martes, 9 de diciembre de 2025

El humanismo local

Todo argumento puede tener lógica,
pero no por eso es confiable. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Su prerrequisito. Educación y escolaridad se han visto envueltas en un manoseo teórico que poco ha aportado al desarrollo humano, ya sea por la indefinición de los papeles que juegan las instituciones o porque no hemos atinado a juntarlas para poder hablar de acción integral; no podemos declararnos humanistas cuando los juicios hacia la sociedad se hacen de manera indolente basada en una educación que ha marcado diferencias como medios para relacionarnos. Tratar bien a alguien y respetarlo son cosas muy distintas y sus diferencias son de grado; para empezar, la temporalidad es diametralmente distinta, pues el buen trato es eventual mientras que el respeto es perpetuo, uno es para hacer sentir cómodo al otro y el segundo es para que se sienta seguro; un buen trato se presenta donde sea, la seguridad no.

2. El refuerzo académico. Por supuesto, hay escuelas que se autodenominan humanistas, principalmente (o son las únicas) las de nivel superior, lo que pensándolo bien, sonaría lógico si pensamos que los años de primaria, secundaria y preparatoria son etapas de acondicionamiento para entender al humanismo como un estilo de vida y no como una simple teoría con buenas intenciones, al parecer, ser humanista requiere de una conciencia especial en donde, para empezar, la valoración de lo netamente humano es única, pues las diferencias son sólo formas distintas de expresar lo mismo que tienen en la academia, una manera de poner orden a las estructuras mentales para identificar primordialmente, aquello que nos semeja en cualquier situación en cualquier parte del mundo.

3. Aplicabilidad social. Pensar en que los humanos somos buenos o malos por naturaleza pareciera el inicio de una discusión bizarra que a nada más conduciría que a huecos teóricos que no se han solucionado del todo, puesto que el humanismo no se ha caracterizado por ser determinante en sus postulados por un detalle primordial, sus observaciones están influidas por el comportamiento social. Y no debe ser de otra manera, pues es el único rasgo que posiblemente se registre numéricamente; conciencia social, mentalidad, identidad, no tienen una escala con la cual pueda darse una clasificación o se contabilice la cantidad de eventos en las que aparecen. Ser humanista en estos tiempos parece más una pose que sirve en las campañas políticas de ciertos demagogos que aprovechan muy bien sus detalles ambiguos.

4. La tragedia de la desconfianza. No por haberlo mencionado varias veces quiere decir que haya encontrado la respuesta, tener confianza en los demás no se da de un día para otro, ni siquiera en uno mismo, es un trabajo gradual que lleva un buen tiempo, pero que puede perderse en un instante. Así parece haber sido por toda nuestra existencia, ya que el miedo a morir se presentó primero (o con mayor fuerza y frecuencia) que la necesidad de socializar. Lo peor del caso, es que hemos tenido razones para desconfiar de todo y de todos significativamente porque nuestra vida no ha dejado de estar en riesgo siendo la razón la misma de siempre: la búsqueda del poder. No importa la naturaleza de éste, la fascinación por sojuzgar al otro ha mantenido a algunos inadaptados, interesados en satisfacer sus perversiones. Salud.

Beto

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