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| El futuro nunca ha sido cierto. Foto: BAER |
Un repostero o un panadero entienden mejor los tiempos de la masa, por hacer un símil con la encefálica, por hacer un símil con la encefálica, las neuronas dicen los que saben, que también deben tener un tiempo de maduración por lo que habrá actividades, lecturas, riesgos y asociaciones que podrán o deberán tomar los infantes y otros que no, ¿qué pasa? ¿Se les atrofia el cerebro? No tengo la respuesta exacta para esa pregunta, pero sí puedo imaginar que el menos de los males es que mal interpreten los contenidos -al no tener las referencias suficientes- y crezcan con una idea equivocada, por lo que en su futuro no sean capaces de entablar relaciones sanas con los demás, lo que deriva en una sociedad enferma, errática, eternamente adolescente que su máximo logro será encontrar culpables para todo.
Lo he afirmado en otras oportunidades (Cultura Mexicana No. 25 ene ‘23), somos un país adolescente llenos de Peters Pan que pretenden encontrar a sus Wendys para que nada cambie, sin tener la obligación de dar ni pedir cuentas de sus actos. Las instituciones estorban porque no confiamos en ellas; al parecer, crecemos con la idea de que estamos rodeados de taimados que sólo existen para aprovecharse de nuestra buena voluntad, ah porque nada más los nuestros y nosotros somos buenos, confiables y casi inmaculados, la “gente” es la mala. Y como todos pensamos igual, los acercamientos se darán por conveniencia en el mayor de los casos, no infiero que no exista la amistad entre nosotros, sino que los orígenes de ella son muy variados y difícilmente surge por sí misma, nunca es pura pues.
Si lo anterior fuera cierto, en tiempo país nos faltarían aproximadamente cincuenta años para alcanzar la mayoría de edad; algunos no lo veremos y los que lleguen, habrán tenido que zafarse de actitudes y comportamientos bastante infantiles de los que entonces serán sus abuelos. El 2073 parece muy lejano, lo mismo que en 1973 nos parecía el 2000; tecnológicamente casi alcanzamos a los Súper Sónicos, pero al igual que ellos, seguimos repitiendo esquemas que nos colocan entre una paleta de caramelo y un cigarrillo. ¿Qué dejaremos tras de nosotros? ¿Seguiremos esperanzados a un más allá? Mientras esto sucede, es el tiempo de reacomodar nuestra existencia para que no nos sorprendamos con cualquier cambio. Salud.
Beto

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