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| Suplirán todo lo manual, pero nunca lo afectivo. Foto: BAER |
1. No hacer daño a un humano. Aunque quizás a este gran escritor de ciencia ficción no le interesara realizar jurisprudencia, sí que su propuesta de leyes para los robots sentaron las bases para nuestra relación con las máquinas; por supuesto, Asimov debe haber partido de la base instintiva de los seres vivos para preservar su existencia, aunque las presenta al revés por tratarse de reglas en defensa de los seres humanos, pero hay al menos dos implicaciones semi ocultas en la primera ley. Si advierte el no dañar está dando un margen amplio de decisión a algo que está programado, segundo, hay el supuesto de que al creador de la máquina aplicará a su creación la posibilidad de actuar para bien o para mal en su convivencia con los humanos, si no fuera así, ¿para qué la advertencia?
2. Cumplir órdenes. Es posible que no lleguemos a ver máquinas que cumplan órdenes como lo exige el concepto, es decir, que sean conscientes de la satisfacción que deben producir al realizar una tarea que les encomendemos pues, hasta el día de hoy con todo y las inteligencias artificiales y las fisonomías antropomórficas, requieren de comandos específicos para moverse, éstos diseñados por un ser humano. Dicho de otra manera, una máquina no hará nada más allá de lo que le fue programado según los lenguajes que utilice. No va a sentir pena u orgullo por terminar los pasos de una receta y obtener un pastel, lo bueno o malo que le salga dependerá de qué tan claras hayan sido nuestras instrucciones o que me desmientan los usuarios de Alexa.
3. Proteger su propia existencia. Esta parte es más novelesca, no porque las anteriores tengan menos programación, sino todo lo contrario, existe la parte en la que una máquina difícilmente tendrá la capacidad de discernir cuándo una situación le es tan desfavorable que pinga en riesgo su integridad, dado que por mucho que una persona o equipo de personas pueda imaginar un buen número de situaciones de peligro, nunca podrán cubrir todas las posibilidades puesto que las hay tantas como seres humanos hay en el mundo. Es cierto, existen coincidencias, pero tan sólo por variantes culturales, las cantidades los rebasarían completamente; lo anterior implica lo que el manejo de la ciencia ficción ha tratado en múltiples obras, que las inteligencias artificiales se defenderán de los seres humanos, pero ¿cómo interpretarían el peligro?
4. Futuros usos de la robótica. Su utilidad es innegable, la discusión sobre si debe suplir la mano de obra humana está de más porque la tendencia es ésa precisamente, lo que nos dejaría un tiempo mayor para dedicar al divino ocio, sin embargo, la tecnología crece a pasos agigantados pero la conciencia social no; la verdad, en ninguna parte del mundo (quizás excepto en Suecia) tenemos una economía que garantice el bienestar de todos los miembros del grupo, por el contrario, ha servido como instrumento de dominación de unos sobre otros, con inversiones que priorizan el consumo por sobre el trabajo y leyes que no buscan la justicia; dentro de este panorama, la tecnología no es otra cosa que una mercancía más cuyo uso lleva el riesgo, no de enajenarla y esclavizarnos a ella, sino de mantenernos subordinados a quienes las producen. Salud.
Beto

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