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| El escritor debe pretender ser maestro de la retórica. Foto: BAER |
La justicia en este país se maneja como el chiste del pato: “¿qué hace con una pata?” ¡Cojea! Así México al enfrentar actos delictivos en general y disimulos en lo particular; dar con cosas robadas se torna imposible, aunque sepamos a dónde van a dar; encontrar asesinos también lo es, debido a que sus familiares y amigos los esconden; los asaltantes gozan de pases automáticos en las cárceles, lo que les permite ser libres a las pocas horas de haber sido detenidos y todos hemos normalizado esas situaciones porque vemos inútiles los esfuerzos por mejorar las cosas, ya que entendemos que los procesos legales están hechos para cansar a los denunciantes y abandonen o, en el peor de los casos, su acusación se revierta en su contra y pasen a ser acusados.
Si ser justo es un término relativo, ¿cuáles son los puntos en común que nos hacen llegar a acuerdos entre todos? Ya medio mencionamos las escalas que identificamos en términos generales, como pesos y medidas (lineales y de volumen) y si en todo lo medible puede haber discrepancias, imaginemos en lo abstracto; las conceptualizaciones, como prácticas definitorias, han venido apoyándose en una interpretación vaga de lo relativo, confundiéndolo generalmente con la ambigüedad. Cuando se trata de temas escolares, hasta dan para el juego y la imaginación, pero si nos ubicamos en algo práctico como el sistema legal, la cosa cambia porque entonces pensamos en los derechos humanos de seres que, al delinquir, renunciaron a ellos.
La literatura (o la manufactura de ella) no puede estar alejada de estas consideraciones, si acaso el grupo social al que pertenecemos tiende a la supuesta “relativización” de su accionar, el escritor debe observar los cambios para apoyar los que benefician el entendimiento de la realidad y obstaculizar los que lo deterioran o pretenden imponer ambigüedades que impidan el desarrollo social. De cierta manera el escritor es un vigilante que retratará o denunciará, según sea el caso, aquello que llame su atención y crea que concentre el interés social, con el fin de establecer parámetros de decisión popular, es decir, propondrá posibilidades y dejará que el publico decida sobre lo que haría con su vida. Se puede ser convincente pero nunca determinante. Salud.
Beto

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