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| Es bueno contar con creadores tan cercanos. Foto: BAER |
1. Descubriendo otras plumas. El pasado 12 de julio, la licenciada Rodríguez y un servidor, tuvimos la oportunidad de asistir a la presentación del libro «La mujer que amaba los insectos» de la autora Zyanya Mariana en la librería Emma Godoy del CREA; un evento que superó nuestras expectativas dado que en las presentaciones a las que asistimos anteriormente, la figura del escritor se mostraba distante, casi inaccesible aunque hubiera firma de libros, en esta ocasión fue lo contrario, una parte porque el espacio se presta para que todos estemos a la misma altura y otra, porque la cercanía no fue incómoda de ninguna manera; Zyanya tuvo el tino de ser ella, lo sé no porque la conozca, sino porque en ningún momento apareció su charola de escritora, lo cual para alguien casi antisocial como un servidor, resulta muy valioso.
2. La obra. Hasta donde iba en el momento de escribir estas líneas, los personajes resultan entrañables, las ficciones en las que la autora inserta a Magdalena, Hiparquía y Marilyn nos ofrecen tal cercanía que no nos queda de otra que hacernos cómplices, porque la testificación muda no es bien recibida por las abejas en las que ha convertido a sus palabras y no, no es de ellas -las abejas- de las que habla en «La mujer que amaba los insectos», lo hace de unos animalitos que no gozan de muy buena fama que son las chinches. Son muy buen pretexto para ubicarnos en el entendido de que es muy importante atender a las enseñanzas ancestrales para poder vivir en armonía con la naturaleza, fuera de la moda de lo «orgánico»; me faltan páginas, pero creo que me encontraré gratamente con la misma línea narrativa.
3. Los personajes. La imaginación reposará en la realidad pero no estará de ociosa, provocará a aquella para que revele todo eso que, fuera de la embriaguez literaria, no se atrevería a decir; Marilyn abre su corazón para mostrar al mundo de lo que es capaz, para mostrar que la valentía no sólo es la ausencia de miedos (en plural, porque los orígenes son diversos) sino la reiteración de un yo que, a pesar de la ignorancia de los demás, siempre estará aferrada a defender lo que es; Magdalena se fue, no parece haber querido dejar rastro, podríamos asegurar que el pie del cual se prendió le cantó al oído para que los más grandes misterios del mundo le fueran revelados al ritmo del danzón, por lo que es lógico que un escalón abajo de un salón de baile, se encuentre un burdel de pies, historia que se abre más allá de una foja del ministerio público.
4. Esfuerzo a compartir. Descubrir que, a pesar de que mantenemos la idea de que somos un pueblo que no lee, hay plumas empecinadas en que haya letras al alcance de cualquier mano y presupuesto, es digno de admirarse y Zyanya nos devuelve la confianza de que es bueno hacerlo y vale la pena el esfuerzo; seguramente tendremos otras oportunidades de coincidir con ella y con otros autores que nos saquen del marasmo en que parece estamos. Se preguntarán por qué no sigo comentando el libro, bueno, son dos razones la primera, para no cometer la grosería de contarles todo y la segunda, porque al momento de escribir estas líneas, aún no terminaba de leerlo; podría prometerles el conseguir más títulos de ella u otros creadores para contarles porqué me gustan o no, ya veremos cómo ando de ánimo. Salud.
Beto

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