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| El gusto por la escritura empieza por la lectura. Foto: BAER |
Ser escritor parece una ocupación accesoria, para cuando se tiene tiempo libre si es que se tiene; las letras no parecen ofrecer garantía alguna para que cualquiera viva bien y aquí debo acotar, como en cualquier otra ocupación o profesión. La fantasía del selfmade man ha visto mejores tiempos, actualmente resulta impensable emprender algo sin ayuda, a la vez que irresponsable en cuanto a que, si se intenta, se pierde de vista la condición social a la que estamos atados; lo anterior sin contar con el hecho de que se escribe para ser leído, lo que significa ser publicado con un trabajo de edición e impresión de por medio, es decir, que se requiere de otras personas por fuerza. El trabajo de uno solo se ve restringido por el tiempo que requiere cada etapa y la inversión en dinero de los insumos.
Por supuesto, si la escritura llama, lo mejor será que en un principio esté apoyada por otra actividad remunerada, como sucede con todas las tareas creativas -aunque parece que el diseño no-, lo curioso es que en casi todas las profesiones y empleos, ahora se maneja la idea de que quienes los ejercen deben ser creativos, pero al que se dedica al cien por ciento a la creatividad, primero se le pone en duda, lo cual no es para menos en una sociedad que trata de ubicar primero la seguridad económica antes que arriesgarse con proyectos que no ofrecen las ventajas de ser empleado. Obviamente, la parte del empresario es encontrar las condiciones propicias para hacer que sus proyectos peguen, tomen ritmo y generen ganancias, para lo cual debe hacer relaciones públicas.
A la mayoría de nosotros en este país, no hay para cuándo cambien las condiciones ni mermen las urgencias, por lo cual, desde esta humilde trinchera, los conminamos a que al menos piensen en escribir, como una forma terapéutica de sacar enojos y frustraciones o reafirmar gustos y aficiones que este mundo convulso, así como abre oportunidades de expresión, las cierra; no se trata de que todos nos convirtamos en escritores famosos por fuerza, sería magnífico pero poco probable, sino que seamos como en los toros, aficionados prácticos que en cada particular ejercicio aprendamos a apreciar la producción de los demás, principalmente de aquellos que sí lograran un éxito distinto al de la mayoría. Si bien no todos podemos codearnos con Fuentes o García Márquez, sí conformaremos y apoyaremos la literatura nacional. Salud.
Beto

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