martes, 18 de noviembre de 2025

¿Para quien escribo?

El lector no tiene obligación de soportar
si no le gusta lo que lee. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Sin mercadotecnia. La pregunta no me la hice yo, fue un cuestionamiento de alguien que de editoriales sabe algo ya que prestó sus servicios para Salvat en España hace ya algunos ayeres; no lo he venido pensando en cuestión de difusión para la venta, aunque otra persona me haya dicho que si no tengo publicidad, es letra muerta. Por el contrario, sí pienso en función de quien me hace el favor de leerme, pero desde la perspectiva de que lo considero un igual y no alguien al que deba satisfacer sus necesidades de información, sería demasiado pretencioso de mi parte, por lo que escribo sobre lo que me parece interesante y pudiera compartirlo en una charla de café; ahora bien, como cuento con la paciencia de fieles lectores (tú uno de esos diez), claro que siento el compromiso de escribirles con todo y su heterogeneidad.

2. Sin un gran público. El éxito también ocupa un lugar en nuestra mente y cada uno tiene el derecho de sentirse triunfador de la manera que le dé la gana; el tener mucho dinero es un buen motivo, pero también lo son saber entablar buenas relaciones sociales, ser reconocido por tener buena sazón, saber dirigirse a grupos numerosos o tener un pequeño círculo de lectores, para los cuales el compromiso adquirido con ellos, es el mismo que si se tratara de miles; la lectura de pocos parece más íntima y cercana y cuando se conoce al autor hay dos caminos para abordarlo, uno, ser condescendiente y dejar pasar lo que pudiera considerarse un error o dos, ser extremadamente críticos porque suponemos que no cumplió con nuestras expectativas, ambos son sesgos que no nos permiten ver la obra lo más objetivamente posible.

3. Encontré el gusto. Escribir es lo más cercano a hacer trazos de dibujo con coherencia y ya que no tengo paciencia para hacer líneas con perspectiva y sombras, decidí hacer líneas con palabras y con los primeros buenos comentarios sentí la satisfacción de quien encuentra algo valioso; no es la letra en sí lo que me gusta, sino lo que provoca tanto en lo visual como en lo mental, es decir, el fondo y la forma en ese juego ancestral que los demás hacen el favor de notar. Escribir es un gusto que se vuelve vicio cuya resaca se cura justo con el mismo veneno, también es el único que cualquiera tiene a la mano y que bajo su influjo, nos volvemos bastante productivos. Apoyar un bolígrafo o una pluma en una hoja de papel o pulsar un teclado es como entablar un diálogo medio esquizofrénico en tono de debate donde ambas partes ganan.

4. Un tipo de lector. No escribo para todos, eso es claro y no es porque yo sea una vaca sagrada, por el contrario, al no ser más conocido que en un pequeño grupo, también la cantidad reafirma esa aseveración, aun así, no puedo asegurar que mis escasos lectores tengan un perfil definido a ultranza pues, aunque se trata de profesionistas en su mayoría, también los hay con otros niveles de escolaridad, lo cual me place pues me permite creer que cumplo con una de las condiciones básicas del comunicador, la de no discriminar con el propio mensaje. Aunque si tuviera que definir a mi tipo de lector, diría que es alguien abierto, dispuesto a apreciar otras perspectivas y aportar su opinión cuando sea prudente, algo que hace años era sólo un deseo y ahora se ha vuelto una muy motivadora realidad. Salud.

Beto

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