martes, 5 de septiembre de 2023

La búsqueda de símbolos

Para cada uno hay un símbolo y lo interpreta
según sus circunstancias. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los aprendizajes van moldeando la imagen que deseamos que los demás observen de nosotros; lo que sabemos lo adquirimos desde lugares disímbolos aunque amalgamados en eso que llamamos cultura. Un principio de identidad nos conduce a buscar afinidades que pueden ser mediados por objetos significativos de carácter comunal, objetos que hagan factibles las cercanías. A diferencia del ícono (tildada la “i” por su uso en América) los símbolos tomarán el lugar del objeto o la idea que representen sin que tengan que ver con la imagen original, lo que los hace una abstracción que vale por sí misma al alcanzar cierta autonomía de eso que sustituye. El escudo nacional, por sus componentes y la conjugación de los mismos, nada tienen que ver con el contenido total de lo que llamamos México.

Trataré de explicarme, el laurel y el olivo no son plantas endémicas de estos lares, pero en sí mismas guardan un significado heredado de Europa; al nopal, como cactácea, lo encontramos también en distintas latitudes, pero lo adecuamos a nuestros sentires como nación; águilas y serpientes habitan un gran porcentaje del mundo, sin embargo, nos apropiamos de sus significados hasta convertirlos en algo que nos representa exclusivamente a nosotros como país; lo mismo pasa con el traje de charro o las suertes a caballo que ellos hacen. Cada símbolo aparecido en este mundo, es una apropiación de la adecuación de significados a una identidad ideológica, que logra reunir por convicción, a un gran número de personas en cada región de este planeta.

Pero antes de encontrarlos, ¿nos preguntamos qué queremos simbolizar? ¿Para qué queremos esos símbolos? ¿Nos sentiremos adaptados, acogidos o medianamente incluidos si portamos un símbolo? Dado que las personas no son factibles de convertirse en símbolos, pero la imagen que nos creamos de ellas sí, no es raro encontrarnos son efigies de gente conocida estampadas en playeras o accesorios que nos brindan cierto status ante los demás, al menos eso creemos. Por así decirlo, adquirimos algunas características de los símbolos que portamos puesto que, al llevarlos a todos lados, hacemos de la suposición de los demás que los consumimos, como el vestir una prenda que ostente a los personajes de Mafalda, el rostro del Che Guevara o la cara de Sheldon Cooper queriendo parecer con ello intelectuales-activistas pero gracioso.

Una vez encontrado, el símbolo permite una identificación tácita, ya no es necesario gritar a los cuatro vientos lo que pretendemos ser o parecer; una cruz, un azadón con martillo o una estrella de David, nos ahorran el tiempo de dar explicaciones sobre nuestras convicciones aunque algunos sólo sean resultado de alguna moda o gusto estético, el caso es que con ellos, los demás ya se hicieron una idea completa de nuestra imagen, aunque posiblemente esté errada. En esa búsqueda va intrínseca la fabricación misma de un símbolo pues cada uno está supeditado a la interpretación, individual o colectiva, de lo que va a representar efectivamente; si bien una svástica no presenta más que dos variables, la imagen de Maradona podría dispararse en varias direcciones, según la perspectiva que se tenga de su vida. Salud.

Beto

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