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| No deberíamos necesitarlos, sólo son una carga. Foto: BAER |
Prevaleció el estilo de la 4T, poner parches a lo hecho a medias y al vapor y más que libros de textos, resultaron guías de estudio, lo cual es bueno si aceptaran las cosas como son pues este gobierno de austeridad nos hubiera ahorrado varios pesos si en lugar del formato de libro, se hubieran impreso folletos con bibliografía de consulta, la explicación de lo que llaman campos de conocimiento y cómo debe ser la participación de los padres de familia. Como plan es casi una genialidad, pero creo que los teóricos que participaron en la creación de material, no tomaron en cuenta las condiciones laborales de los proveedores en cada núcleo familiar, tanto laborales como de transporte para llegar y regresar de sus fuentes de empleo y la figura del tutor es casi inexistente.
Posiblemente, cuando se den cuenta de la precariedad de muchas de las familias del país, parafraseen a María Antonieta para que, en lugar de usar sus libros, les digan que consulten todo en la red, pues el menor de los problemas que representan su uso es el hecho de que “fueron elaborados con base en programas sintéticos y analíticos” según la titular de la SEP, Leticia Ramírez Amaya, lo que quizá quiera decir que la información contenida en los libros de texto es casi nula, por lo que fuerza a los maestros y padres de familia a consultar otras fuentes pero, ¿y los que no cuentan con recursos para comprar libros o no poseen una biblioteca o no pueden acceder a una pública? Ni hablar de los que no tienen tiempo para visitar amigos con recursos materiales o electrónicos.
O quizá repliquen el gesto de su jefe, el del 16 de agosto, cuando fingió no escuchar los cuestionamientos de la prensa (quiero pensar) que no funge como su palero y al otro día fingió dar razón de lo sucedido mientras los acusaba de perversos porque él nunca se atrevería a burlarse de la desgracia ajena. La única explicación lógica que encuentro es que la locura senil lo invade porque ni siquiera le daría el beneficio de la compañía del “alemán”, una enfermedad que ya no existe para un mitómano olvidadizo. Las siguientes administraciones pintan igual, por ende, las dependencias a su cargo se harán tontas incumpliendo con sus obligaciones; si no fuera porque llevamos cargando una larga historia de desconfianza entre nosotros, propondría una autogestión total. Salud.
Beto

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