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| Anotar para no tener que guardar todo en la memoria. Foto: BAER |
Podrán decirme que ya hay ordenadores compactos o tabletas manuables, pero la magia de la escritura a mano no puede ser sustituida debido a la conexión que la pluma nos permite con el papel; nada más hay que pensar en el gasto de energía que significa el cargar un aditamento electrónico, mientras que portar un encuadernado de 10 x 15 cm, permite escribir sobre cualquier superficie, de manera relajada, sabiendo que las palabras dibujadas son enteramente de nuestra propiedad; escribir sobre una superficie de papel con un bolígrafo suele ser liberador y si se realiza en una libreta en la que se puede disponer tanto del espacio como del orden, el ejercicio se vuelve más interesante dado que lo plasmado será, de alguna manera, un pensamiento algo más puro.
La efectividad de una libreta no especializada, radica en que tenemos la conciencia de que lo anotado allí va a servirnos en algún momento y no tendremos la necesidad de memorizarlo, con la ventaja de que, al tratarse de cosas que se nos ocurrieron en un instante no específico, podrían servirnos en varias ocasiones para ilustrar algo más amplio o profundo. No requiere ser un receptáculo de la sabiduría ancestral, cualquier pensamiento lógico tiene cabida puesto que más que un ejercicio de memoria o prueba de inteligencia, se trata de mejorar nuestra capacidad de expresión y tener en cuenta con humildad que hay aspectos del saber que no están claros del todo, pero que es factible de aumentarse o definirse mediante una consulta.
Una libreta de tales características puede transformarse en una caja de sorpresas, ya que con lo volátiles que suelen ser algunas notas, los temas que de ahí pudieran surgir tendrían un abanico muy amplio de posibilidades; lo importante es no caer en angustias por no recordar cuál era el propósito de la anotación, pues podría evocarnos otros episodios que bien nos servirían para el nuevo texto. Las posibilidades se amplían un poco más, si las anotaciones van conformando una especie de “circuito de conocimiento”, es decir, de contener esas frases u oraciones que juntas integren la parte del conocimiento universal que más nos llame la atención y si esas anotaciones son de nuestra autoría, la cosa redunda en un manual de procedimientos de redacción. Salud.
Beto

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