martes, 26 de diciembre de 2023

Un plan de difusión

Como con los zapatos, lo más difícil de los libros
es venderlos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Las ventajas que ofrece la especialización abarca temas que tienen que ver con la difusión de las ideas desde darlas a conocer hasta su venta, esto no necesariamente hablando en dinero; cuando escribimos para un público, por supuesto que pensamos en una remuneración, sin embargo, la venta para el convencimiento presenta dos vías: la de que lo escrito va a dejar una enseñanza y la de que quien lo escribió es bueno. Ver un libro en un aparador significa un trabajo donde intervinieron varias personas conscientes de que lo publicado es la representación de sí mismos. Desde el impresor, el encuadernador, el grabador hasta el editor, pondrán todo su esfuerzo en hacer que un escrito se vea atractivo a la vista, por así decirlo, son la primera invitación a leer.

Para los escritores principiantes, lo mejor es empezar con eventos íntimos en donde sus conocidos más allegados le brinden el cobijo necesario para que vaya tomando confianza, pueden ser varios si es que la logística así lo requiere, por ejemplo, que se trate de un gran número de personas en un lugar pequeño, así que se dividirán (por invitación) en diferentes fechas. Para completar el primer plan, no estaría de más contactar a una librería local que viviera de sus propios recursos, para que los detalles fiscales sean menos densos y no se conviertan en un pretexto para interrumpir la producción literaria; es importante que la experiencia sea lo más placentera posible para beneplácito de todos los involucrados, pues un equipo motivado obtiene mejores resultados y lo más importante, es apoyar el surgimiento de nuevos escritores.

Los medios actuales al alcance, principalmente en la red, han abierto un abanico de posibilidades tan amplio como el número de humanos con un canal de audio o video, sin mencionar a los que hacen uso de la letra escrita para plasmar sus pensamientos, los libros también viajan por esas súper carreteras con un éxito moderado, nada distinto a la distribución en papel ya que los formatos podrán haber cambiado, pero los hábitos de lectura no. Lo anterior puede ser tanto un rasgo positivo como negativo; por un lado, es triste pensar que todos estos años los aficionados a la lectura seguimos siendo casi los mismos (atendiendo entradas y salidas por generación y decesos), por el otro, podría ser esperanzador que los libros electrónicos tengan una oportunidad simplificando las plataformas.

Los espacios para ofertar libros han aumentado un poco considerando las ferias y los espacios que permiten, además de las librerías, la firma de los autores como cafeterías o bares; tanto autores como editores deben considerar la convivencia de ,los espacios para presentar o distribuir las obras a tratar, las negociaciones para cada evento corre a cargo del editor sin dejar de lado la opinión del autor, sin embargo, debemos considerar la experiencia de la casa editora. Por otro lado, hay que observar qué tipo de negociación debe llevarse a cabo con una librería de cadena (como el Fondo de Cultura Económica, por ejemplo) o una independiente para que queden claros los requisitos de cada una para ofertar los libros; una vez acordado todo, ¡a imprimir! Salud.

Beto

martes, 19 de diciembre de 2023

Tengo el escrito, ¿ahora qué?

La lectura inicial al publico es mágica. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Hemos pasado la aduana del convencimiento de que no seremos pasto de la autocensura, sigue convencernos de que no seremos motivo de la burla de los demás; para lograr lo anterior, habrá que estar conscientes de que lo que hayamos escrito es bueno. El significado inmediato es que alguien más debe leerlo puesto que hemos sido capaces de ver algo que la mayoría no y que es digno de que los demás estén enterados de ello, puesto que podría ser la clave para que mejoraran nuestras relaciones sociales, aprovecháramos algún recurso de la mejor manera, tuviéramos alternativas de producción o simplemente entretenernos, que ya es ganancia. La búsqueda de un profesional de la edición de textos es indispensable para asegurarnos de que nuestros escritos cumplen con la intención con la que fueron creados.

No es que el texto deba ceñirse a las reglas gramaticales porque así debe ser, sino que éstas se presenten como las herramientas para sacar todo el potencial del texto, nada más porque es importante que estemos seguros que lo que escribimos es exactamente lo que queremos decir; pero estamos ya frente a un texto terminado, nos ha costado bastante esfuerzo, quizá desvelos o el privarnos de alguna diversión, lo cual sería suficiente motivo para querer compartirlo con todo el mundo, ¿es lo que buscamos? Insisto en la pregunta porque los altibajos entre querer ser leídos y lo contrario suele dejar varias obras en los cajones, pero si llegamos al punto de suponer que es buena idea publicarlo, lo que corresponde es averiguar sobre alternativas de edición, formato y publicación.

Claro está, la primera impresión la tenemos con la forma del libro, no será determinante para comprarlo pero sí tendrá una fuerte influencia para que se dé la adquisición, así que, aunque no sea el primer paso en la producción literaria, es bueno ir visualizando cómo se vería nuestra obra terminada, los libros a los que tengamos acceso pueden servirnos de ejemplo, al menos para saber qué pedir; los interiores son lo más importante, claro está y hay formatos establecidos que deben tomarse en cuenta aunque sea como sugerencia, la razón de hacerlo es para facilitar el disfrute del lector, para ello debemos optar por una tipografía clara y fácil de leer. En caso de optar por grabados, si no son para un libro infantil, éstos no deben robar la atención al texto.

Es posible que ya estén imaginándose tomando entre sus manos un ejemplar de su obra, la cubierta parece sonreírles, sus parientes, amigos y conocidos ya se enteraron de su próxima presentación y están ansiosos a la par de ti pues desean honestamente que te vaya muy bien; los preparativos inician con la preocupación de cómo se la pasarán tus invitados pues tu escrito está más que visto por tus ojos, sin embargo, lo que no es seguro es si provocarás el efecto que esperas, imaginas las miradas que te indican que cada par de orejas está al pendiente de cada palabra que pronuncias, pondrás tu mejor empeño en hacer que la experiencia sea inolvidable, puede ser que haya algo de tensión pero el alivio vendrá de inmediato con ese aplauso que los demás estaban esperando brindarte como agradecimiento. Así la lectura. Salud.

Beto

martes, 12 de diciembre de 2023

Aterrizar la fantasía

Ser creíble es imprescindible para crear
una obra literaria. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La coherencia es imprescindible en todo lo que hacemos, tanto en los trabajos manuales como en los intelectuales y es, principalmente en estos últimos, donde la vigilancia es más férrea; la sabiduría popular establece que las escaleras se barren de arriba hacia abajo; la imaginación, como elemento administrador del conocimiento (que es un componente testatario) debe ceñirse a las veredas de la lógica, las visualizo así ya que no se puede ser lógico trepado en un auto fórmula uno; el ser coherente, a su vez, toma tiempo de observación y de ordenamiento de las imágenes que se van a utilizar para expresar una idea que sea entendible para la mayoría o al menos, que puedan replicarla. Los personajes o situaciones en el teatro del absurdo, también responden de alguna manera, a la lógica.

Cada pensamiento que tenemos responde a un segmento de la experiencia que hayamos acumulado y del para qué la vamos a usar; contar cuentos ha sido una habilidad que apareció casi al mismo tiempo que nuestra capacidad de articular palabras, lo que significa que jugar con nuestra imaginación antecede al interés de averiguar cosas como una disciplina científica, la mezcla de ambas ha dado productos de una factura extraordinaria aunque el juego con los sentimientos es de lo más lucrativo que hay en la literatura universal, así encontramos títulos como María, Romeo y Julieta o Lo que el viento se llevó; el medio termina por ser secundario cuando el texto logra tocar lo más íntimo de las relaciones humanas y obliga a la imaginación a tomar un rol en la obra.

La pregunta simple para que una idea se escriba es ¿será lo suficientemente clara y lógica para ser leída? Con ella nos referimos más a las construcciones gramaticales o al significado de las palabras pues la humanización de animales y cosas la venimos aceptando sin problemas desde las fábulas de Esopo. También habría que tener cuidado con los tecnicismos o palabras específicas de alguna ciencia ya sea explicándola o traduciéndola a términos más llanos, pues aunque todos pasamos por la secundaria o la prepa, nadie tiene la obligación explícita de recordar todo lo relativo a la física o la química tratando de disfrutar una lectura de ciencia ficción; tampoco se trata de redactar en todo momento manuales sobre astronomía o espeleología (término que saqué de las películas de batman), sino de ser amenos.

Es cierto que dependiendo de la historia, el texto funcionará con uno u otro argumento; una novela de alienígenas del espacio tendrá ya una tendencia marcada, sin embargo esa tendencia supone que sólo los gringos podrían hacerles frente en caso de que llegaran con malas intenciones; si fuera lo contrario, también sólo ellos tendrían la capacidad intelectual para interactuar pero, ¿qué pasaría si esos alienígenas terminaran cayendo en Uriangato? ¿Acaso no encontrarían un par de estudiosos cuya curiosidad los llevara a entablar una especie de conversación? ¿Qué condiciones pondríamos en nuestra historia confrontando a una potencia galáctica con una ciudad pequeña como la guanajuatense? Y debe ser por fuerza de intercambio porque en caso de guerra, no necesitaríamos más que una página. Salud.

Beto

martes, 5 de diciembre de 2023

El diálogo interno

A veces no nos reconocemos de tan brillantes
respuestas que nos damos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La imaginaba como en un parlamento para la televisión o el cine, pero nada, se pasaba (cada vez que me pasaba) tan rápido que no me daba cuenta de dónde salía el sentimiento residual porque ¡ay, caramba!, de repente era tan fuerte y tan profundo que, la verdad, no parecía estar acorde con tan poco contenido; los pensamientos se pasan tan rápido porque no pensamos en palabras (salvo cuando debemos teorizar) sino en imágenes, puesto que es de esa manera en la que percibimos al mundo, incluso cuando charlamos con alguien, transformamos las palabras que escuchamos en fotogramas que pasan por nuestra cabeza vertiginosamente. Si han probado alguna vez el contar una historia por escrito, tal vez recuerden si fue su escritura más fluida cuando pensaron en oraciones o cuando describieron las imágenes en su pensamiento.

Pensar entonces, requiere de imágenes a las que describimos posteriormente de forma oral, lo que para el escritor significa un diálogo con el espejo, casi como en un acto de constricción en el que tratará de sacar el mayor provecho al cuestionamiento que tenga para sí mismo; podrá parecer raro que algunos lo realicen en voz alta, pero el oficio de la pluma duele sacar algunas cualidades que se suponen independientes, como la del histrión que todos solemos tener, no nos hagamos. Hablar hacia nuestro interior puede hacer que nos imaginemos más vívidamente una escena, un pasaje o una explicación según sea la naturaleza del escrito que vayamos a redactar y para ello, no hay nada como la vida cotidiana, pues la observación de sus devenires otorgan un magnífico material para el chisme, que es de lo que se trata.

Solemos tener todos algunos momentos de locura, pero hay que procurar que éstos sean productivos, por ejemplo, que las ideas que surjan de un diálogo con nosotros mismos pueda llevarse a la realidad. Hablar con uno mismo es una escena casi metafórica, puesto que no nos desdoblamos para hacerlo, puede ser que nos planteemos preguntas de las que seguramente ya tengamos las respuestas porque lo que no sabemos se lo preguntamos a los demás. Lo hacemos para reiterar lo que conocemos para, quizá, cambiar lo que sabemos, diferencia conceptual que ya tratamos en otro momento. Una parte bastante explorada en el camino del conocimiento y la medición de nuestros alcances en cuanto a lo que deseamos ser y queremos hacer que resulte adecuado a nuestro rol social.

Antes de que nos tachen de esquizofrénicos, aclaremos que un diálogo interno es un acto íntimo de autoregulación en el que vamos a buscar un mejor entendimiento de nuestros procesos mentales y la revisión de la coherencia en lo que pensamos y sabemos de nuestro entorno; así pues, es una especie de calentamiento o entrenamiento para poder enfrentar lo mejor posible, los cuestionamientos que nos lleguen del exterior, refutar eso en lo que no estamos de acuerdo y convencer de que lo que nos proponemos realizar en este día, es lo que más conviene a todos. Darnos unos minutos para hablar con nosotros mismos, nos permite observarnos desde una perspectiva diferente, evaluar nuestras actitudes frente a lo que proponemos o nos proponen y enfocar nuestro sentido de complementariedad. Salud.

Beto

martes, 28 de noviembre de 2023

Telégrafo universal

¿Es ésta una cara de dolor o un orgasmo?
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Fuera de toda crítica negativa a los hábitos impuestos al uso de la tecnología de la información y comunicación, el moderno telégrafo debería tener un lapso de reivindicación para mejorar su uso que la cotidianidad sólo critica, pero no da soluciones. Los mensajes instantáneos ahorran tiempo, acortan las angustias y casi eliminan los pretextos, pero las maneras en su uso son las que ponemos en tela de juicio; si han tenido la tentación de suplir palabras con dibujitos, escribirlas mochas o combinar ambas opciones, déjenme decirles que están usando un recurso bastante mal, es como jugar un partido de fútbol usando solamente chilenas, después de tres intentos se vuelve aburrido. Para que un mensaje mantenga nuestra atención, debe estar escrito de manera fluida y legible.

Cuando vamos a escribir un mensaje instantáneo, lo que debe dirigir nuestro pensamiento es el compactar las oraciones no el mutilar las palabras, tal cual lo hacían los trabajadores de telégrafos cuando nos sugerían ahorrar nuestro dinero; quizás ése sea un buen truco para aumentar la calidad de los mensajes escritos en el teléfono, pensar que nos van a cobrar por palabra, es decir, lo mismo daría escribir “xq” que “porque”, el chiste sería tener un mensaje con el menor número de palabras posible, que cubriera la idea total; por ejemplo, resultaría igual escribir: “te veo a las 5:00 pm en el café Capital” en lugar de “te veo en el lugar al que fuimos la otra vez que pediste un capuchino, ése que está en Díaz Ordaz”, pues lo que importa es encontrarnos, no qué pasó antes.

El administrar nuestras palabras haría que tuviéramos una forma más esquemática de pensar, lo que a la larga mejoraría considerablemente nuestras capacidades comunicativas ya que, por ejemplo, el llenar de información adicional a una instrucción hace que lo importante, que es realizar la tarea, se realice deficientemente o no se lleve a cabo. Si a lo anterior agregamos la baja comprensión lectora, el caos es inminente; fuera de tanta queja de mi parte pienso que tenemos, como individuos y sociedades de ahora, sí apropiarnos de una herramienta para mejorar como entes pensantes, que el teléfono móvil no sirva sólo para acortar distancias y entretenernos desviando nuestra atención hacia situaciones banales, sino convertirlo en un medio de aprendizaje que nos permita tener el alcance más conocimiento.

Sí, ahorremos tiempo escribiendo mensajes en la pantalla, pero no mutilemos las palabras ni hagamos pedazos la sintaxis, mejor busquemos la manera de ser concisos lo que se logra sabiendo cómo utilizar la lengua con la cual pensamos, nos divertimos y hasta reclamamos cuando algo que deseamos no quedó a nuestro agrado; utilicemos pocas palabras pero formando oraciones completas, no dejemos las dudas que lleva el usar dibujitos intercalados en los textos, seamos valientes ante el compromiso al que exponemos con las palabras y, por lo que más queramos, dejemos de creer que el uso de aufemismos es un rasgo de inteligencia. Si bien el llamado que hago desde esta humilde pero aguerrida tribuna no tiene esperanzas de trascender, con esto creo aportar un granito de arena a la cordura. Salud.

Beto

martes, 21 de noviembre de 2023

Ya huele a Navidad

Hasta Santa Clos parece de la 4T por
lo austero. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En lugar de una fragancia parece más un tufo; la comercialización ha invadido anaqueles desde hace dos meses, imagino que por la coincidencia de colores usados en las fiestas patrias; la práctica comercial que hace algunas décadas fue una curiosa novedad (traída por tiendas norteamericanas) se ha convertido en una costumbre invasiva para otras conmemoraciones y festejos, amén de las imposiciones culturales que ahora vemos como parte de la globalización que compiten con las impuestas en la Colonia, minimizadas en algún grado con las tradiciones prehispánicas. La amalgama cultural está bien, enriquece la visión que tenemos de los festejos arraigados en el país, lo censurable es que no respetemos los tiempos de cada una, pues a la vista de la víspera tan prolongada, el motivo parece poco.

El aire empieza a refrigerar hasta los pensamientos, todo se ralentiza acoplándose al ritmo que marca el cambio de ropa, las caminatas diurnas se reservan para los que son verdaderamente aferrados al ejercicio y no temen enfermarse, lo cual no significa que no lo hagan sino que confían en que su condición física les ayudaría a salir pronto de cualquier percance respiratorio; las recomendaciones sobre el abrigo, las infusiones y las vacunas hacen su aparición con atropellada pertinencia así como los dichos populares cuando a algún despistado sin frío se le ocurre salir ligero a la calle, “pues sí, la juventud no se enferma”. ¡Y sí que lo hace! Quizás en un mayor número de ocasiones que los viejos porque la adaptación hormonal suele cobrar facturas de eso que creemos gratuito.

A falta de un mes, ya pasados el día de muertos y el de la Revolución, tenemos que ligar los festejos para no perder el ritmo; en esta ciudad la tenemos sencilla puesto que el doce de diciembre está envuelto en el festejo de los barrios, por lo que sólo debemos ocuparnos en llenar siete días (supongo que los barrios comienzan el 31 del presente) ya que después del 31 de diciembre y el 1° de enero, los días hasta el 5 los tomamos como un pequeño descanso para luego entrarle con fe a la rosca. No es raro que mucho de nuestra vida gire en torno a la comida, tanto los espacios reales como los virtuales que vamos construyendo a lo largo del tiempo tienen como referencia a la alimentación del cuerpo y del alma, dirían los clásicos, por lo que no necesitamos pretextos para el consumo cotidiano.

El caso es que las campanitas ya no se oyen tan lejos anunciándonos que viene detrás de ellas, la presión para la compra de los ingredientes para la cena, los regalos (para los que acostumbren hacerlos) y el largo peregrinar entre reuniones con antiguos amigos, familiares no tan cercanos y compañeros de trabajo con los cuales no solemos juntarnos, pero bueno, es el tiempo de compartir, de volver a confiar en que cumpliremos nuestros propósitos. Ya huele a navidad junto con el pavo, los romeritos, los ponches y el pozole (que no sé cómo le hace para colarse en todos lados), con la música en todos los centros comerciales, en las casas de los más entusiastas, en las iglesias más tradicionales; las actividades diarias cambian sus ritmos porque ya huele a navidad. Salud.

Beto

martes, 14 de noviembre de 2023

Observador de cotidianidad

¿Qué ves cuando me ves?. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Nuevamente las costumbres se hacen motivo de este espacio, que si bien no las ha tratado muy a fondo, sí se ha esmerado en tratar de establecer claramente lo que sirve de ellas en la vida diaria; su capacidad de asombro se mantendrá -en lo posible- intacta y sin filtros para que la información obtenida esté lo más pura que se pueda, quizás al contrario de un trabajo de investigación, matizada con los juicios previos para darle sabor al relato. Pero la costumbre se interpone entre el entorno y el escrito por tantos años en este espacio; con los objetos no hay problema, resisten las miradas de cualquiera, pero al observar a las personas, se vuelve a escuchar esa vocecilla interna que viene a recordarnos que es de mala educación fijar la mirada en la gente, muestra de un primitivismo arraigado.

La incomodidad que produce una mirada depende de la persona que la proporciona y la sensibilidad de quien la recibe, además del contexto en el que sucede; no es lo mismo fijar la mirada en una embarazada en el metro de la ciudad de México, que hacerlo a una cantante en un centro nocturno. Una variable en los casos anteriores sería la intención, precisamente por la incertidumbre que provoca la situación en sí, es decir, en el centro nocturno se puede intuir la admiración del comensal hacia la cantante en un alto porcentaje, mientras que en el metro, difícilmente podríamos asegurar qué es lo que el observador está pensando, incluso siendo buenos fisonomistas; no tenemos cotidianamente una manera estandarizada de interpretar los movimientos faciales para saber las intenciones exactas de alguien, ni siquiera la sonrisa.

Por ello la sentencia de “no mires fijamente a la gente” adquiere cierta pertinencia, sin embargo, debemos tener algún tipo de técnica para poder observar el entorno y a las personas sin causar molestias, como debe hacerlo un fotógrafo, un paisajista pintor o arquitecto, un guardia de seguridad y nosotros los escritores; vivimos de la observación y esa advertencia se interpone entre el mundo y la creación. Por otro lado, debemos ser muchos los que requerimos de la cotidianidad para obtener la materia prima, así que nos vendría bien a todos un curso de capacitación para saber distinguir las miradas de curiosidad de las amenazantes con el fin de dejar fluir la inspiración. Se me ocurren tres pistas para lograr al menos, una detección básica con base en el entorno, la situación y los movimientos corporales.

El entorno es sencillo, lo tenemos introyectado por intuición, le damos forma según las reglas de urbanidad con las que nos educaron, sólo falta hacer consciente cómo debemos mirar a la gente en cada lugar donde estemos para saber qué esperar de los demás. Las situaciones dependen del lugar, no solemos observar igual en un supermercado que en una funeraria; si no eres quien va a hacer las compras, ¿qué debes mirar? Si es a las personas, ¿para qué? Quizás estés esperando encontrarte a alguien. Entender la comunicación no verbal es otro boleto, no es tan difícil pero sí laborioso para identificar y distinguir tipos de sonrisas, levantamientos de oreja, movimientos oculares o cuando alguien camina raro por mala postura o malformación, lo que constituiría una buena parte del curso. Salud.

Beto

martes, 7 de noviembre de 2023

El ego del escritor

La admiración tiene límites, principalmente
el que la recibe. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Es como en todo, en el momento en que empezamos a recibir elogios por algo que hacemos y que le gustó a un buen número de personas, nuestra visión del mundo cambia; pero esto no trata de vanidades adquiridas por infección auditiva, sino de una etapa más riesgosa que aflora cuando las condiciones les son propicias. Antes que toda forma de admiración llegue, el escritor debe afrontar la formación de su propia imagen; varias son las partes que la componen, pero las más importantes tienen que ver con la formación de su público, la validez de sus textos y lo que suponga de sí mismo como resultado de los dos puntos anteriores. Existen muchos factores, pero es en estos tres en donde podríamos aglutinarlos como responsabilidad directa de cada ser que se dedique al noble oficio de la pluma.

En la entrega anterior mencionamos la fascinación de vuelo como riesgo máximo que corren los pilotos de pruebas, en un escritor supondría crear confusión en sus lectores por una extrema complicación en conceptos o rebuscamiento en sus estructuras, la creación que desborden la fantasía haciendo de sus textos un panorama inconexo y, la parte principal que suponga que con ello está creando un nuevo estilo. Puede suceder, por supuesto, que haya lectores que se fascinen también con textos o imágenes incongruentes o les encuentren otro sentido, pero sería un golpe de suerte. La mayor parte de las personas lee de manera lineal y sólo se permiten saltos de acuerdo a lo que suelen evocarles, en este sentido, los recuerdos personales son poderosos.

Los mecanismos para caer en la fascinación de vuelo son tan variados que casi ningún teórico se ha detenido a explicarla, quizá la principal razón esté en suponer que somos portadores de inspiración, que la poseemos, que disponemos de ella en cualquier lugar, nada más alejado de la realidad, la inspiración no es un patrimonio particular, ni siquiera es un préstamos al que se le pueden sacar réditos, por el contrario, se transformará en espejismos escurridizos al más mínimo intento de enjaularla. Su desaparición puede provocar algo de incomodidad o hasta incertidumbre, lo que habría que esconder de todas las maneras posibles, lo que garantice la salvaguarda de la imagen que se haya forjado durante el tiempo de su labor.

Creer ser escritor no implica ser superior, por el contrario, el ejecutor de la pluma es el primer servidor de la memoria colectiva para lo cual requiere de humildad para registrarla lo más fiel posible, aunque se tome libertades literarias que parezcan cambiar las historias, lo cual no sucede pues las esencia de lo acontecido se mantendrá a pesar de usar otros nombres y otros lugares. El escritor deberá despojarse de su yo para convertirse en un nosotros que pruebe que los tiempo se forjan con las acciones de todos, que sus personajes adquirirán vida propia y exigirán ir por donde mejor les plazca o se sientan más seguros. El escritor es un creador, pero también el traductor de lo que su entorno quiera que cuente a los demás. Salud.

Beto

martes, 31 de octubre de 2023

Inspiración o disciplina.

Hay acciones que pueden matar un texto.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La imaginación es la herramienta principal del escritor, con ella retrata lugares y personas, viaja a velocidades insospechadas, procura dolor y provoca alivio (¿o es al revés?) y lo mejor de todo, es que nos arrastra con él a aventuras donde no se escatima en emociones y que al mismo tiempo en que nos enteramos sobre las que aparecen en los textos, invertimos las propias para completar el diálogo con la obra. Si al lector le inspira su lectura a imaginarse en situaciones que lo lleven al límite de sus fuerzas, a realizar hazañas nunca antes vistas, a conquistar lugares exóticos con el fin de encontrar la cura contra el cáncer, todo ello en su imaginación, sólo está ejerciendo su derecho de acompañar al autor en sus aventuras; para el escritor, ese derecho está restringido por la verosimilitud.

Ante todo, los textos son detonantes del pensamiento; el imaginarnos como partícipes de lo narrado no se limita a fabricarnos imágenes descritas en las líneas de cada lectura, valoramos lo leído, juzgamos la coherencia, decidimos creer o no según identifiquemos su verosimilitud; tanto escritores como lectores, tenemos la libertad de imaginar como forma de entretenimiento y a la vez, de fascinarnos con ambas prácticas, nada más que hay una pequeña diferencia, la fascinación en la lectura seguirá los cauces que la misma marque, está claro que si se provoca evocación con una línea, un párrafo o un capítulo, es decir, salirse de los cauces originales, la responsabilidad es totalmente del lector, mientras que para el escritor, es una condición con la que puede perder coherencia.

En un piloto de pruebas, la fascinación de vuelo es una cuestión de vida o muerte, para el escritor, sólo la pérdida de un texto pero sí hay cierto peligro; para explicarlo un poco, se trata de una combinación cuasi fatal entre la velocidad y la pérdida de la ubicación tempo-espacial, es decir, cuando se comanda un avión, los noveles corren el riesgo (por el goce que les produce el volar) de perder la noción de arriba y abajo, pudiendo con ello estar desplazándose de cabeza y al desear ascender más, terminar estrellándose en el suelo. En el caso de un texto, la coherencia sería el suelo donde se estrellaría el escritor por la trampa impuesta por la grandilocuencia, la hipersimplificación, la complejidad innecesaria y el exceso de explicación, por así decirlo, todo aquello que nuble la capacidad de emitir un mensaje claro.

La fascinación puede hacer que la imaginación quede patinando en una pista que la lleve a ningún lado y por más esfuerzos que se hagan por salir, eso no sucederá sin que se produzca un colapso; parece ser un tipo de ley, mover hacia el caos para crecer tratando de remediarlo. El camino al uso de la imaginación se finca desde la niñez, su continuación depende de cuánto deseamos mantenernos cuerdos y lejos de las presiones que causan el estrés inútil; la vida cotidiana nos proveerá de los elementos necesarios para combatir el tedio por el no entendimiento de las rutinas a las que solemos someternos irracionalmente, pero que encuentran su válvula de escape en la fascinación que produce la novedad a ultranza, algo que veremos en la próxima entrega. Salud.

Beto

martes, 24 de octubre de 2023

Inspiración o disciplina.

Al menos que te encuentre pensando
qué hacer. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Las musas actuales ya no son las generosas matronas proveedoras de ideas, son las esposas luchonas que demandan atención y trabajo para mantenerlas cerca; la que menos, pide tiempos de calidad y entre más turbulenta sea nuestra vida, más exigente se vuelve, a expensas de nuestros ánimos, las musas regañan, se impacientan, reclaman cuando las cosas no se hacen como lo piden, hacen que nos volvamos aprehensivos. lo único que nos libra de la presión es la siempre confiable disciplina, la que nos habla al oído porque las musas ya no lo hacen, nos dice que no hagamos caso, que trabajemos sin dar cuartel y al final, aquellas vendrán suplicantes a ofrecernos la mejor de sus ideas; atrás de este escenario, están la desesperación y la pereza acechando.

Una de las frases hechas que me gustan por su coherencia dice: “procura que la inspiración te encuentre trabajando”, algo que un dibujante llamado Ivanevsky, que publica videos en Youtube, menciona continuamente en sus cursos y que viene bien para cualquier proceso creativo, por supuesto con otras palabras, pero siempre hace énfasis en el practicar continuamente hasta alcanzar un grado óptimo que nos venga bien. En una disertación de café, la licenciada Martínez y yo convenimos en que todo trabajo era un 95% disciplina y un 5% inspiración pero que sin ese pequeño porcentaje, el otro no valía la pena; al revés, la inspiración no tendría sustento. Obviamente los números en la expresión anterior son arbitrarios, a cada uno las musas les hablan de maneras diferentes.

En el tiempo en que teníamos a las rutinas como algo casi maligno, nos hubiera caído bien un discurso de convencimiento sobre sus bondades y así, ahora no estuviéramos batallando con que si atentan contra la creatividad o que todo se vuelve mecanizado, pero no tuvimos esa suerte y fuimos caminando por esta vida creyendo que la inspiración era algo que surgía por accidente de la nada y que por fuerza, debía resultar en algo bello y bueno. Del otro lado, trabajar sin un ápice de inspiración cae en lo monótono, carece de alma y pocas veces parece atractivo hasta para el mismo autor; pintores, escultores, dramaturgos y demás creativos tienen en común que poseen algo valioso qué decir, que es la parte en la que deben disciplinarse, el cómo decirlo contiene a la inspiración en sí.

Al parecer se requiere de las dos para realizar un trabajo creativo, algo que en mis tiempos de docente tomaba como algo imposible de enseñar y, ahora aunque sigo pensando que es muy difícil, sí creo que si se es creativo en la enseñanza, la práctica servirá de referencia para aquellos que estén aprendiendo y más que teorizar sobre ella, se volverán creativos creando. Lo que nos haga sentir el entorno va a florecer mejor trabajando en él; la belleza no aparece por sí sola, hay que buscarla, suele esconderse detrás de los detalles para que descubramos al final, que todo el tiempo reposó en la mirada de quien la buscaba. La inspiración es una abeja que no te respeta si no trabajas, por lo tanto, nunca te hará el favor de estar contigo si antes no le preparaste adecuadamente sus aposentos. Salud.

Beto

martes, 17 de octubre de 2023

Tomar la decisión

El gusto por la escritura empieza
por la lectura. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los trabajos en abstracto no suelen representar una garantía de seguridad, por lo cual a quien decide dedicarse a una actividad creativa, debe por lo general trabajar en algo remunerativo además de su vocación; las letras por su parte, provocan la indagación por antonomasia dada la tendencia a la explicación de las intenciones aunque por ejemplo en la pintura, tales explicaciones giran en torno a la técnica y al sentimiento, la razón aparece en segundo plano. A la escultura, la arquitectura o a la música les sucede lo mismo; sólo a la literatura se le pregunta ¿qué estaría pensando el autor cuando escribió el texto? La razón (causa) es sencilla, se expone la palabra, se dibujan las letras de forma casi permanente estando al alcance de la crítica todos los días de su existencia.

Ser escritor parece una ocupación accesoria, para cuando se tiene tiempo libre si es que se tiene; las letras no parecen ofrecer garantía alguna para que cualquiera viva bien y aquí debo acotar, como en cualquier otra ocupación o profesión. La fantasía del selfmade man ha visto mejores tiempos, actualmente resulta impensable emprender algo sin ayuda, a la vez que irresponsable en cuanto a que, si se intenta, se pierde de vista la condición social a la que estamos atados; lo anterior sin contar con el hecho de que se escribe para ser leído, lo que significa ser publicado con un trabajo de edición e impresión de por medio, es decir, que se requiere de otras personas por fuerza. El trabajo de uno solo se ve restringido por el tiempo que requiere cada etapa y la inversión en dinero de los insumos.

Por supuesto, si la escritura llama, lo mejor será que en un principio esté apoyada por otra actividad remunerada, como sucede con todas las tareas creativas -aunque parece que el diseño no-, lo curioso es que en casi todas las profesiones y empleos, ahora se maneja la idea de que quienes los ejercen deben ser creativos, pero al que se dedica al cien por ciento a la creatividad, primero se le pone en duda, lo cual no es para menos en una sociedad que trata de ubicar primero la seguridad económica antes que arriesgarse con proyectos que no ofrecen las ventajas de ser empleado. Obviamente, la parte del empresario es encontrar las condiciones propicias para hacer que sus proyectos peguen, tomen ritmo y generen ganancias, para lo cual debe hacer relaciones públicas.

A la mayoría de nosotros en este país, no hay para cuándo cambien las condiciones ni mermen las urgencias, por lo cual, desde esta humilde trinchera, los conminamos a que al menos piensen en escribir, como una forma terapéutica de sacar enojos y frustraciones o reafirmar gustos y aficiones que este mundo convulso, así como abre oportunidades de expresión, las cierra; no se trata de que todos nos convirtamos en escritores famosos por fuerza, sería magnífico pero poco probable, sino que seamos como en los toros, aficionados prácticos que en cada particular ejercicio aprendamos a apreciar la producción de los demás, principalmente de aquellos que sí lograran un éxito distinto al de la mayoría. Si bien no todos podemos codearnos con Fuentes o García Márquez, sí conformaremos y apoyaremos la literatura nacional. Salud.

Beto

martes, 10 de octubre de 2023

Escuela de escritores

Los mejores escritos salieron de
una jugosa plática. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En el momento, la idea no me pareció tan descabellada, no tenía porqué serlo ya que a la licenciada Rodríguez suelen ocurrírsele buenas ideas y después de reflexionarla un poco, me resulta viable; las primeras letras suelen ubicarse en un aula atestada de chiquillos inquietos que al absorber la información como esponjas, suelen aburrirse en el corto tiempo, por lo que el maestro debe poner a prueba su imaginación para mantener interesada a su clase. El dibujo de cada letra en el cuaderno, a un ritmo cansino al principio, no siempre va acompañado de la explicación sobre la importancia de escribir legible, algunas veces sólo hay la amonestación por hacerlo mal o la felicitación forzada para no traumar al niño, con la esperanza de que en un futuro no muy lejano, mejore.

Por desgracia con dictados, copias de libros, resúmenes, ensayos y otros textos por encargo, no se le agarra el gusto por la escritura por tres cosas básicas: 1) no se inculca el gusto por dibujar letras; 2) no nos sentimos identificados con lo que escribimos; y 3) suponemos que no tenemos qué decir. Para el primer aspecto, el impedimento principal es la prisa, pues debemos aprender a escribir rápido, no bonito, ni siquiera legible; el traslado de un aprendizaje oral a uno escrito no tiene una transición definida como no la tiene la misma enseñanza. Contamos historias a los infantes pero a los seis años ya queremos que se comuniquen por escrito sin siquiera haber aprendido a contar sus historias de manera oral. Hay que recordar que el hablar es un proceso natural, escribir no.

Sin embargo, podemos dominarlo, pues hay quien dice que debemos escribir como hablamos, otros que efectivamente así lo hacemos, como quiera que sea, las dos posturas implican que lo primero que hay que hacer para escribir es hablar bien; en el mundo de la oratoria, aprendemos a organizar nuestras ideas, a argumentar convincentemente y a aceptar cuando un esquema no es muy útil que digamos. El paso previo a ser un buen orador es ser un buen conversador y pensarán “si para platicar no hay dificultad”, a lo que les contestaría que el intercambio de preguntas y respuestas cortas llevadas de prisa no es una real plática. En una que se precie de serlo, debe haber un tema sustentable, la definición del mismo sin apasionamientos y, lo más importante, la disposición y la capacidad de escuchar.

La transición de conversador a escritor se da de manera natural, el paso de las ideas del cerebro al papel sólo tiene como aduana una pluma pues, los temas son lo que nos sucede cada día, los esquemas mentales ya están establecidos, la autocrítica puede hacerse al vuelo ya que la corrección al hablar se plasma de igual forma al escribir. No hay temor a la crítica de los demás pues también es factible que la habilidad de convencimiento se maneje en las letras; en un aula donde concurran aspirantes a escritores, será toda una experiencia escuchar las conversaciones que puedan darse, reinventando la realidad que les rodea, transformándola en palabras escritas que estén al alcance de cualquier entendimiento, en un taller donde las herramientas se fabriquen con tinta. Salud.

Beto

martes, 3 de octubre de 2023

Entre planes

Nadie sabe lo que pasará mañana. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- No tengo idea de cómo lo habrá pensado John Lennon, pero sus ocurrencias han tenido cierto impacto en mí, como creo que en todos los que escuchamos su música desde niños; en una de sus más famosas composiciones ya como solista dice “la vida es eso que pasa mientras haces otros planes” pero, con toda mi admiración tendría que objetar algo, por desgracia no nos brinda una definición de lo que es entonces. Esto, por supuesto, lo tomo como un reto, como si Lennon nos hubiera puesto un acertijo para que cada uno lo resolviéramos con nuestras armas, así que, manos a la obra y a alistar bolígrafos porque esto se puede poner bueno, así que comenzaremos con la interpretación de la letra, que dejo que cada uno de ustedes la consigan porque aquí tengo muy poco espacio para reproducirla.

La letra en cuestión es de la canción “Beautiful boy (darling boy)” del álbum Double fantasy de 1980; lo llamativo de ella es que en una oración muy sencilla, logró resumir la dinámica en la que a diario nos metemos por tratar de mantener un status y una imagen, olvidándonos de apreciar lo que hay en el entorno, tanto los objetos naturales como las personas. Ya había tenido, en algún momento, una discusión sobre si era mejor planear lo que se haría en el día o esperar a que las cosas se den, contra todo pronóstico que pudieran pensar aquellos que me conocieron en ese tiempo, estuve a favor de la planeación, claro está, abierto a cualquier cambio que pudiera presentarse ya que la rigidez nunca me fue atractiva, ni cuando alguien con su buena voluntad, me rompía los planes.

Planear tiene un estigma que varias rebabas del hippismo se han encargado de boicotear con un concepto ambiguo que dice que hay que vivir el momento, sin considerar que parte de la vida también es hacer planes, incluso los anacoretas deben preguntarse qué se llevarán a la boca y resolver esa cuestión con un buen plan, ni siquiera el estar quieto escapa del esquema de la planificación. La mente suele traicionarnos aunque nos propongamos estar en plena contemplación (más que nada en la cultura occidental), el tiempo transcurrirá ideando sobre lo que podríamos hacer con lo que contemplamos, ya sea porque nos evocó alguna situación, le encontramos parecido con otro objeto o persona o de plano, la naturaleza distraída de nuestra cultura impone sus ritmos.

Los periodos se inventaron para que mantengamos un orden, por ello tenemos intercalados los laborales y escolares con los vacacionales y, según sea nuestro giro, será el orden de ese esquema; los más afortunados compaginarán sus vacaciones con las de sus hijos, al menos una semana o dos si son empleados, si son los dueños del negocio, todo dependerá de las ganancias que cada uno desee obtener. La aspiración de planear se complementa con la prevención, una especie de control anticipado que nos permite imaginar cómo podrían ser los eventos futuros pero que, a pesar de su vulnerabilidad, no requieren de una vigilancia estrecha ni crea una insufrible frustración, por eso, cada plan tiene como colchón aspectos que pueden anticiparse, para que los resultados incompletos no nos resulten muy pesados. Salud.

Beto

martes, 26 de septiembre de 2023

Ser lector

Hasta se ven bonitos juntos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En otro momento habíamos establecido que leer es más que repasar la mirada sobre letras y repetir mentalmente lo que está escrito, ahora nos avocaremos a la avidez que provoca la lectura en serio; no implico que haya lectura en broma, ya que hasta la compilación de chistes requiere de seriedad en su lectura, según sea la intención pues la comedia es algo serio. Ser lector de tiempo completo requiere de habilidades que se adquieren con el tiempo y van transformándose conforme cambian nuestros intereses pues compramos libros, percibimos actitudes, medimos velocidades y pesamos actitudes con el cambio de empleo o de círculo de amistades; sopesamos las oportunidades de mantenernos en un nuevo lugar siendo como somos y/o aplicamos los cambios que sean necesarios.

Los espacios se especializan según las creencias que adquirimos, las personas con las que convivimos y las actividades que realizamos; en la casa por lo general, además de los usos comunes, cada espacio se valora por los recuerdos que van formando, si llegamos a tener uno especial para la lectura, la intimidad generada se vuelve una inversión que afectará continuamente el estado de ánimo en el que nos encontremos, para bien o para mal. La base de esos cambios es el diálogo que llevamos a cabo con cada libro, cuya personalidad se adaptará a lo que vayamos percibiendo de él que, curiosamente, también cambia con cada lectura ya que encontraremos cosas distintas en cada ocasión y, aunque no lo parezca, cada vez que compartimos con alguien más, esas impresiones.

La magia comienza con la primera palabra que pasa por nuestros ojos, la necesidad de contar historias con la disposición de ser engañados se unen como dos eslabones de una gran cadena que comenzó desde la invención de la escritura. Las necesidades se engarzan no como la simple unión de individualidades, sino como las piezas dependientes de un todo; la simbiosis se complementa en cada evento, un escritor no existe sin un lector ni éste sin aquel; la lectura convierte a los desdoblamientos en aventuras catárticas, a las evasiones en la percepción de las debilidades humanas; por así decirlo, cada lectura es un curso intensivo de cómo se reacciona en diferentes circunstancias, con diferentes personas o mejor dicho, personajes que mantienen intereses muy diversos.

Más que una afición, la lectura podría ser una forma de convivencia entre seres reales y ficticios que se sirven de sus propias experiencias para proponerse como espejo el uno del otro, compartir los escenarios y sus amistades, rara vez concordarán en todo lo que piensan pero cuando lo hacen, no habrá conexión más fuerte que ésa, ni en la ficción ni en la realidad. La infidelidad no existe en el acto de leer, el libro es un gran amante al que no le importa la promiscuidad de un librero ni sus páginas se corrompen con la proximidad de otros, sus lomos ofrecen un atractivo más a las paredes de cualquier recinto cantando sus títulos las veinticuatro horas del día. Sus contenidos, como el ave Fénix, podrán olvidarse o perecer, pero estará latente la oportunidad de resurgir. Salud.

Beto

martes, 19 de septiembre de 2023

El estilo del tío Lolo

No deberíamos necesitarlos,
sólo son una carga. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Parecía burla pues una vez hecha la declaración en su mañanera, me asaltó la pregunta, ¿qué les van a revisar, si ya les encontraron errores? Hablaré como editor independiente y les diré que en un trabajo cualquiera, el protocolo incluye la revisión de la obra por parte de agentes externos a su producción, puesto que ojos ajenos pueden ser capaces de detectar los posibles errores que lleven sus páginas, obviamente es una tarea que deben llevar a cabo expertos. Si con todo eso llegara a colarse uno que otro y se llega a la parte de la encuadernación, una de dos, el cliente prueba que hubo un fallo y rechaza el trabajo, por lo que la editorial asume el costo o se llega a un acuerdo y se adhiere una fe de erratas, también costeada por la editorial, así que el “vamos a revisar los libros” salió sobrando.

Prevaleció el estilo de la 4T, poner parches a lo hecho a medias y al vapor y más que libros de textos, resultaron guías de estudio, lo cual es bueno si aceptaran las cosas como son pues este gobierno de austeridad nos hubiera ahorrado varios pesos si en lugar del formato de libro, se hubieran impreso folletos con bibliografía de consulta, la explicación de lo que llaman campos de conocimiento y cómo debe ser la participación de los padres de familia. Como plan es casi una genialidad, pero creo que los teóricos que participaron en la creación de material, no tomaron en cuenta las condiciones laborales de los proveedores en cada núcleo familiar, tanto laborales como de transporte para llegar y regresar de sus fuentes de empleo y la figura del tutor es casi inexistente.

Posiblemente, cuando se den cuenta de la precariedad de muchas de las familias del país, parafraseen a María Antonieta para que, en lugar de usar sus libros, les digan que consulten todo en la red, pues el menor de los problemas que representan su uso es el hecho de que “fueron elaborados con base en programas sintéticos y analíticos” según la titular de la SEP, Leticia Ramírez Amaya, lo que quizá quiera decir que la información contenida en los libros de texto es casi nula, por lo que fuerza a los maestros y padres de familia a consultar otras fuentes pero, ¿y los que no cuentan con recursos para comprar libros o no poseen una biblioteca o no pueden acceder a una pública? Ni hablar de los que no tienen tiempo para visitar amigos con recursos materiales o electrónicos.

O quizá repliquen el gesto de su jefe, el del 16 de agosto, cuando fingió no escuchar los cuestionamientos de la prensa (quiero pensar) que no funge como su palero y al otro día fingió dar razón de lo sucedido mientras los acusaba de perversos porque él nunca se atrevería a burlarse de la desgracia ajena. La única explicación lógica que encuentro es que la locura senil lo invade porque ni siquiera le daría el beneficio de la compañía del “alemán”, una enfermedad que ya no existe para un mitómano olvidadizo. Las siguientes administraciones pintan igual, por ende, las dependencias a su cargo se harán tontas incumpliendo con sus obligaciones; si no fuera porque llevamos cargando una larga historia de desconfianza entre nosotros, propondría una autogestión total. Salud.

Beto

martes, 12 de septiembre de 2023

El mecanismo de la adhesión

¿Cómo prepararnos para encajar?. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Muchos de los conceptos que utilizamos cotidianamente, son parte de una familia de significación escalafonaria que implica que cada uno presenta distintos grados de involucramiento e intensidad; pertenecer a un grupo activa o pasivamente, requiere de cumplir con los requisitos básicos que éste exige pero que no representan el porcentaje total de la pertenencia puesto que el complemento se encuentra en el convencimiento del aspirante a querer cumplirlos. Los pasos que habría que cubrir en su mente, irían desde la identificación en dos pasos 1) saber de la existencia del grupo y 2) saber qué le hace semejante a él; pasaría por la afinidad, también en dos fases 1) comprobación de la funcionalidad de las semejanzas y 2) el sentirse identificado (perteneciente); hasta la adhesión o involucramiento total.

Lo que hay que saber de cada grupo de nuestro interés es si a eso que se dedica lo evidencia de alguna manera, es decir, si da a conocer sus actividades con lo cual comprobar si es lícito, de asistencia social, deportivo, etc., pero el simple interés no basta, habría que observar si sus métodos, filosofías y metas son alcanzables y podemos ajustarnos a ellas. Una vez establecidas, que lo que nos atrajo nos sirva para mantenerlos funcionando por un tiempo prudente para que el sentido de pertenencia sea factible de heredarse a otras generaciones con el conocimiento de causa suficiente para sentir orgullo de ello. La pertenencia implica siempre un escalafón, se aspire a escalarlo o no aun la respuesta sea negativa, va a afectar a todos los miembros del grupo en sus aspiraciones.

Así como la identificación grupal es importante, la individual nos proveerá de la seguridad suficiente como para presentar una buena argumentación de lo que se es para con el grupo, es decir, dar razón de lo productiva que es nuestra participación hacia el interior; funciona tanto para la filiación deportiva como para la presunción del gentilicio, teniendo ambas como base la dinámica tribal. Pertenecemos porque somos y viceversa, sería el grito de batalla de cada agrupación a la que perteneciéramos, fácilmente observable en la escuela cuando compiten los del cuarto “A” contra los del “B” en equipos deportivos, en las empresas y hasta en los departamentos que la componen, lo cual nos involucra al grado de invertir emociones y hasta nuestros sentimientos llegando a considerarnos parte de diversas familias.

La sobrevivencia no es la misma que en los primeros momentos de la humanidad, pero es igual de letal desde el establecimiento del sedentarismo y las clases sociales pues aunque la mayoría de las intrigas no resultan en la pérdida de la vida, sí se pierde presencia y se deteriora la imagen que se haya forjado; el respeto de las formas debería ser la única garantía de permanencia en cualquier asociación, sin embargo, nos hemos encargado de enturbiar todo tipo de relaciones, exentándolas de la honorabilidad que debería privar por el hecho de considerar a todo ser humano como igual. Sabemos que no ha sido así y que lo escrito desde la ilustración es casi letra muerta en la práctica, no queda más que confiar en los microuniversos, aportando eso de lo que hemos carecido históricamente, poco a poco. Salud.

Beto

martes, 5 de septiembre de 2023

La búsqueda de símbolos

Para cada uno hay un símbolo y lo interpreta
según sus circunstancias. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los aprendizajes van moldeando la imagen que deseamos que los demás observen de nosotros; lo que sabemos lo adquirimos desde lugares disímbolos aunque amalgamados en eso que llamamos cultura. Un principio de identidad nos conduce a buscar afinidades que pueden ser mediados por objetos significativos de carácter comunal, objetos que hagan factibles las cercanías. A diferencia del ícono (tildada la “i” por su uso en América) los símbolos tomarán el lugar del objeto o la idea que representen sin que tengan que ver con la imagen original, lo que los hace una abstracción que vale por sí misma al alcanzar cierta autonomía de eso que sustituye. El escudo nacional, por sus componentes y la conjugación de los mismos, nada tienen que ver con el contenido total de lo que llamamos México.

Trataré de explicarme, el laurel y el olivo no son plantas endémicas de estos lares, pero en sí mismas guardan un significado heredado de Europa; al nopal, como cactácea, lo encontramos también en distintas latitudes, pero lo adecuamos a nuestros sentires como nación; águilas y serpientes habitan un gran porcentaje del mundo, sin embargo, nos apropiamos de sus significados hasta convertirlos en algo que nos representa exclusivamente a nosotros como país; lo mismo pasa con el traje de charro o las suertes a caballo que ellos hacen. Cada símbolo aparecido en este mundo, es una apropiación de la adecuación de significados a una identidad ideológica, que logra reunir por convicción, a un gran número de personas en cada región de este planeta.

Pero antes de encontrarlos, ¿nos preguntamos qué queremos simbolizar? ¿Para qué queremos esos símbolos? ¿Nos sentiremos adaptados, acogidos o medianamente incluidos si portamos un símbolo? Dado que las personas no son factibles de convertirse en símbolos, pero la imagen que nos creamos de ellas sí, no es raro encontrarnos son efigies de gente conocida estampadas en playeras o accesorios que nos brindan cierto status ante los demás, al menos eso creemos. Por así decirlo, adquirimos algunas características de los símbolos que portamos puesto que, al llevarlos a todos lados, hacemos de la suposición de los demás que los consumimos, como el vestir una prenda que ostente a los personajes de Mafalda, el rostro del Che Guevara o la cara de Sheldon Cooper queriendo parecer con ello intelectuales-activistas pero gracioso.

Una vez encontrado, el símbolo permite una identificación tácita, ya no es necesario gritar a los cuatro vientos lo que pretendemos ser o parecer; una cruz, un azadón con martillo o una estrella de David, nos ahorran el tiempo de dar explicaciones sobre nuestras convicciones aunque algunos sólo sean resultado de alguna moda o gusto estético, el caso es que con ellos, los demás ya se hicieron una idea completa de nuestra imagen, aunque posiblemente esté errada. En esa búsqueda va intrínseca la fabricación misma de un símbolo pues cada uno está supeditado a la interpretación, individual o colectiva, de lo que va a representar efectivamente; si bien una svástica no presenta más que dos variables, la imagen de Maradona podría dispararse en varias direcciones, según la perspectiva que se tenga de su vida. Salud.

Beto

martes, 29 de agosto de 2023

Ejercicio de identidad

Hay de todo, ¿irapuatenses ilustres
que conozcan?. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Pararse en cualquier lugar del extranjero y afirmar que se es mexicano, requiere de todo un trabajo de autoaceptación para el cual no estamos realmente preparados; las afinidades se acentúan con las ausencias, al faltar un miembro familiar, al perder un objeto obsequiado por alguien muy querido o al poner distancia del lugar de origen (en palabras llanas, “el síndrome del Jamaicón”); la identidad personal está íntimamente ligada a la de pertenencia a un grupo pues requerimos de afinidades que nos den certeza de quienes somos y para qué servimos. Estas identidades se ejercitan a diario con nuestras actividades cotidianas, independientemente del giro de éstas, pues los temas que se tratan no son siempre al cien por ciento exclusivos de dichas actividades, dando paso a intercambios de opiniones y apreciaciones.

Tan sólo por no andar de ocioso improductivo, pensaré en qué puntaje alcanzaría si me aplicara un cuestionario de identidad regional o nacional y, como no tengo uno a la mano, me inventaré algunas preguntas que me guíen por el camino de la participación en aspectos culturales. Las primeras que se me ocurren tienen que ver con el consumo local: 1) ¿Cuantos platillos conoces que estén hechos con su producto agrícola local); 2) ¿Sabes en qué terrenos comenzó su producción?; 3) ¿Quiénes fueron los que iniciaron su producción?; las siguientes observan la geografía: 4) ¿Cómo se llama la zona que habitas?; 5) ¿Tuvo algún otro nombre en la antigüedad?; 6) ¿Qué significa el nombre de tu ciudad?; por último, sobre el ofrecimiento: 7) ¿Hay lugares en tu ciudad que, al tener visitas, les presumas de primera instancia?

¿Qué hay de las rutas de tránsito para llegar a los lugares de interés? ¿Conoces la mayoría o unas cuantas? ¿A qué tipos de lugares te conectan? Si los hay, ¿cuáles son los pueblos mágicos? Claro que nadie, además de mí, está obligado a contestar estas preguntas, pero si tienen las respuestas, me gustaría conocerlas, sólo recuerden anotarlas en la caja de comentarios que se encuentra ubicada abajo de estas líneas con su nombre y lugar de procedencia, será un placer leerlos. Por lo que a mí respecta, aunque mis recorridos han sido muy variados, me temo que tocaría lugares comunes que cualquier irapuatense nombraría sin pestañear, aunque sí podría aportar mi impresión personal de lo que significa tenerlos en la localidad esperando hacerles justicia.

Empezaría por una salsa de fresa que tengo en mente, que lleve cebolla, un poco de ajo y chile habanero, con lo que espero que lo agridulce de la frutilla se sienta potenciado con los demás ingredientes, y una vez que logre cuajarla, con gusto compartiré la receta, no podría recitar de memoria cómo es que la trajeron pero tengo una idea de dónde la habrían plantado siguiendo el antiguo lecho del río Silao que solía “bañar” los terrenos de lo que se llamó alguna vez Eratzicutzio, cuyo significado (al menos el que me gusta) es: “lugar donde la luna baja a mirarse”, retratado por el maestro Almaráz en su mural de la escalinata de Presidencia Municipal. Lo anterior sería un buen pretexto para implementar mi tour “negro” sobre la historia de Fresópolis. Salud.

Beto

martes, 22 de agosto de 2023

¿Qué solemos exponer?

Terminamos ofendiendo queriendo parecer
“buena onda”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Posiblemente sea una cuestión de edad o de grado académico, pero nos resulta históricamente más difícil exponer lo que sabemos que lo que conocemos; el saber es una certeza, el conocer tiene que ver con las evidencias, lo que a su vez son el conjunto de certezas que forman un consenso. Cuando en una plática exponemos lo que sabemos, nuestra palabra es el único aval con el que contamos, sin embargo, cuando se trata de lo que conocemos, hay todo un bagaje social detrás de nosotros. Las exposiciones académicas se basan en el conocimiento, las demás en lo que sabemos; por otro lado, la sabiduría nos vuelve una autoridad ante los demás gracias al trabajo que hayamos realizado y que haya solucionado algún problema de carácter social aunque sólo sea en un radio muy pequeño.

La vida cotidiana es el escenario donde nos exponemos ante los demás y al mismo tiempo, somos los espectadores de las exposiciones de ellos; exponemos lo que nos interesa, lo que nos gusta, lo que nos es importante, lo que nos hace personas; dicen los amantes de los animales que en la manera en que los tratamos es la misma en la que nos conducimos con las personas, afirmación que podríamos hacer extensiva a las plantas y objetos, pues aunque no protesten evidentemente, funcionan como espejo de nuestra esencia, en palabras sencillas, depende a lo que nos comprometamos será la manera en la que seremos percibidos. Así, nos esforzamos por presentar nuestra mejor cara en los inicios de cada relación sin importar el tipo de éstas, lo que puede cambiar al paso del tiempo.

Y no sólo cambian por el tipo de personas con las cuales nos relacionamos, sino por los cambios que adoptamos con la edad; al paso del tiempo, junto con la seguridad que adquirimos, revaloramos nuestras formas de expresión y, en palabras de Niz (mi abuela) hasta nos volvemos imprudentes para hablar. No creo que sea porque ya no nos importe la opinión de los demás, sino porque en los ajustes que hicimos a lo largo del tiempo, supimos que algunas de ellas nos lo hacían perder y, para evitar hacer lo mismo, nos volvemos más directos y casi sin filtros. Si a eso le sumamos que cada vez tenemos menos horas para compartir, entonces debemos hacer resúmenes de lo que pensamos en el mismo momento en que vamos a hablar, ya que los demás siempre tienen prisa, quién sabe porqué.

Y apoyamos y protestamos y nos afiliamos desde una plataforma donde los sobreentendidos se agazapan y saltan cuando menos se les espera; posiblemente nos satisfaga lo que a nivel individual hacemos, sin embargo, lo social siempre nos deja dudas respecto de los rumbos que decidimos tomar; en términos retóricos, amalgamamos ethos y pathos principalmente para ubicarnos como seres con emociones que, consciente o inconscientemente, esperan su turno para expresar lo que pensamos o sentimos respecto de los que nos rodea sin que esto signifique que confiemos en que nuestra opinión, por muy acertada y verdadera que sea, no vaya a herir a nuestros interlocutores. Que de la gesticulación no somos del todo responsables y a veces una levantada de ceja puede traicionarnos. Salud.

Beto

martes, 15 de agosto de 2023

Codificación del saber

Hasta las tareas más simples requieren
de explicación. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Como patrimonio individual, saber algo es susceptible de ser cambiado en un corto plazo, porque cuando afirmamos que algo se sabe, la pregunta inmediata es “¿quién lo sabe?”, es decir, podemos personalizar el saber; incluso su expresión, aunque acorde o igual que otros saberes, es totalmente personal; la semana antepasada hacía la distinción con el conocimiento (El salón de Beto, 2 de agosto), la segunda que haré refiere a cómo buscamos alternativas para dar a entender eso que hemos descubierto de nuestro entorno, usando la información que el conocimiento nos proporciona y que tenemos almacenado en libros, revistas, periódicos y ordenadores, así como los lugares propios para guardarlos como bibliotecas o hemerotecas en la ciudad.

Saber tiene una concepción de acumulación, no de inversión (para eso utilizamos otras herramientas) por lo que los archivos mentales que nos fabricamos (la memoria) son pasto del olvido. Generalmente no llevamos un registro de lo que sabemos porque la parte académica está impresa en documentos socialmente aceptados como libros o enciclopedias, la parte utilitaria la tenemos aprendida de manera mecánica y lo cotidiano suele considerársele trivial, así que escribir suele ser también, una actividad accesoria. Pero el saber es importante, aun antes de convertirse en sabiduría, pues la experiencia toma valor en cuanto sirve para otros, como sucede con las recetas de cocina que se pasan entre generaciones por amistad o, incluso, como moneda de cambio.

En esa misma línea de pensamiento, al pasar una receta no podemos asegurar el resultado debido al talento y al seguimiento de las instrucciones que den los demás, pero tendríamos que responsabilizarnos de la manera en que el mensaje fuera elaborado, las palabras a utilizar y el medio en el que éste fuera transmitido, ya que no es lo mismo explicar algo verbalmente en persona que por mensaje de texto en un móvil. Si pensamos en que lo que compartimos es una versión propia de algo que está registrado en el conocimiento universal, la adaptación de los ingredientes que no se encuentren de manera cotidiana en nuestro lugar de origen, los tiempos de cocción por el clima, los utensilios a usar y otras diferencias, marcarán la elaboración de lo que vaya a producirse.

Porque no es lo mismo hacer un pastel de tres leches como lo hacen en Pakistán, que hacerlo con las condiciones prevalecientes en el Bajío; si esos cuidados hay que tener con algo ya establecido, imaginemos el tratar de adaptar una novela, implementar un programa de transporte urbano o descubrir la cura para una enfermedad. Se trata de traducir un conocimiento general a un saber particular, algo que parece dedicado a momentos especiales pero que en realidad realizamos todos los días en cada una de las actividades que llevamos a cabo y en donde debemos buscar y aplicar las palabras adecuadas para que el saber que portamos, les sea claro a los demás. Uno nunca sabe, quién quita y una de las maneras que solemos aplicar para la elaboración de cremas faciales, se registre en las enciclopedias. Salud.

Beto

martes, 8 de agosto de 2023

Libreta multipropósito

Anotar para no tener que guardar todo
en la memoria. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Algunas veces no escribimos sobre lo que sabemos sino sobre lo que nos gustaría saber, así que las dudas no quedan en el aire y las capturamos de manera que puedan retomarse cuando estemos preparados para disiparlas; una buena herramienta para que las ideas emergentes no se pierdan en el olvido, es una libreta donde lo que menos importe sea el orden estricto o la extensión de los textos, ni siquiera debe ser de gran formato, tan sólo debe permitir la escritura cómoda y fluida en cualquier lugar donde estemos y si es de las que tienen un espacio para colocar el bolígrafo de nuestra preferencia, mucho mejor. Si somos de los escritores que no tienen un lugar específico para trabajar, que viajan continuamente o que prefieren los exteriores, una libreta así es ideal.

Podrán decirme que ya hay ordenadores compactos o tabletas manuables, pero la magia de la escritura a mano no puede ser sustituida debido a la conexión que la pluma nos permite con el papel; nada más hay que pensar en el gasto de energía que significa el cargar un aditamento electrónico, mientras que portar un encuadernado de 10 x 15 cm, permite escribir sobre cualquier superficie, de manera relajada, sabiendo que las palabras dibujadas son enteramente de nuestra propiedad; escribir sobre una superficie de papel con un bolígrafo suele ser liberador y si se realiza en una libreta en la que se puede disponer tanto del espacio como del orden, el ejercicio se vuelve más interesante dado que lo plasmado será, de alguna manera, un pensamiento algo más puro.

La efectividad de una libreta no especializada, radica en que tenemos la conciencia de que lo anotado allí va a servirnos en algún momento y no tendremos la necesidad de memorizarlo, con la ventaja de que, al tratarse de cosas que se nos ocurrieron en un instante no específico, podrían servirnos en varias ocasiones para ilustrar algo más amplio o profundo. No requiere ser un receptáculo de la sabiduría ancestral, cualquier pensamiento lógico tiene cabida puesto que más que un ejercicio de memoria o prueba de inteligencia, se trata de mejorar nuestra capacidad de expresión y tener en cuenta con humildad que hay aspectos del saber que no están claros del todo, pero que es factible de aumentarse o definirse mediante una consulta.

Una libreta de tales características puede transformarse en una caja de sorpresas, ya que con lo volátiles que suelen ser algunas notas, los temas que de ahí pudieran surgir tendrían un abanico muy amplio de posibilidades; lo importante es no caer en angustias por no recordar cuál era el propósito de la anotación, pues podría evocarnos otros episodios que bien nos servirían para el nuevo texto. Las posibilidades se amplían un poco más, si las anotaciones van conformando una especie de “circuito de conocimiento”, es decir, de contener esas frases u oraciones que juntas integren la parte del conocimiento universal que más nos llame la atención y si esas anotaciones son de nuestra autoría, la cosa redunda en un manual de procedimientos de redacción. Salud.

Beto

martes, 1 de agosto de 2023

Aprender a ser políticamente correctos

Terminamos ofendiendo queriendo parecer
“buena onda”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Las escalas de valores han venido adaptándose a los tiempos que mal vivimos, puesto que no se pierden, sólo cambian el orden de importancia que les damos, así entonces, la honradez ha perdido algunos escalones y la comercialización toma la punta; la oportunidad de revertir el proceso que tenemos actualmente, se va diluyendo conforme aflojamos las perspectivas. Hay una holgura que ha sido abusada debido a un discurso trasnochado de defensa de derechos que para nada toca las obligaciones, tendencia que sólo ah servido para deteriorar relaciones y los propios lenguajes utilizados en ellas, por ejemplo, atacar la violencia contra la mujer está muy bien, pero que algunos usen ese discurso para calificar cualquier tontería como violencia, es un abuso.

La corrección y las buenas maneras son un constructo que vamos aceptando conforme nos son de utilidad, es decir, cuando vemos que van a ayudarnos a encajar en un grupo al que deseamos pertenecer, antes de eso, todo es una imposición educativa. En este punto estarán imaginándose que transito por el lado oscuro de la conveniencia, pero díganme si no todo lo que hacemos se busca que sea conveniente; con ello apelo a la equidad, que convenga a las partes involucradas y creo que ahí está el secreto del cómo nos hemos dejado arrastrar por una visión parcializada de una expresión cultural. En lo particular me choca que me corrijan sin sentido lo que por costumbre he expresado desde que era niño y a nadie le importaba.

La moda del “ya no se dice así” ha venido a trastocar nuestros lenguajes sin haber una explicación lo suficientemente clara como para satisfacer la curiosidad general, sólo se sabe que algunas expresiones pasaron a ser ofensivas ¿para quién? A alguna señora copetona de sociedad, con marido influyente, se le habrá ocurrido que era buena idea seguir la tendencia de algunos sectores de la comunidad gringa de sentirse mal en pasado, como si nosotros no supiéramos lo que es guardar rencores por siglos. Esa misma señora agarró las mismas causas y decidió aplicarlas, sin realizar un estudio previo para comprobar la pertinencia de hacerlo, en “defensa” de los más desfavorecidos, aunque no sean iguales a los que producen los Estados Unidos en sus histerias colectivas.

Estamos aprendiendo a ser frágiles, pero no a manejar esa fragilidad; nos regodeamos repitiendo nuevas conceptualizaciones, pero no averiguamos sus significados ni menos sus implicaciones; debido a lo anterior, desde esta aguerrida tribuna, reclamos el derecho a seguir llamando “negro” al negro que más estimo, porque decirle “güero” a un blanco a nadie ofende; deseo poder usar la palabra “maricón” porque sé que con ella me refiero a la persona que “tira la piedra y esconde la mano” y nada tiene que ver con su preferencia de expresión de la sexualidad; por último, quiero que antes de censurar y ofendernos por algo, averigüemos si estamos hablando desde nuestra estupidez. Es más ofensivo usar indiscriminadamente el “wey” creyendo que sabemos cuál es su origen. Salud.

Beto

martes, 25 de julio de 2023

Ser justos

El escritor debe pretender ser maestro
de la retórica. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El concepto puede que sea absoluto, pero su uso cotidiano, no; apelamos a la justicia cuando detectamos una carencia exigiendo su solución respecto de lo más relativo que tenemos convirtiéndolo antes en algo ambiguo, que es el tiempo. No hay -en los seres humanos- un tiempo justo para madurar, no lo hay para solucionar problemas sociales, menos podemos tener justo un vaso de agua porque siempre lo “llenamos” hasta antes del borde, no se diga una copa de vino porque ésta quedará siempre a la mitad. Para ser sinceros, tampoco nos medimos a la hora de ser generosos pues toda la vida daremos el “pilón” ya que “¿qué tanto es tantito?” y “pocas veces se tiene de eso” por lo que hay que aprovechar y agradecer que podamos tener la oportunidad de darnos cuenta de todo ello.

La justicia en este país se maneja como el chiste del pato: “¿qué hace con una pata?” ¡Cojea! Así México al enfrentar actos delictivos en general y disimulos en lo particular; dar con cosas robadas se torna imposible, aunque sepamos a dónde van a dar; encontrar asesinos también lo es, debido a que sus familiares y amigos los esconden; los asaltantes gozan de pases automáticos en las cárceles, lo que les permite ser libres a las pocas horas de haber sido detenidos y todos hemos normalizado esas situaciones porque vemos inútiles los esfuerzos por mejorar las cosas, ya que entendemos que los procesos legales están hechos para cansar a los denunciantes y abandonen o, en el peor de los casos, su acusación se revierta en su contra y pasen a ser acusados.

Si ser justo es un término relativo, ¿cuáles son los puntos en común que nos hacen llegar a acuerdos entre todos? Ya medio mencionamos las escalas que identificamos en términos generales, como pesos y medidas (lineales y de volumen) y si en todo lo medible puede haber discrepancias, imaginemos en lo abstracto; las conceptualizaciones, como prácticas definitorias, han venido apoyándose en una interpretación vaga de lo relativo, confundiéndolo generalmente con la ambigüedad. Cuando se trata de temas escolares, hasta dan para el juego y la imaginación, pero si nos ubicamos en algo práctico como el sistema legal, la cosa cambia porque entonces pensamos en los derechos humanos de seres que, al delinquir, renunciaron a ellos.

La literatura (o la manufactura de ella) no puede estar alejada de estas consideraciones, si acaso el grupo social al que pertenecemos tiende a la supuesta “relativización” de su accionar, el escritor debe observar los cambios para apoyar los que benefician el entendimiento de la realidad y obstaculizar los que lo deterioran o pretenden imponer ambigüedades que impidan el desarrollo social. De cierta manera el escritor es un vigilante que retratará o denunciará, según sea el caso, aquello que llame su atención y crea que concentre el interés social, con el fin de establecer parámetros de decisión popular, es decir, propondrá posibilidades y dejará que el publico decida sobre lo que haría con su vida. Se puede ser convincente pero nunca determinante. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...