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| Hacer historia requiere de la paciencia de un monje. Foto: BAER |
1. ¿Cómo financiarla? No debe resultar sencillo ser historiador a menos que quien decida serlo tenga una beca de Conahcyt (la «h» es uno de esos cambios inútiles de la 4T) o haya sido contratado por una empresa que tenga departamento de divulgación cultural como BBVA o TAC, de lo contrario, el historiador como muchos otros profesionistas, debe proponerse a sí mismo como una empresa con la posibilidad de crear productos para la divulgación de su materia, ya sea porque teorice en su práctica o porque le interese una etapa o un personaje en particular; esa empresa podría tener éxito en cualquier lugar y con cualquiera que realice investigaciones serias, debido a que a los mexicanos nos encanta que nos cuenten historias y si éstas están llenas de misterio, intriga y traición, pues qué mejor.
2. Ahorro como no gasto. Lejos del «aprovechar ofertas», ahorrar implica el tratar de mantener la capacidad de compra del dinero y eso no se logra gastando ni poco ni mucho; la respuesta está en la inversión, con el cuidado que merece el esfuerzo de haber juntado el dinero en la cantidad que sea, pues representa lo mismo el perder mil que un millón de pesos si es lo único con lo que se cuenta. Ahora bien, el simplemente guardarlo también representa una pérdida ya que las monedas (todas) se deprecian a diario desde que no se rigen por el oro, aunque todos los países deben tenerlo como respaldo. Por otro lado, el hecho de que en este tiempo las economías estén basadas en la producción, nos pone en un panorama en el que la fluctuación de las monedas fuertes, se llevan de corbata a las economías emergentes.
3. ¿Qué consideramos importante? Historiar también implica un ahorro en las palabras que van a usarse en uno de sus relatos, es decir, de tratar de mantener la atención del lector o escucha en una narrativa que le informe con la mayor verosimilitud posible con las palabras adecuadas ya que, para ser sinceros, lo que se narra es resultado de que ese episodio en particular le es importante a alguien con poder, ya sea desde la óptica gubernamental o la de una fundación particular; a la historia no la escriben nada más los vencedores (porque eso implicaría que todos los que la hacen han estado luchando todo el tiempo contra alguien más) sino también sus herederos, que su único mérito es tratar de mantener lo conquistado por sus antecesores. Esa tendencia ha dejado la sensación, por el centralismo con que se maneja, de que no todos estamos considerados en ella.
4. Alternativas. Si pudiéramos, le preguntaríamos al historiador Alejandro Rosas, qué opciones hay en una ciudad como la nuestra para que las indagaciones en documentos y la creación de nuevos tengan la mayor credibilidad posible. Supongo que su sugerencia iría por establecer el rigor al momento de consultar cada foja o libro que asegure haber registrado un momento de la vida local y que pudiera ser de interés general, susceptible de una narrativa coherente y verosímil. Esto supone un gran trabajo de indagación y el establecimiento de una cronología no lineal como forma de entender las coincidencias hacia el interior del municipio y hacia el exterior del mismo. No tenemos a la mano a Alejandro, pero hay esfuerzos individuales que han establecido bases para aquellos que deseen aclarar o dar a conocer un detalle de nuestra historia. Salud.
Beto

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