martes, 23 de diciembre de 2025

Verter la opinión

Una opinión puede llevarnos
a lugares insospechados. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Decantación desmesurada. Para quienes escriben rodeados de millares de lectores, se ha vuelto riesgoso exponer sus ideas y, sin importar el medio, la exposición resulta a veces insoportable; la censura ya no es de uso exclusivo del gobierno, ahora se ha vuelto algo así como un patrimonio por contagio de los seguidores aplaudidores del régimen, que suponen defenderlo en contra de las «fuerzas fácticas» de los emisarios del pasado, neoliberales fifíes que sólo buscan tener el poder sin ejercerlo debidamente, sin darse cuenta de que con ese discurso, han descrito a todos los gobiernos (incluido el actual), nada más que con otros calificativos. Periodistas principalmente, pero también aquel hijo de vecino que se atreva a criticar a las autoridades vigentes, enfrentará a una horda (cada día más diezmada) de entes iracundos que sólo repiten el discurso institucional.

2. Grandilocuencia desmesurada. Un barril hace más ruido cuando está vacío, lo mismo pasa con las cabezas que tienen poco dentro, versa la sabiduría popular; es fácil darnos cuenta cuando alguien tiene poco que decir y encima está inseguro de lo que piensa, por lo cual alza la voz, arrebata la palabra y se rehusa a escuchar a los demás. En una publicación sucede algo semejante, si leemos líneas en la que se denosta un hecho u otra opinión, se pretende que lo escrito ahí sea la única verdad y encima se oculta otro tipo de información respecto de lo tratado, nos encontraremos con un texto que, de inicio, es inseguro y tiene poca estima, por lo cual debe «manotear», «vociferar» y utilizar palabras «extremadamente cultas» que en realidad dan muestra de poca tolerancia a la crítica y al error.

3. Paraíso de metiches. El panorama actual de la información ha tomado tantas vertientes como usuarios de redes sociales hay, por desgracia, aquí se cumple el viejo adagio que dice que la cantidad no asegura la calidad, pero no todo es malo o perverso, hay esfuerzos por mantener un alto nivel de notas, teniendo conciencia de que lo deseable es combatir la desinformación; en los vaivenes entre estar enterado e ignorar lo que sucede, se cuelan aquellos a los que solamente les interesa meterse en la vida de los demás, con el pretexto de que todo lo que se sube a la red es del dominio público y hasta ahí, todo parece adecuado, pero nada dice que debamos opinar a fuerza sobre todo lo publicado, el hacerlo nos convierte en simples chismosos pues, en realidad, nadie pide nuestra opinión.

4. El dogma no es opinión. Bueno, algunos sí, los que están interesados en monetizar mediante sus publicaciones o para quienes se empecinan en ser farautes de pseudo leyes naturales con las cuales se rigen y pretenden que lo hagamos los demás; al parecer verdad, el dogma dicta sin suponer una contraparte pero sí se inventa un enemigo para validarse, porque lo que no está a su favor, está en su contra. Conceptualmente, el dogma es una pared monolítica que pretende no tener fisuras, mucho menos errores que puedan poner en duda su integridad, pero esa pretensión está sustentada solamente por la afirmación de que quien lo sustenta, es la autoridad en esa materia. Por definición, un científico no puede ser dogmático porque la ciencia no busca la verdad y está abierta a la opinión. Salud.

Beto

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