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| Estar integrado provee de seguridad para enfrentar el entorno. Foto: BAER |
1. Aportes literarios. El acto mismo de leer ya es de integración debido a que un libro o un texto en general, es una ventana para introducirnos en las vidas ajenas por cualquier motivo ya sea entretenimiento, conocimiento o información en general; la literatura misma es una invitación, además, a valorar lo que esas líneas en nuestras manos nos cuentan, a veces guardando las formas, otras con la desfachatez que da el estar seguro del mensaje, de ahí que no sea lo mismo leer a Tolstoi o a Neruda que a Balzac o a Rulfo, cada uno de ellos honrará a la lengua mediante lenguajes encendidos de inteligencia, la mitad de ella aportada por sus lectores; ambas partes, escritor y lector, confirmarán un todo cambiante cada vez que el acto de leer sea presente, sin importar el número de repeticiones.
2. Al comentar. El impacto producido por un libro es más duradero que el que se produce por otros medios, debido a la intimidad provocada por la lectura, en ella son sólo las palabras y nosotros, no existe el actor de por medio como en la radio, el cine o la televisión; en una página escrita somos nosotros quienes ponemos la voz y el aspecto de cada personaje, el trato es directo y cercano al grado de ponernos su piel como abrigo y tomar partido o estar en su contra, sin remordimiento pero con la mayor de las pasiones. Al comentarlo, revivimos lo que nos haya hecho sentir, reproducimos eso que más nos llamara la atención y tratamos de influir en quienes nos escuchan, para que lo lean también y se vuelvan cómplices en, quizá, una aventura semejante pero nunca igual.
3. Al tomar referentes. Para tener o crear motivos, eventualmente debemos contar con animadores, seres extraños que aparecen casi de la nada para darnos alternativas de acción en momentos en que pareciera que se acabó el camino; bien podemos recordar a aquellas personas que, sin tener que ponerse a hacer las cosas junto a nosotros, pronuncian las palabras exactas para que lo que hacemos cobre sentido. Fue el caso de Leopoldo Cárdenas, de muy grato recuerdo, en su etapa como responsable de la cafetería de la Casa de la Cultura de León, tuve a bien visitarlo en varias ocasiones, yo estaba redactando mi tesis de licenciatura por esas fechas y tenía más o menos tres años en ella, le platiqué lo entusiasmado que estaba y cuando me preguntó qué esperaba para terminarla, remató diciendo: termínala ya, de todos modos, «¿quién va a leerla?» La terminé en tres meses.
4. Al citar. El entorno y la imaginación se funden en una práctica que realizamos de manera intuitiva la mayor parte del tiempo que es la interpretación; interpretamos formas de caminar, tonos al hablar, tipos de gesticulación, el uso de ademanes, con el fin de replicarlos y hacer ver a las personas que tenemos en nuestro entorno, que los entendemos y estamos dispuestos a entablar diálogos en cualquier momento. Un encuentro fortuito en la calle con un compañero de la escuela después de varios años de no verse, es la oportunidad de crear un universo alterno a la rutina diaria, porque se puede optar por contar cosas que normalmente no se dirían o dar versiones distintas (no mentiras) de lo que se ha hecho hasta ese día y con ello, mostrar a una persona distinta a la que normalmente se ve. Salud.
Beto

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