martes, 15 de agosto de 2023

Codificación del saber

Hasta las tareas más simples requieren
de explicación. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Como patrimonio individual, saber algo es susceptible de ser cambiado en un corto plazo, porque cuando afirmamos que algo se sabe, la pregunta inmediata es “¿quién lo sabe?”, es decir, podemos personalizar el saber; incluso su expresión, aunque acorde o igual que otros saberes, es totalmente personal; la semana antepasada hacía la distinción con el conocimiento (El salón de Beto, 2 de agosto), la segunda que haré refiere a cómo buscamos alternativas para dar a entender eso que hemos descubierto de nuestro entorno, usando la información que el conocimiento nos proporciona y que tenemos almacenado en libros, revistas, periódicos y ordenadores, así como los lugares propios para guardarlos como bibliotecas o hemerotecas en la ciudad.

Saber tiene una concepción de acumulación, no de inversión (para eso utilizamos otras herramientas) por lo que los archivos mentales que nos fabricamos (la memoria) son pasto del olvido. Generalmente no llevamos un registro de lo que sabemos porque la parte académica está impresa en documentos socialmente aceptados como libros o enciclopedias, la parte utilitaria la tenemos aprendida de manera mecánica y lo cotidiano suele considerársele trivial, así que escribir suele ser también, una actividad accesoria. Pero el saber es importante, aun antes de convertirse en sabiduría, pues la experiencia toma valor en cuanto sirve para otros, como sucede con las recetas de cocina que se pasan entre generaciones por amistad o, incluso, como moneda de cambio.

En esa misma línea de pensamiento, al pasar una receta no podemos asegurar el resultado debido al talento y al seguimiento de las instrucciones que den los demás, pero tendríamos que responsabilizarnos de la manera en que el mensaje fuera elaborado, las palabras a utilizar y el medio en el que éste fuera transmitido, ya que no es lo mismo explicar algo verbalmente en persona que por mensaje de texto en un móvil. Si pensamos en que lo que compartimos es una versión propia de algo que está registrado en el conocimiento universal, la adaptación de los ingredientes que no se encuentren de manera cotidiana en nuestro lugar de origen, los tiempos de cocción por el clima, los utensilios a usar y otras diferencias, marcarán la elaboración de lo que vaya a producirse.

Porque no es lo mismo hacer un pastel de tres leches como lo hacen en Pakistán, que hacerlo con las condiciones prevalecientes en el Bajío; si esos cuidados hay que tener con algo ya establecido, imaginemos el tratar de adaptar una novela, implementar un programa de transporte urbano o descubrir la cura para una enfermedad. Se trata de traducir un conocimiento general a un saber particular, algo que parece dedicado a momentos especiales pero que en realidad realizamos todos los días en cada una de las actividades que llevamos a cabo y en donde debemos buscar y aplicar las palabras adecuadas para que el saber que portamos, les sea claro a los demás. Uno nunca sabe, quién quita y una de las maneras que solemos aplicar para la elaboración de cremas faciales, se registre en las enciclopedias. Salud.

Beto

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