martes, 27 de junio de 2023

Gestión de una idea

Desde una idea, podemos convertir
a cualquiera en doctor. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Hace siglos se pensaba en la inspiración como un don o una concesión de divinidades a las que había que honrar para seguir gozando de sus favores, los románticos del siglo XVIII mantuvieron esa idea, pensando en las musas quizá ya no como seres extraterrestres nada más, sino que alguna mortal podía acceder a esa categoría por alguna gracia que el aspirante a artista descubriera en ella. De mediados del siglo veinte a la fecha, se hacían menciones a ellas más como una pose o indicativo de que las habían estudiado y que el don se entendía más como un talento emanado de la propia condición como poeta, escritor o músico en la que entró además, la concepción del trabajo. Entendemos ahora que la combinación de la capacidad de sentir con la de razonar es la que da los resultados.

Puede sonar muy simplista, pero el proceso no parte del mismo punto en ninguno. ¿Cuánto sentimiento y cuánto razonamiento se requieren para componer una canción o escribir un poema? La prioridad de una u otra determinará por fuerza el resultado, ahora que, pareciera que algunas producciones carecen de los dos, principalmente en la música actual; si confiamos en que todo creador hará caso de lo que sabe y lo que siente, tendríamos que poner atención en si su obre explica ese sentimiento o qué es lo que siente a partir de lo que pensó, eso nos dará pie a un análisis muy cercano al entendimiento de lo que dio origen a su escrito u obra musical desde varias perspectivas o áreas del conocimiento, es decir, ciencias.

La producción literaria se basa en lo cotidiano, en el pensamiento llano, en la simpleza de los detalles a fin de convertirlos en una fuente inagotable de ideas donde las relaciones sociales se retraten de maneras verosímiles, independientemente de si se trata de una obra de ficción o costumbrista, en el fondo, el ser humano es el mismo si se encuentra explorando el espacio exterior o recibe la visita de un personaje entrañable en la vecindad donde vive; puede disfrazarse de profesionista, religioso, loco o lo que le venga en gana y la sofisticación de sus modales y preferencias, sólo será un adorno con el que aderece su trato con los demás. El seguimiento de las reacciones se dará en el marco de la trama que, por lo general, será la responsable de la identificación.

Las ideas no son ocurrencias, son pensamientos procesados para poder contarse, para hacer que los que escuchen o lean, caminen junto con los personajes a los lugares que visitarán, los manjares que prueben pasen por los paladares de todos los involucrados y que las personas con las que compartamos, también sean parte de la historia. Somos capaces de crear un mundo platónico-interdimensional en el que la realidad se confunda con la ficción pero que no produzca dudas sobre el destino de cada lugar o personajes retratados en él; por así decirlo, cada obra literaria es depositaria de los sentimientos, sensaciones y pensamientos producto de una lectura simbiótica que irremediablemente, se plasmen o no, será creadora de nuevas ideas. Salud.

Beto

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