martes, 4 de julio de 2023

El reto de la mejora

A veces hay que cambiar por completo
para mejorar. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En alguna oportunidad tuve el privilegio de guiar a un grupo de jóvenes universitarios en una materia que la institución dio en llamar “Creatividad”; mi primera reacción fue preguntarme “¿cómo demonios voy a enseñarles a tener creatividad?” Suponía que eso era una facultad con la que se nacía o no, por otro lado, ¿por qué yo? Si hasta ese momento no me había visto como alguien creativo, pero otro sí lo pensó y ¡zaz! Que me dan la clase. Debo decir que al menos pasé dos noches en vela imaginando cómo sería la clase, máxime que se trataba de la carrera de Comunicación; no podía darme el lujo de ser mediocre; por supuesto, tampoco contaba con bibliografía ni una idea clara de dónde conseguirla, así que ése sería mi primer reto creativo, conseguir textos que hablaran al respecto.

Porque imaginativo sí soy, así que me propuse a indagar al respecto pero lo que encontré, debía ser interpretado desde varios puntos de vista, entendiendo de que nada de lo que había leído me sacaría del atolladero en el corto plazo. Para colmo de males, una vez iniciadas las hostilidades, mis “alumnillos de Indias” pensaron que se trataba de una materia de relleno y no se aplicaron como yo suponía debían hacerlo. Por ahí dicen que no se aprende realmente hasta que se enseña y el tener que preparar actividades que para ellos les despertara su imaginación, terminó por hacerme entender que si bien no les enseñaría a ser creativos, sí podía ayudarles a agudizar algunos sentidos para que pudieran crear a partir de elementos propuestos de diferentes calidades y los más diversos orígenes.

Usamos papel, cartón, plástico vasos y platos desechables y piezas de metal que conseguí en un deshuesadero; como dije, las cosas no caminaban a buen ritmo por lo que tuve que cambiar varias veces de estrategia, nada más que no se me ocurriera dejar tareas porque entonces sí, la puerca torcía el rabo. Tuve que hacer acopio de mi total paciencia las ocasiones en las que tuvieron a bien salir con la vieja frase confiable de “¡Ay! Se me olvidó”. Y claro que tenía actividades para contingencias como ésas, pero por muy eficaz que fuera el dalai en mí, también tengo mis límites y apliqué la de Dios es grande; excuso decirles que sí hay cabezas que funcionan bajo presión y la que ejercí sobre ellos dio frutos, ¡hasta pude presumir en la dirección que trabajaron solos!

Con lo anterior no quiero decir que la coerción sea el detonante idóneo para que la creatividad se dispare, que si bien la amenaza de reprobación funcionó en ese momento, bien pudo ser contraproducente y dejarme sin resultados que reportar a la institución; lo que aprendí es que como en todo, el convencimiento es esencial para que nos volvamos productivos utilizando la imaginación, que esa cualidad se haga transformadora del entorno y que ese lugar en donde se aplicará tenga permanencia prolongada para que pueda hablarse de cierta validez universal, cosas que constituyen la creatividad. Ser creativo, entonces, no es nacer con un don, sino un proceso donde nuestros sentidos filtrarán la información que nos rodea para mejorar en todo lo posible donde vivimos y lo que usamos. Salud.

Beto

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