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| Los personajes se comportarán de acuerdo a los valores manejados. Foto: BAER |
Supongamos por un momento que todos nos manejamos con escalas de valores semejantes, para no decir iguales, que dichas escalas preponderan la verdad o la verosimilitud al menos, la coherencia y la libertad de expresión, por señalar algunos, el compromiso adquirido entre escritores y lectores se fundamentará en la confianza de que el primero ofrecerá historias memorables y el segundo, toda su atención; esa especie de contrato se adquiere al momento de pagar el costo y se hace efectivo cuando se abren las páginas; convierte a ambos actores en cómplices de un mismo plan para el uso de la imaginación. La valoración que haga el escritor de su lector será un acto de fe, por su parte, el lector tendrá en sus manos la prueba de su propia valoración.
¿Qué cosas de valor se utilizan o se retratan en un escrito? La intrepidez o el coraje, para crear expectación y admiración por lo hecho por los personajes; la bondad o el estoicismo, para crear vínculos; el compañerismo o la amistad, posiblemente para justificar esas relaciones en el entorno inmediato. Las escalas expuestas podrán tener cualquier orden y un análisis psicológico de la obra nos haría entender muchas cosas sobre el autor, pero la aplicación real de los valores por parte del lector, se hará según sus propias referencias y lo que suela identificar en cada lectura que haga, además del momento que esté viviendo. Quien no esté inmerso en un ambiente amoroso, se le dificultará no reparará en los pasajes de esa índole en una novela de aventuras o ciencia ficción.
Optar por una u otra obra dependerá de la situación en la que se encuentre el lector, obligado o no por circunstancias que dependan de su tiempo, ocupación y gustos arraigados; la pericia del escritor será preponderante al momento de elegir con qué valores se manejarán sus personajes y con cuáles de ellos llamará la atención de su posible público. Los indicadores como status, edad, escolarización, sirven para los estudios estadísticos, sin embargo, no se escribe pensando en ellos, pues es el lector el que decide en qué va a utilizar su tiempo, así que un público puede estar compuesto por adolescentes clasemedieros de secundaria, ancianos proletarios sin escolarización alta o adultos pudientes con maestría que tendrán diferentes opiniones sobre la misma obra aunque de diferentes pasajes. La importancia del valor. Salud.
Beto

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