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| En la búsqueda de uno mismo, el destino se logra en solitario. Foto: BAER |
1. La introspección. No es necesario un traslado físico para alejarnos del mundanal ruido, basta con un aislamiento en algún rincón de nuestra casa en el que podamos estar solos por unos instantes para meternos en nuestros pensamientos y revisar un poco lo que la pluma ha plasmado en nuestra libreta (los que escriban directo, traduzcan a teclado); sin tratarse de saber si estamos haciendo bien o si fue prudente invertir tiempo en una práctica que a lo mejor no representa un beneficio monetario, ponernos a reflexionar sobre qué tanto nos ha gustado escribir es importante para evaluar la posibilidad de seguir y, en un futuro cercano, imprimir y publicar nuestros textos. Otro punto a considerar sería la revisión de los temas que hayamos tratado o el orden y coherencia del trabajo.
2. Un análisis puntual. Hay una infinidad de temas sobre los cuales escribir, sin embargo, sólo un único camino para hacerlo que es el tratar de encontrarnos a nosotros mismos; cada palabra, cada oración, cada cuartilla, van atrapando una parte de nosotros dibujada a fuerza de tinta y movimientos de muñeca, depositada en hojas blancas, de colores, a rayas o a cuadros, retrato que nos gustaría que los demás vieran con los mismos ojos que nosotros aunque sabemos que eso no es posible. Si existe una conexión entre un ser humano y un objeto, ésta debe ser la que hay entre un redactor y su instrumento de escritura, sin importar que sea fino o desechable, mecánico o electrónico, porque unos tendrían que ser cuidados como lo que son, objetos de alta calidad, los otros, al ser replicados en serie, serán como si estuvieran siempre presentes.
3. Cambiar el punto de vista. La búsqueda de lo que somos abre el apetito hacia otros ámbitos en los que otras personas plantean sus gustos e intereses con el fin de establecer igualdades que nos aseguren que estamos haciendo bien; las inseguridades rondan por todos lados y debemos asegurarnos la paz sin importar el esfuerzo que tengamos que realizar, pero hay ocasiones en las que debemos tomar distancia para tener una mejor perspectiva de lo que nos proponemos observar. Alejarnos como una manera de activar nuestro sentido creativo, presenta la ventaja de que ya no contaminaremos, por un momento, el entorno con las valoraciones inmediatas de las relaciones que solemos tener, pues por afinidad o simpatía, nos hacen ver las cosas con más filtros que los que nos gustaría aceptar.
4. El lobo solitario. No, no voy a hablar de José ni de su hijo Luis Roberto, tampoco del personaje de Herman Hesse, sino de esa sensación que nos tienta a apartarnos de nuestra «manada» para tratar de encontrar en otros horizontes, lo que los límites que nos rodean impiden. Tal vez no sepamos qué es, ni siquiera nos pase por la cabeza una manera de averiguarlo, pero nuestra pluma, llena de curiosidad, marcará aquel camino que parezca más incierto y poco explorado, camino que debemos transitar solos, porque cualquier compañía se volvería una distracción del intento de reencontrar motivos para andar. Los pies apuntan también hacia el mismo rumbo que señaló la tinta, las manchas que ésta dejó como señal, crean una burbuja que, confiamos, facilita el propio encuentro. Salud.
Beto

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