martes, 14 de noviembre de 2023

Observador de cotidianidad

¿Qué ves cuando me ves?. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Nuevamente las costumbres se hacen motivo de este espacio, que si bien no las ha tratado muy a fondo, sí se ha esmerado en tratar de establecer claramente lo que sirve de ellas en la vida diaria; su capacidad de asombro se mantendrá -en lo posible- intacta y sin filtros para que la información obtenida esté lo más pura que se pueda, quizás al contrario de un trabajo de investigación, matizada con los juicios previos para darle sabor al relato. Pero la costumbre se interpone entre el entorno y el escrito por tantos años en este espacio; con los objetos no hay problema, resisten las miradas de cualquiera, pero al observar a las personas, se vuelve a escuchar esa vocecilla interna que viene a recordarnos que es de mala educación fijar la mirada en la gente, muestra de un primitivismo arraigado.

La incomodidad que produce una mirada depende de la persona que la proporciona y la sensibilidad de quien la recibe, además del contexto en el que sucede; no es lo mismo fijar la mirada en una embarazada en el metro de la ciudad de México, que hacerlo a una cantante en un centro nocturno. Una variable en los casos anteriores sería la intención, precisamente por la incertidumbre que provoca la situación en sí, es decir, en el centro nocturno se puede intuir la admiración del comensal hacia la cantante en un alto porcentaje, mientras que en el metro, difícilmente podríamos asegurar qué es lo que el observador está pensando, incluso siendo buenos fisonomistas; no tenemos cotidianamente una manera estandarizada de interpretar los movimientos faciales para saber las intenciones exactas de alguien, ni siquiera la sonrisa.

Por ello la sentencia de “no mires fijamente a la gente” adquiere cierta pertinencia, sin embargo, debemos tener algún tipo de técnica para poder observar el entorno y a las personas sin causar molestias, como debe hacerlo un fotógrafo, un paisajista pintor o arquitecto, un guardia de seguridad y nosotros los escritores; vivimos de la observación y esa advertencia se interpone entre el mundo y la creación. Por otro lado, debemos ser muchos los que requerimos de la cotidianidad para obtener la materia prima, así que nos vendría bien a todos un curso de capacitación para saber distinguir las miradas de curiosidad de las amenazantes con el fin de dejar fluir la inspiración. Se me ocurren tres pistas para lograr al menos, una detección básica con base en el entorno, la situación y los movimientos corporales.

El entorno es sencillo, lo tenemos introyectado por intuición, le damos forma según las reglas de urbanidad con las que nos educaron, sólo falta hacer consciente cómo debemos mirar a la gente en cada lugar donde estemos para saber qué esperar de los demás. Las situaciones dependen del lugar, no solemos observar igual en un supermercado que en una funeraria; si no eres quien va a hacer las compras, ¿qué debes mirar? Si es a las personas, ¿para qué? Quizás estés esperando encontrarte a alguien. Entender la comunicación no verbal es otro boleto, no es tan difícil pero sí laborioso para identificar y distinguir tipos de sonrisas, levantamientos de oreja, movimientos oculares o cuando alguien camina raro por mala postura o malformación, lo que constituiría una buena parte del curso. Salud.

Beto

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