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| En toda ocasión, un libro es un buen regalo. Foto: BAER |
1. Encontrar la línea. Los géneros en la literatura coquetean con la idea de mantenerse sin cambios por toda la eternidad, sin embargo, en ese empeño no pueden evitarse mezclas entre sí dando como resultado, amalgamas que llegan a convertirse en referentes para satisfacer gustos, aprendizajes y producciones; el caso de Mary Shelley y su moderno Prometeo considerado por unos como de horror y ficción, es calificado por otros como de amor y sufrimiento, será porque tiene de todo; Frankenstein es un personaje, creador en sí mismo, que pareciera no medir las consecuencias de sus actos, simplemente se fija una meta y se hace de los medios para lograrla, pero su creación cobra tal fuerza que llega a arrebatarle el protagonismo, tanto en la historia como en la imaginación de los lectores, moldeando a voluntad los aspectos más sensibles en esa relación.
2. Autores importantes. Más que un listado amplio, lo que debemos tener presente son pasajes que nos sirvan para identificar e ilustrar o que sucede en nuestro entorno, al final, ubicar a los autores es un adorno para reuniones literarias y lo verdaderamente útil es lo aplicable de sus enseñanzas, en nuestra realidad palpable. Fuera del mundo académico, si no recordamos el nombre de un autor nada pasa, sin embargo, si cambiamos una cita o nos olvidamos de ella, prácticamente nos quedamos sin mensaje. Pero lo deseable es que cada autor adquiera importancia y eso lo logra en la medida en que entra en el gusto de los lectores, entre más profundo, más importante será, ya lo que digan los críticos servirá como una referencia. todo es cuestión de gustos.
3. Búsqueda de ofertas. En términos estrictos todo el mercado es una oferta puesto que todo es ofertado, claro que entendemos no sólo el ofrecimiento de un producto para su consumo, sino que además se realiza con un costo menos al de la normalidad del momento; buscar satisfactores con esa característica exige un entrenamiento previo basado en la observación de tiendas y movimientos de consumo, a las primeras para comparar los precios y a los segundos, para saber qué es lo que está apareciendo en el gusto popular, así se tendrá la suficiente información para saber dónde comprar lo que «nos gusta» a un precio más bajo. Por supuesto, eso no garantiza que en realidad su costo haya sido menor al de su fabricación porque para la fecha en que lo adquirimos, el precio habrá subido unas cuantas veces.
4. Las ferias. Dentro de los mundos imaginarios perfectos que describe cada obra literaria difícilmente nos encontraremos una feria en donde se vendan libros; es posible que a los escritores no les llame la atención el crear meta historias en donde ellos mismos estén exhibidos y a la venta, aunque también podría tratarse de una estrategia, de mal gusto quizá, pero estrategia al fin. En una feria del libro se tiene la oportunidad de conocer escritores de todo tipo que presenten su visión particular de la realidad que compartimos; hay precios para todos los bolsillos, pero la tendencia es que se encuentren libros más baratos que en las librerías establecidas, sin embargo, los precios están en la mente, pues la necesidad y el gusto dictarán lo que nos es caro o barato. Salud.
Beto

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