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| Nadie sabe lo que pasará mañana. Foto: BAER |
La letra en cuestión es de la canción “Beautiful boy (darling boy)” del álbum Double fantasy de 1980; lo llamativo de ella es que en una oración muy sencilla, logró resumir la dinámica en la que a diario nos metemos por tratar de mantener un status y una imagen, olvidándonos de apreciar lo que hay en el entorno, tanto los objetos naturales como las personas. Ya había tenido, en algún momento, una discusión sobre si era mejor planear lo que se haría en el día o esperar a que las cosas se den, contra todo pronóstico que pudieran pensar aquellos que me conocieron en ese tiempo, estuve a favor de la planeación, claro está, abierto a cualquier cambio que pudiera presentarse ya que la rigidez nunca me fue atractiva, ni cuando alguien con su buena voluntad, me rompía los planes.
Planear tiene un estigma que varias rebabas del hippismo se han encargado de boicotear con un concepto ambiguo que dice que hay que vivir el momento, sin considerar que parte de la vida también es hacer planes, incluso los anacoretas deben preguntarse qué se llevarán a la boca y resolver esa cuestión con un buen plan, ni siquiera el estar quieto escapa del esquema de la planificación. La mente suele traicionarnos aunque nos propongamos estar en plena contemplación (más que nada en la cultura occidental), el tiempo transcurrirá ideando sobre lo que podríamos hacer con lo que contemplamos, ya sea porque nos evocó alguna situación, le encontramos parecido con otro objeto o persona o de plano, la naturaleza distraída de nuestra cultura impone sus ritmos.
Los periodos se inventaron para que mantengamos un orden, por ello tenemos intercalados los laborales y escolares con los vacacionales y, según sea nuestro giro, será el orden de ese esquema; los más afortunados compaginarán sus vacaciones con las de sus hijos, al menos una semana o dos si son empleados, si son los dueños del negocio, todo dependerá de las ganancias que cada uno desee obtener. La aspiración de planear se complementa con la prevención, una especie de control anticipado que nos permite imaginar cómo podrían ser los eventos futuros pero que, a pesar de su vulnerabilidad, no requieren de una vigilancia estrecha ni crea una insufrible frustración, por eso, cada plan tiene como colchón aspectos que pueden anticiparse, para que los resultados incompletos no nos resulten muy pesados. Salud.
Beto

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