martes, 7 de octubre de 2025

Talleres de escritores

Si llegara a colarse un error en una publicación,
existe la fe de erratas. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. No todos. Quien piense en participar en un taller de escritura creativa debe despojarse de la idea de que va a adquirir con su cuota, una forma mágica de escribir y contar historias, pues como la palabra lo indica, es un taller y por lo tanto, hay que meter las manos, hacer el trabajo que de cualquier manera es lo divertido en un evento así; también sería prudente aclarar que en un taller se puede encontrar un estilo claro, la mayoría de nosotros no lo buscamos conscientemente, pero sí es deseable no copiar todo un formato ajeno, claro, sin condenar la búsqueda por medio de referencias literarias. Una consideración más, tampoco hay garantía de que el asistir a todas las sesiones de un taller convertirá a todos en escritores, también surgen de ellos, buenos lectores y críticos literarios.

2. Trabajo mental. Dos trabajos hay que superar al momento de considerar una participación en un taller de escritores, el primero tiene que ver con suponer que no somos buenos para ello, ya que eso no es requisito y si resulta que teníamos razón, entonces sirvió para quitarnos la duda; el segundo, suponer que lo que vayamos a escribir debe ser perfecto y nada hay más alejado de la realidad, ni siquiera Heminway hizo que todos sus escritos fueran best sellers; el trabajo mental previo se basa en ubicar que en un taller se aprende cometiendo errores y ésos los realizamos de manera natural con la única consecuencia de que debemos remediarlos, lo mejor de todo es que los errores literarios en un taller no tienen graves consecuencias, ya que la sangre que corre en las páginas, no es necesario que se limpie.

3. Aprendiendo al mostrar. En un taller se espera que cada tallerista se convenza de que no existe tal cosa como «escribir para uno», que muy en el fondo todos escribimos para que nos lean; la humildad está bien, pero no al momento de dar a conocer la obra, en ese instante hay que ser generosos con la cercanía, ser accesibles con los lectores para que haya una asociación de esa actitud con el texto. Y más que las ventas, está el aprendizaje sobre los temas que el gran público (en algunos casos es un número reducido de personas) acepta o rechaza, hacia dónde dirige su curiosidad y con qué ahínco muestra inconformidad. Es sumamente importante que haya otros ojos sobre las líneas escritas por nuestra mano sin que esto signifique que mágicamente vamos a hacer narraciones impecables, pero seguramente con sus comentarios, nos pondrán en ese camino.

4. El pánico. No se dará en un escenario pero es igual de impactante el enfrentar una hoja en blanco debido a que solemos pensar que si no podemos escribir en ella, de nada sirvió todo lo que escuchamos y dijimos haber aprendido; la hoja en blanco abre sus fauces dispuesta a tragarse todas las palabras que se nos ocurran hasta dejarnos secos del cerebro, pero no cuenta con que el idioma es un recurso renovable que produce más ideas conforme se le explota más. No obstante, tras de sí vienen otras hojas níveas, inmaculadas que retan a la pluma a dejar sus marcas, entendibles para muchos o para pocos, es lo de menos, el punto está en terminar el juego donde el ganador siempre es un tercero; la escritura lleva a la lectura y ésta, a su vez, exige un nuevo repaso sobre las palabras conocidas, para traer nuevas ideas. Salud.

Beto

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...