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| Terminamos ofendiendo queriendo parecer “buena onda”. Foto: BAER |
La corrección y las buenas maneras son un constructo que vamos aceptando conforme nos son de utilidad, es decir, cuando vemos que van a ayudarnos a encajar en un grupo al que deseamos pertenecer, antes de eso, todo es una imposición educativa. En este punto estarán imaginándose que transito por el lado oscuro de la conveniencia, pero díganme si no todo lo que hacemos se busca que sea conveniente; con ello apelo a la equidad, que convenga a las partes involucradas y creo que ahí está el secreto del cómo nos hemos dejado arrastrar por una visión parcializada de una expresión cultural. En lo particular me choca que me corrijan sin sentido lo que por costumbre he expresado desde que era niño y a nadie le importaba.
La moda del “ya no se dice así” ha venido a trastocar nuestros lenguajes sin haber una explicación lo suficientemente clara como para satisfacer la curiosidad general, sólo se sabe que algunas expresiones pasaron a ser ofensivas ¿para quién? A alguna señora copetona de sociedad, con marido influyente, se le habrá ocurrido que era buena idea seguir la tendencia de algunos sectores de la comunidad gringa de sentirse mal en pasado, como si nosotros no supiéramos lo que es guardar rencores por siglos. Esa misma señora agarró las mismas causas y decidió aplicarlas, sin realizar un estudio previo para comprobar la pertinencia de hacerlo, en “defensa” de los más desfavorecidos, aunque no sean iguales a los que producen los Estados Unidos en sus histerias colectivas.
Estamos aprendiendo a ser frágiles, pero no a manejar esa fragilidad; nos regodeamos repitiendo nuevas conceptualizaciones, pero no averiguamos sus significados ni menos sus implicaciones; debido a lo anterior, desde esta aguerrida tribuna, reclamos el derecho a seguir llamando “negro” al negro que más estimo, porque decirle “güero” a un blanco a nadie ofende; deseo poder usar la palabra “maricón” porque sé que con ella me refiero a la persona que “tira la piedra y esconde la mano” y nada tiene que ver con su preferencia de expresión de la sexualidad; por último, quiero que antes de censurar y ofendernos por algo, averigüemos si estamos hablando desde nuestra estupidez. Es más ofensivo usar indiscriminadamente el “wey” creyendo que sabemos cuál es su origen. Salud.
Beto

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