martes, 19 de agosto de 2025

Letras muy cercanas

Blandear la pluma es como
ahuyentar demonios. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Tocan el corazón. Aquellos a quienes les guste leer y tengan un gato van a comprenderlo muy bien; un libro y un felino nos ofrecen relaciones similares, nos ronronean historias, se acurrucan con nosotros, nos avisan cuando quieren ser atendidos y nos repelen cuando no, lo mejor de toda esa relación es que se forma una complicidad que en los libros se repite con cada volumen que cae en nuestras manos y el gato nunca es el mismo, algo de esquizofrenia quizá. El libro también nos muestra muchas caras, varios estados de ánimo y las diferentes formas de abordarlo, pero nos da la libertad de escoger la que más nos atraiga; la ventaja principal que tiene sobre el gato, es que no hay que alimentarlo salvo con nuestra imaginación. Ambos se alegran si hablamos bien de ellos y nos recompensan con creces en cada nuevo contacto.

2. Un regalo muy querido. La ventaja de regalar un libro, es que no hay que esforzarse demasiado en la envoltura, ya que su portada trae consigo los elementos necesarios como ilusión y sorpresa, como para emocionar a quien lo recibe; un libro se convierte así, en un vínculo entre el obsequiante y el obsequiado donde ambos se verán tratados y retratados según la visión que tengan el uno del otro. No sólo el festejado será romántico, aventurero, curioso, investigador, misterioso o racional como el libro que reciba, sino quien se lo obsequie tendrá las mismas características por haber escogido tal lectura entre muchas del mismo tipo. Dentro de la ficha bibliográfica debería haber el apartado «regalado por», ya que facilitaría la ubicación de esa persona y el pensar en una obra si se le quiere devolver el favor.

3. La añoranza. La semana pasada redescubrí un libro que me regalaron mis más recientes maestras de inglés cuyo título es «The No. 1 ladies’ detective agency» del zimbabwense, educado en Escocia, Alexander McCall Smith, un libro que me he resistido a terminar por mi marcada tendencia a acumular cosas y a no soltarlas fácilmente; es cierto, también está el hecho de que debo leerlo con un diccionario a la mano, pero eso es otra cosa. He tenido que reiniciarlo una o dos veces, lo cual reafirma mi idea de que las aventuras de Mma Ramotswe son bastante divertidas y su agilidad mental pareciera no ir acorde a su rechoncha figura, según la describe el autor. Lo cierto es que fue un detallazo de su parte el cederme un libro que, con todo y las marcas del uso, se volvió algo entrañable para mí.

4. Conocer al escritor. Mi lista es corta, pero sustanciosa en la que aparecen Luis Fernando Brehm, Héctor Gómez Vargas, Sergio Padilla Jiménez, Francisco Hinojosa, Paco Ignacio Taibo II, Alejandro Aura y Luis Felipe Pérez Sánchez con quienes conviví, escuché atento o crucé al menos unas palabras. Conocer a alguien que invierte su tiempo en crear mensajes por escrito me ha permitido ver a la literatura con una mirada especial, no por la fama que dichos personajes tengan, sino porque su dimensión de seres humanos no se pierde para convertirse en ídolos, por el contrario, se magnifica por desarrollar precisamente esa humanidad en lo que alguna vez fueron hojas en blanco y con su magia, transformaron palabras en nuevas imaginaciones, como los «espadachines» de tinta que son. Salud.

Beto

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