteros, basta con que un grupo numeroso compre la idea de que una persona es enviado y habla en representación de un ser superior para que de manera «patriótica» defienda una posición o para que, convertida en una turba iracunda, linche a todo aquel que no comulgue con sus ideas. Por fortuna, los episodios de esa índole se han reducido (aunque no las guerras) y han dado paso a la literatura para retratarlos. En otro sentido, cuando un escritor reputado habla sobre el trabajo que realiza, parece dictar cátedra para que los demás aumentemos nuestros referentes y así comprender mejor nuestro entorno, su credibilidad se ve aumentada en relación a sus publicaciones, principalmente en libros.

2. Aunque no siempre haya razón. En algún momento, allá por mediados de los noventa, tuve la oportunidad de leer en un cartel, una declaración de Gabriel García Márquez sobre «liberarnos» del uso de las tildes en el español, puesto que se había visto que en otros idiomas (que yo sepa, sólo en el inglés) que las palabras adquirían su significado por el contexto de la oración. ¿Tenía razón? Sí, en parte, pero hay un detalle que no tomó en cuenta y es que en nuestro idioma hay palabras que se significan a sí mismas mediante las tildes como el pronombre «él», por lo tanto dentro del texto, es importante facilitar la comprensión del lector no confundiéndolo con palabras similares que tienen distinto significado. Supuse que en el fondo, el Gabo tenía mala ortografía y era su editor el que se aventaba largas jornadas corrigiéndolo.

3. Desde París. En entrevista con el periodista James R. Fortson, Carlos Fuentes dicta sus impresiones sobre lo que le vendría a la ciudad de México como capital y al país entero si las tendencias de ese ya lejano diciembre de 1973 seguían vigentes y algo de eso podemos constatar en nuestros días; Fortson pudo sacar las, hasta ese momento, opiniones más significativas sobre la situación que prevalecía en las letras, la política y la economía nacionales que el futuro embajador mexicano en Francia podía externar y aunque el encuentro con el escritor le costó mil dólares, la publicación en la revista Eros (censurada y cerrada por Luis Echeverría) que después publico en formato de libro con el nombre de «Perspectivas mexicanas desde París, un diálogo con Carlos Fuentes», le valió su primer premio nacional de periodismo.

4. ¿Qué dijo? Con su entrevista, James R. Fortson sacó una cara que el mismo Fuentes pudo haber ensayado la noche anterior a que se llevara a cabo, pero establece dos puntos importantes, el que en la lengua española se escribe una única novela y cada escritor plasma en su obra un capítulo de ella y que la escritura, como oficio y acto común, no es una práctica natural, yo agregaría que lo es como afirma, pero no nada más por «estar doblado dibujando patas de mosca», sino tampoco porque moldea la manera de pensar incluso por el instrumento de escritura que se utilice; para colmo de males, es una actividad tan a contra natura (según Carlos) que requiere de una compensación física, la suya era hacer el amor, ya que no gustaba de deporte alguno, ni siquiera de caminar. Salud.

Beto

martes, 16 de septiembre de 2025

Literatura de la independencia

Escribir es una forma de encontrar
el «yo». Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Autores poco nombrados. Las páginas que se escribieron con sus rúbricas dejaron de circular con la frecuencia que debieran, su valor radica en un punto que debería importarnos porque son la muestra del pensamiento decimonónico aún inyectado del costumbrismo del siglo anterior y con el que nos daríamos cuenta si el actual ha evolucionado de verdad o sólo ha cambiado superficialmente; sólo puedo imaginar el grado de compromiso que sintieron escritores como Anastasio de Ochoa (1783-1833), Andrés Quintana Roo (1787-1851), Francisco Sánchez de Tagle (1782-1847), José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827) quienes venían observando los tiempos convulsos que les tocó vivir en su juventud y que, cada uno desde su práctica literaria, retrataron para acercarlos a las masas.

2. La invasión de los héroes. Una vez inventados, además de alhóndigas o sanjuanesdeulúa, los héroes patrios sitian nuestros cerebros con actuaciones inmaculadas donde «agarraron gachupines» o salvaron la vida porque «los valientes no asesinan» se prestan a aumentar las barricadas para mantener a su grupo como un club social al que el ingreso será bastante difícil. El manejo maniqueo al que se han sometido a las figuras históricas mundiales mantiene en una plataforma de casi santidad a unos y guardianes del infierno a otros dando pie a que con esas historias supongamos que la vida cotidiana es igual, lo malo es que como están contadas, pareciera que todo lo sucedido es producto de la casualidad o de la fatalidad, aumentado la idea de que somos telenoveleros y melodramáticos.

3. De propio puño y letra. Nunca he podido explicarme el porqué no leímos en la primaria, la secundaria o la preparatoria «Los sentimientos de la Nación» o «Los tratados de las Cortes de Cádiz» o todos esos textos que fueron dando forma a la idea de independencia como país soberano y, sobre todo, ¿por qué hemos hecho de la lectura de las Constituciones algo aburrido? ¿Acaso no sería interesante interpretar los artículos? ¿O poder analizar el pensamiento de intelectuales como Andrés Quintana Roo? Sé que está en cada quien el atender a lecturas como ésas, pero tampoco se encuentran en cualquier estanquillo, así que se requiere de una buena búsqueda para tener un compendio (si existe) o las obras sueltas de los escritores de la época de independencia, empezando por las biografías, que es otro cantar.

4. Manuel Payno. Varios escritores del siglo XIX apuntaron hacia el costumbrismo mexicano pero pocos tan prolíficos como Manuel Payno, militar, periodista, político y diplomático que colaboró para periódicos como El Ateneo Mexicano, El Siglo Diez y Nueve, El Año Nuevo, El Boletín de la Sociedad de Geografía y Estadística, El Federalista y Don Simplicio, además de ser miembro de la Real Academia Española. En su obra podemos contar El fistol del diablo, El hombre de la situación, Los bandidos de Río Frío (escrita bajo el seudónimo de «Un ingenio mexicano») y la muy afamada María. Al parecer, Payno resume en sus escritos el sentimiento del naciente mexicano a la vida independiente que antes debe resolver, en un cuestionamiento colectivo, la eterna pregunta: «¿quién soy?». Salud.

Beto

martes, 9 de septiembre de 2025

Leyes de Asimov

Suplirán todo lo manual, pero nunca
lo afectivo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. No hacer daño a un humano. Aunque quizás a este gran escritor de ciencia ficción no le interesara realizar jurisprudencia, sí que su propuesta de leyes para los robots sentaron las bases para nuestra relación con las máquinas; por supuesto, Asimov debe haber partido de la base instintiva de los seres vivos para preservar su existencia, aunque las presenta al revés por tratarse de reglas en defensa de los seres humanos, pero hay al menos dos implicaciones semi ocultas en la primera ley. Si advierte el no dañar está dando un margen amplio de decisión a algo que está programado, segundo, hay el supuesto de que al creador de la máquina aplicará a su creación la posibilidad de actuar para bien o para mal en su convivencia con los humanos, si no fuera así, ¿para qué la advertencia?

2. Cumplir órdenes. Es posible que no lleguemos a ver máquinas que cumplan órdenes como lo exige el concepto, es decir, que sean conscientes de la satisfacción que deben producir al realizar una tarea que les encomendemos pues, hasta el día de hoy con todo y las inteligencias artificiales y las fisonomías antropomórficas, requieren de comandos específicos para moverse, éstos diseñados por un ser humano. Dicho de otra manera, una máquina no hará nada más allá de lo que le fue programado según los lenguajes que utilice. No va a sentir pena u orgullo por terminar los pasos de una receta y obtener un pastel, lo bueno o malo que le salga dependerá de qué tan claras hayan sido nuestras instrucciones o que me desmientan los usuarios de Alexa.

3. Proteger su propia existencia. Esta parte es más novelesca, no porque las anteriores tengan menos programación, sino todo lo contrario, existe la parte en la que una máquina difícilmente tendrá la capacidad de discernir cuándo una situación le es tan desfavorable que pinga en riesgo su integridad, dado que por mucho que una persona o equipo de personas pueda imaginar un buen número de situaciones de peligro, nunca podrán cubrir todas las posibilidades puesto que las hay tantas como seres humanos hay en el mundo. Es cierto, existen coincidencias, pero tan sólo por variantes culturales, las cantidades los rebasarían completamente; lo anterior implica lo que el manejo de la ciencia ficción ha tratado en múltiples obras, que las inteligencias artificiales se defenderán de los seres humanos, pero ¿cómo interpretarían el peligro?

4. Futuros usos de la robótica. Su utilidad es innegable, la discusión sobre si debe suplir la mano de obra humana está de más porque la tendencia es ésa precisamente, lo que nos dejaría un tiempo mayor para dedicar al divino ocio, sin embargo, la tecnología crece a pasos agigantados pero la conciencia social no; la verdad, en ninguna parte del mundo (quizás excepto en Suecia) tenemos una economía que garantice el bienestar de todos los miembros del grupo, por el contrario, ha servido como instrumento de dominación de unos sobre otros, con inversiones que priorizan el consumo por sobre el trabajo y leyes que no buscan la justicia; dentro de este panorama, la tecnología no es otra cosa que una mercancía más cuyo uso lleva el riesgo, no de enajenarla y esclavizarnos a ella, sino de mantenernos subordinados a quienes las producen. Salud.

Beto

martes, 2 de septiembre de 2025

Paramnesia

Lo malo está en que la tecnología
también se extravía. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Término nuevo. Al menos lo es en mi mente ya que, cuando aprendí su contraparte en francés, supuse que era uno de esos términos que adoptamos sin que haya una traducción, además, debemos aceptar que hay algo en los extranjerismos que nos hace sentir que de verdad sabemos mucho, aunque sea en detrimento de nuestro idioma; en mi caso, me da mucho gusto haberme topado con la palabra «paramnesia», porque me crea el mismo efecto nada más que al revés, ahora podré mencionarla y a quien no sepa de qué se trata, le explicaré que es el equivalente de «deja vú», claro está, también debo tener presente la definición, puesto que nadie fuera de la psicología tiene la obligación académica de saberla, sin embargo, sí sería mía por mi presunción de corregirla o afirmarla.

2. No cualquier recuerdo. No es necesario hacer referencia a «La interpretación de los sueños» para sentir que ya hemos vivido algo, esa sensación la presentamos debido a más de un factor que inciden en nuestra memoria que, por fortuna, mayormente son agradables; rara vez si no es que nunca, he escuchado que alguien se refiera a un evento desastroso como algo que ya le hubiera pasado, mucho menos que se refiera a él como un evento digno de sorpresa o siquiera de mención en el momento. Algo digno de traer al presente por medio de una paramnesia deberá componerse de eventos significativos y evocadores, para invertir el tiempo en tratar de describirlo pues, sin que necesariamente haya ocurrido en ese preciso lugar, debe ser el indicativo de que una parte de ello es de nuestro agrado.

3. ¿Premonición? Para nada. Si la paramnesia no es necesariamente haber estado (astralmente) en un lugar con antelación, mucho menos es una premonición; lo más cercano a las dos sería nuestra capacidad de asociar datos para conformar escenarios mentales semejantes y ubicarlos en el tiempo que vivimos; así, una casa que visitamos de niños cuya arquitectura pertenece a las edificadas en las décadas de los cuarenta o cincuenta, pudo dejarnos una impresión grande por los ambientes producidos por cómo reflejaba la luz al atardecer y si ese ambiente llegara a repetirse en otro lado sin que recordáramos a detalle las distribuciones, las dimensiones o los colores, nuestro cerebro sólo traerá al presente la sensación de estar en ese lugar semejante y el ánimo con el que lo guardamos.

4. Registro mental. Los recuerdos de base apoyan todo eso que nos definen como seres inacabados, los sueños podrían ser la búsqueda inconsciente de eso que nos hace falta, por tanto, la paramnesia sería algo así como la proyección de lo que queremos ser o donde queremos estar; lo cierto es que con el acervo acumulado en nuestras cabecitas a lo largo de los años, es muy probable que podamos mezclar imágenes que nos trasladen a diversos espacios con la sensación de haber estado allí en varias ocasiones. La memoria en sí se ha devaluado un poco debido a que hay rubros de la vida cotidiana que hemos reservado a la tecnología, como los números telefónicos, direcciones, horarios, hasta escritos cortos que sirven de recordatorio para tareas o apuntes de historias; esta tendencia nos obliga a buscarle a nuestras neuronas otro tipo de actividades. Salud.

Beto

martes, 26 de agosto de 2025

Los cambios de formato

«No me parecieron conocidos, Sancho».
Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Escoger la historia. Una historia llamativa va a tener una carga afectiva que cada lector adaptará a sus circunstancias personales; para el caso de éste que escribe, las narraciones que más aprecié en su momento, vinieron del formato impreso más humilde que pudiera haber que era el cómic o historieta para los mexicanos, tbo’s para los españoles y con otras denominaciones para el resto de la América Hispana. Dije humilde no por su elaboración que es bastante compleja, sino por sus contenidos que, según la imagen popular, eran para las mentalidades infantiles, ya que una lectura adulta no debía incluir dibujitos; algo debía objetar don Eduardo del Río con todas las obras que produjo durante más de cincuenta años y cuyos temas variados, solían ser bastante densos y profundos.

2. Escoger el formato. Si partimos de la base de que los libros son el origen de todas las historias (porque los guiones de radio, cine y televisión lo son) tendremos a los medios electrónicos de difusión como los alternativos para presentar un trabajo, sin olvidar al teatro; cada uno de ellos tiene un lenguaje específico al que hay que atender para aprovechar las bondades de cada uno sin perder la esencia de la historia que va a transmitirse. La lógica indica que debemos escoger el medio que mejor entendemos y manejamos, sin embargo, abordar cualquier otro sólo requiere de tener algo que decir de la mejor y más clara manera posible, la parte técnica es relativamente sencilla de aprender si tomamos en cuenta que casi todos se basan en el audio y lo visual, todo en imágenes.

3. Pertinencia de la técnica. Así como hay un lenguaje para cada medio, también existen técnicas para lograr las impresiones buscados con las imágenes y los sonidos; éstas deben conjugar el uso de onomatopeyas, encuadres, planos, diálogos y efectos que, junto con colores y tonos, mantengan la coherencia en el mensaje a transmitir; pensemos en dos producciones, una para radio y otra para televisión, podría tratarse de la misma historia, por ejemplo, «Corazón salvaje» de la mexicana Caridad Bravo Adams, novela publicada en 1957 y adaptada para cine y televisión, así como en fragmentos para radio. En los medios audiovisuales podemos ver, mediante movimientos de cámara y encuadres los paisajes, los desplazamientos y gesticulaciones de los personajes y los sonidos ambientales, en audio, todo debe ser producido con herramientas sonoras.

4. El tono. Se plasma con varias perspectivas y aunque una sea dominante, pueden presentarse todas en una misma obra, la cual pudiera ser solemne, crítica, irónica o humorística, usando como herramientas los sentimientos cotidianos como la ira, el deseo, la frustración, etc. Es algo así como el papel de envoltura con el que vamos a presentar el escrito de una adaptación, por lo que podemos ver puestas en escena o películas de obras clásicas u originales, por ejemplo, sátiras de la guerra de las galaxias, de don Quijote de la Mancha o de los miserables. Los resultados de tales adaptaciones (como de los originales también) dependerá de las actuaciones y la inteligencia al plasmar las emociones, para no caer en exageradas redundancias. Salud.

Beto

martes, 19 de agosto de 2025

Letras muy cercanas

Blandear la pluma es como
ahuyentar demonios. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Tocan el corazón. Aquellos a quienes les guste leer y tengan un gato van a comprenderlo muy bien; un libro y un felino nos ofrecen relaciones similares, nos ronronean historias, se acurrucan con nosotros, nos avisan cuando quieren ser atendidos y nos repelen cuando no, lo mejor de toda esa relación es que se forma una complicidad que en los libros se repite con cada volumen que cae en nuestras manos y el gato nunca es el mismo, algo de esquizofrenia quizá. El libro también nos muestra muchas caras, varios estados de ánimo y las diferentes formas de abordarlo, pero nos da la libertad de escoger la que más nos atraiga; la ventaja principal que tiene sobre el gato, es que no hay que alimentarlo salvo con nuestra imaginación. Ambos se alegran si hablamos bien de ellos y nos recompensan con creces en cada nuevo contacto.

2. Un regalo muy querido. La ventaja de regalar un libro, es que no hay que esforzarse demasiado en la envoltura, ya que su portada trae consigo los elementos necesarios como ilusión y sorpresa, como para emocionar a quien lo recibe; un libro se convierte así, en un vínculo entre el obsequiante y el obsequiado donde ambos se verán tratados y retratados según la visión que tengan el uno del otro. No sólo el festejado será romántico, aventurero, curioso, investigador, misterioso o racional como el libro que reciba, sino quien se lo obsequie tendrá las mismas características por haber escogido tal lectura entre muchas del mismo tipo. Dentro de la ficha bibliográfica debería haber el apartado «regalado por», ya que facilitaría la ubicación de esa persona y el pensar en una obra si se le quiere devolver el favor.

3. La añoranza. La semana pasada redescubrí un libro que me regalaron mis más recientes maestras de inglés cuyo título es «The No. 1 ladies’ detective agency» del zimbabwense, educado en Escocia, Alexander McCall Smith, un libro que me he resistido a terminar por mi marcada tendencia a acumular cosas y a no soltarlas fácilmente; es cierto, también está el hecho de que debo leerlo con un diccionario a la mano, pero eso es otra cosa. He tenido que reiniciarlo una o dos veces, lo cual reafirma mi idea de que las aventuras de Mma Ramotswe son bastante divertidas y su agilidad mental pareciera no ir acorde a su rechoncha figura, según la describe el autor. Lo cierto es que fue un detallazo de su parte el cederme un libro que, con todo y las marcas del uso, se volvió algo entrañable para mí.

4. Conocer al escritor. Mi lista es corta, pero sustanciosa en la que aparecen Luis Fernando Brehm, Héctor Gómez Vargas, Sergio Padilla Jiménez, Francisco Hinojosa, Paco Ignacio Taibo II, Alejandro Aura y Luis Felipe Pérez Sánchez con quienes conviví, escuché atento o crucé al menos unas palabras. Conocer a alguien que invierte su tiempo en crear mensajes por escrito me ha permitido ver a la literatura con una mirada especial, no por la fama que dichos personajes tengan, sino porque su dimensión de seres humanos no se pierde para convertirse en ídolos, por el contrario, se magnifica por desarrollar precisamente esa humanidad en lo que alguna vez fueron hojas en blanco y con su magia, transformaron palabras en nuevas imaginaciones, como los «espadachines» de tinta que son. Salud.

Beto

martes, 12 de agosto de 2025

Crear una biblioteca

Lo importante de una biblioteca personal,
es la utilidad de los títulos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La valoración. En la consideración de acumular libros con un propósito caben posibilidades como el espacio (a veces lo último a definir), los géneros, los títulos y los autores, aunque la verdad, la mayoría las creamos como no queriendo y ya que tenemos un montón, entonces es cuando buscamos la manera de almacenarlos sin que se maltraten, que estén a la mano y, en última instancia, si los prestamos que tengamos un buen control de salidas y entradas. Podrían comprarse estantes o libreros o quizá mandarlos hacer a la medida del espacio a ocupar y del tamaño de los libros, en este punto, es prudente pensar en costos y en nuestro ritmo de compra porque cuando llega la organización, no se deja de adquirir obras, por el contrario, ya definido el espacio, las ganas de tener más aumentan.

2. Con buenos ojos. La creación de una biblioteca personal supone un gusto ya desarrollado aunque con un margen para poder ser flexibles; un gusto base nos permite pensar en afinidades y opciones, en géneros alternativos y en autores preferidos, pero sin tener un yugo irrompible, ya que por mucho que nos apasionemos con ellos, estamos conscientes de la posibilidad de encontrarnos con intereses nuevos; si existe el poliamor, éste debe ser con muchos libros. A riesgo de parecer condescendiente, diría que no existe algo como una mala lectura, simplemente hay unas que me gustan y otras que no, ni siquiera un nivel académico elevado es indicativo de que es obligatorio leer solamente artículos científicos o tener al Aleph como lectura de cabecera nocturna.

3. El número. Biblioteca no es un vocablo que deba definirse ni por la variedad de temas ni por la cantidad de libros que haya en ella, así puedan ser la colección de volúmenes económicos del Fondo de Cultura, todo compendio merece cierta apreciación. Claro que hay compilaciones impresionantes que ocupan las cuatro paredes del techo al suelo, pero hay cajas de madera que contienen unos cuantos que, por la profundidad de lo que tratan, teóricamente pesan lo mismo. Para un lector que además es acumulador compulsivo, entrar a una librería le implica cierta tranquilidad el adquirir algunas obras, pero de ninguna manera quedará satisfecho, llevándolo a sentir la frustración aminorada por el paliativo que significa la compra, podríamos pensar que se trata de una adicción «sana» pero, ¿en realidad una adicción lo es?

4. Temática o ecléctica. El concepto de eclecticismo nos ofrece una ventaja de cierta ambigüedad adaptativa a cualquier forma de definición, con lo cual no quiero decir que no sirva de nada, por el contrario, nos da la oportunidad de tener variedad y si ésta lleva un orden, el espacio al que se destinarán los libros se volverá un punto de atracción de cualquier casa. El tener una biblioteca mono temática pareciera poco práctico, aunque existe la posibilidad de que alguien la haya tenido, lo digo así porque resulta complicado tener un panorama amplio de conocimiento general pues, aunque tuviéramos toda la información de una materia o ciencia, siempre estaríamos carentes de datos pues ya no es posible pensar en ninguna práctica sin el apoyo de otras; las glorias de la multidisciplinariedad. Salud.

Beto

El que no sabe

La sospecha no siempre está bien documentada. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. S ospecha. Varios son los personajes que en una novela cuestiona...