martes, 13 de enero de 2026

Las letras como contactos

Hacer castillos en el aire
puede ser productivo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. No es para nosotros. En el estudio de la filosofía se tiene la idea de que por fuerza debe llegarse a la escritura y no está del todo alejado de la realidad; pensemos en la filosofía no como una carrera universitaria (porque no es una ciencia) sino como un derecho que todos tenemos de ejercitar el pensamiento y ya estando en esos menesteres, es posible que se nos ocurran ideas que pudieran ser aplicables a un aspecto de nuestra realidad, por lo tanto, si no queremos perderlas, tendríamos que apuntarlas en algún lado, entonces sí, filosofar nos llevaría en algún momento a escribir. El meollo del asunto está en convencernos de que pensamos con un fin determinado, ya que es poco común el imaginarnos compartiendo nuestras ideas, con gente que no pertenezca a nuestros círculos cercanos y sólo de manera oral.

2. El chisme funcional. Aquel que encuentra en rumores, chismes o interpretaciones variadas de los hechos la materia prima de sus comentarios o escritos, debe decidir si con ello servirá para proveer de puntos de vista o para desinformar; la novela histórica, como se ha estado manejando, confirma un poco lo anterior, es por así decirlo un chisme funcional en el que se humanizan los personajes patrios haciéndolos convivir con otros ficticios. Por supuesto, no son argumentos que debamos creer a rajatabla, sólo son referencias que requieren corroborarse o desmentirse por medio de otras fuentes pues, aunque se trata de investigadores serios quienes las escriben, también es cierto que producen ficción. Las obras literarias de este tipo nos proveen de perspectiva que ayuda a desmitificar a las figuras que tenemos en un altar, total, un poco de humanidad no les daña.

3. Inspiración e identificación. Lo mejor de la imaginación es que nos permite sentir sobre lo que leemos, por lo tanto, la simpatía, enojo, indignación o aprecio que podamos sentir por un personaje es real y, a veces, los proyectamos hacia una persona cercana o no; para los creadores de contenido, la letras son una buena fuente de inspiración, entendiendo a ésta, como el disparar referencias semejantes utilizables para crear una nueva obra, ya sea escultórica, pictórica, fílmica o escrita. Por cada obra inspirada, hay también una identificación con los personajes retratados en ellas; algunos podemos afirmar que tenemos rasgos semejantes a los de Casanova, Dorian Grey, Hércules Poirot o alguno que nunca aparezca como Godot. Pareciera algo inútil, pero algo de cada personaje nos impregna y, por un tiempo, somos ellos.

4. Seguidores o fanáticos. No importa el terreno, cuando el gusto se fanatiza, la razón pierde terreno; es incuestionable que el sentido de propiedad al que sometemos a nuestras relaciones sociales, transforma en objeto a lo que debería tratarse como sinónimo de igualdad. A partir de la racionalización de nuestro status, todo gira en torno a nosotros, ya sea como individuos o como grupo, por lo tanto, todo nos pertenece en exclusividad y en abstracto, por ejemplo, el trabajo, la patria, las fiestas. Es fácil, debido a la emotividad que exigen esas concepciones, tener un alto grado de agresividad en cuanto percibimos cualquier enfrentamiento como si fuera un ataque, ya sea por mantener una imagen, ya por manifestar alguna inseguridad, el caso es que al aferrarnos a ello, fanatizamos sobrepasando la admiración. Salud.

Beto

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