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| Los lenguajes están hechos para entendernos, no para lo contrario. Foto: BAER |
1. Los tres niveles. El habla fue la primera manifestación de emisión de sonidos articulados que los hombres primitivos pudieron tener; aún sin reglas gramaticales ni un vocabulario extenso, porque las necesidades básicas se satisfacían con un número reducido de acciones; conforme se sofisticaron las tareas, se tuvo la necesidad de crear lenguajes para agrupar en tipos, los conocimientos que se iban generando con la división del trabajo y la aparición de las jerarquías en los grupos sociales. A la vez que nómadas, esas jerarquías pudieron ser eventuales, pero con la aparición de la agricultura, los sistemas de poder se especializaron, por lo tanto, también aparecieron símbolos y conceptos más rebuscados y se requirió de manifestar la pertenencia a un grupo mediante la lengua o idioma.
2. ¿Por qué es habla? Primero que nada, el habla es la facultad que tenemos los seres humanos de emitir sonidos coherentes para transmitir, de forma oral, ideas, pensamiento y conocimiento; en su siguiente nivel, es la forma particular que tienen pequeños grupos de hablantes dedicados a una forma de producción artesanal o que han creado una variante muy particular de la lengua. Un habla es un sistema lingüístico diferenciador como el caló gitano o el español yucateco; la aparición de lo que llaman «lenguaje inclusivo» es en realidad un habla puesto que, como tal, no aporta un aspecto técnico especializado, como podría tenerlo el lenguaje matemático, sino que sólo propone cambios cosméticos en ciertas palabras, pero en su lógica, pierden de vista otros términos.
3. Usan las reglas. El supuesto aporte para la inclusión no es la invitación a su entendimiento como quieren hacernos pensar, por el contrario, dentro del mismo sistema gramatical van jugando con ciertas palabras tratando de volverla «neutras» sin darse cuenta de que en español ya existen tales, por ejemplo, si no queremos usar hombre y mujer, persona ya ofrece en sí misma la neutralidad que presumen buscar, pero caen en el absurdo de tratar de imponer «persone», cuando no es posible hacer neutro a lo neutro. Claro, tampoco lo usan con todos los sustantivos, sólo en aquellos que la moda les ha impuesto y nada más en eventos especiales, porque cuando se les olvida, terminan hablando como cualquier hijo de vecino, comprobando con ello que es muy difícil actuar fuera de las reglas.
4. Mesura en las pretensiones. No soy quién para indicarles lo que deben hacer hacia el interior del movimiento feminista ni a ningún otro, si deben seguir usando esa manera de hablar, están en su derecho, pero antes de tratar de imponerlo a quienes no pertenecemos a la comunidad de las letras y los colores, piensen en que sus principales protestas están dirigidas contra las imposiciones del «patriarcado opresor» y con sus delirios, están cometiendo el mismo error; sean libres pero sean conscientes también de la libertad de los demás porque jaulas ya hay demasiadas. Esto me lleva a otro punto, cuando se habla de libertad, generalmente se piensa en los oprimidos como un sector especial (piensen es todas sus acepciones) pero casi nunca se piensa en liberar a todo el mundo, pues no contamos con la cadena de los dos grilletes. Salud.
Beto

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