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| Nos agrupamos para estar con los iguales. Foto: BAER |
1. Para varias cosas. Las afinidades dan parámetros para que nos juntemos en grupos más o menos numerosos, los tipos de esas agrupaciones son tan variados como los gustos que presentamos en actividades manuales o intelectuales, sin que la exclusividad de ellas sea tajante, es decir, que si varias personas se agrupan para formar un equipo deportivo, podrían considerar también, el juntarse para ver películas o realizar composturas que tuvieran que ver o no con su idea original. Aunque la lectura y escritura son actividades netamente individuales, el compartir y crear en comuna no está peleada con la introyección de lo que captamos o producimos, puesto que por medio de la comparación o el comentario, podemos ser capaces de adherir nuevas ideas o cambiar de perspectiva.
2. Contra el pánico escénico. Dicen que cuando se le teme a algo, lo mejor es echarle montón porque, «mal de muchos...»; eso último fue un permiso literario, pero no me negarán que los grupos sociales que más miedo tienen, suelen ser más violentos, para el caso podríamos analizar el tipo de lecturas que producen los movimientos sociales, ya sean minorías por convicciones políticas o por preferencias sexuales y es lógico que presenten miedo, pues el supuesto es que van a enfrentar a grupos en el poder que, de alguna manera, podrían matarlos. También está el miedo natural a sentirse expuesto, ya que una vez publicado un texto, no puede ser defendido por el autor y la conexión entre ambos difícilmente puede ser disuelta, entonces la sensación de abandono crea cierta vulnerabilidad e indecisión para repetir la experiencia.
3. Seguimiento de las formas. Desde que tengo uso de razón, las mujeres han luchado por un trato laboral igual a los hombres, lo cual entiendo, se refiere a lo legal para poder aspirar al respeto y al salario cuando se trata de los mismos puestos; sabemos que en la parte biológica eso no es posible porque las características físicas de cada sexo no lo permiten, lo cual a su vez debería ser tratado como una ventaja si se piensa en el potencial que esto debe traer consigo. El ejemplo más sencillo que se me ocurre en este momento es el embarazo; si lo pensamos, la ausencia por tres meses de la titular de un puesto, le permitirá a una empresa probar a los elementos que pudieran tener características afines. Para el mundo editorial serviría de la misma manera porque, después de todo, todo lo involucrado es una empresa.
4. La temporalidad. Aunque repitamos que nada es para siempre, sólo es cuestión de voluntad y decidir qué sí lo es; por supuesto, las cosas tienen categorías y las hay heredables si se les cuida bien, la mayoría, por desgaste natural, pues no. En cuanto a las personas o lo referente a ellas, el concepto de «siempre» debe adaptarse a lo que pretendemos; el «siempre» natural es lo que dura nuestra vida, así las cosas que duran para siempre, lo hacen mientras estamos vivos; si nos referimos a trascender, dependemos de la voluntad ajena pues el «siempre» depende en cuánto estaremos presentes en la memoria de los demás, por ejemplo, Juan Rulfo suele ser más mencionado de Agustín Yáñez. Las agrupaciones serán eternas según dure la voluntad de sus integrantes, sin importar el cambio generacional. Salud.
Beto

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